•  |
  •  |
  • END

Profundo orgullo y satisfacción mostraban los rostros de once mujeres nicaragüenses, que sacrificando sus días de descanso y familiares, lograron culminar con éxito un curso de mantenimiento e instalación de programas en computadoras.

Las once pinoleras decidieron dejar el “palo de piso” (lampazo y escoba) para aprender y mejorar sus posibilidades de empleos de mayor calidad.

Venciendo “el temor que representaba sentarse por primera vez frente a una computadora y tocarla”, las trabajadoras domésticas superaron con creces sus expectativas, pues frente a las miradas de los asistentes al acto de graduación, desarmaron y armaron exitosamente una computadora.

El curso de soporte básico de computadoras duró un año y fue coordinado por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y el Instituto Nacional de las Mujeres (Inamu), a través del proyecto Agenda Económica de las Mujeres, Cisco, Alianza de Mujeres Costarricenses y la Asociación de Mujeres Domésticas (Astradomes).

Rosa Acosta, presidente de Astradomes, expuso que era un día de alegría por el triunfo que representaba para las empleadas, “por las dificultades superadas. No sabían ni mover el mouse, pero salieron adelante por la paciencia de los profesores”.

Destacó que otro factor importante de la capacitación es reducir la brecha tecnológica entre hombres y mujeres, y que para 2009 están otras 30 esperando el curso.

Acceso a trabajos más calificados
En tanto, la representante del PNUD, Luiza Carvalho, dijo que esta acción busca mejorar la posibilidad para que las mujeres obtengan trabajos mejor calificados, y que es loable reconocer que tuvieron que sacrificar sus días libres y de estar con sus familias.

Mientras que Jeannette Carrillo, presidenta del Inamu, destacó que el grupo lo forman mujeres nicaragüenses, esforzadas, que llegaron al país buscando trabajo y que ahora están frente a un nuevo reto, con mejores posibilidades de desarrollo.

“Las domésticas no deben ser discriminadas. Tienen los mismos derechos y esa es nuestra lucha. Pocas hacen el sacrificio que ustedes hacen, dejar su país, familias y venir a trabajar”, indicó Carrillo.

Este grupo de mujeres ahora aspira a brindar servicio a domicilio, poner un ciber café, un taller y dar capacitación a otras mujeres.

María Eugenia, una de las graduadas, comentó que desconocía sobre tecnología y que nunca imaginó que serían capaces de abrir una computadora, armarla y dejarla funcionando. Además de instalar programas.

Como anécdota, describió que en su trabajo supuestamente se había dañado una computadora, y el hijo de la patrona le dijo: “Mire, usted está estudiando para eso, arréglela”. Agregó que con temor fue a verla y se dio cuenta de que sólo estaba desenchufada, no estaba dañada, pero ellos no se dieron cuenta y dijeron: “Ve, ya la compuso”.

Muy satisfecha y con sus hermanas --Eunice y Rosa-- Sujeydi Cárdenas Betanco, originaria de la Mina de Limón, expresó que a pesar de las dificultades, logró cumplir.

“Desconocíamos, pero ahora sí podés asegurar que sabemos”. Ella con 17 años de haberse venido y de trabajar como doméstica y niñera, aseguró que seguirá adelante con sueños y metas: poner una empresa familiar y que le encantaría que fuera en Nicaragua.

María Martínez, de Santa Rosa del Peñón y con cuatro años como doméstica, dice: “Encantada de la nueva experiencia. Aprendí algo sin saber que podía aprender. No sabíamos ni dónde se encendía, daba miedo tocarla. Quiero seguir aprendiendo y poner un ciber café en Nicaragua”.

María Cruz, de Somoto, y después de 24 años de haber llegado al país, expresa: “Nos da mejores expectativas de mejorar nuestras vidas. Esto es apenas el inicio. Hay que seguir y adquirir más conocimientos para ayudar a otras que estuvieron con nosotras. Es una gran ayuda, porque cuando regresemos a nuestro país podremos poner en práctica lo aprendido”.