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Comunitarios, guardaparques, miembros del Benemérito Cuerpo de Bomberos de Nindirí y Masaya, y del Ejército de Nicaragua trabajaron desde la mañana de este martes hasta apagar el fuego que amenazaba con destruir la selva seca del volcán Masaya.

Juan Martín Blass, habitante de la comarca Cebadilla, aseguró que desde el último lunes se sumó al esfuerzo de los otros pobladores y miembros de las distintas instituciones, quienes decidieron cubrir la parte de arriba y la parte baja del sitio en riesgo.

“Estamos controlando con agua y tierra como dé lugar”, aseguró el comunitario al mencionar que uno de los obstáculos que enfrentaron fue la escasez de agua en la zona.

Aunque oficialmente no se ha determinado lo que provocó el siniestro, este tipo de afectaciones se les atribuye a personas que cazan garrobos y prenden fuego para que el reptil salga de sus cuevas.

“Hago el llamado para que no anden haciendo eso, porque nos friega a nosotros y nos hace trabajar. Insto a que pongan una ley para que quien encienda fuego lo echen preso, porque perdemos el tiempo de trabajo por tratar de resguardar nuestras casitas. Hay cosechas de piña que están quemadas y nadie va a responder por esas pérdidas”, expresó el lugareño.

No obstante, las averiguaciones de los guardaparques apuntan a que el fuego fue provocado por personas que recolectan miel, pues ellos queman los panales o troncos donde detectan colmenas y, luego de extraer la miel, dejan los troncos ardiendo.

Los daños

El mayor Sergio Arturo Corrales, del Estado Mayor de la Defensa Civil, informó que el incendio inició el domingo pasado en horas de la tarde en tres puntos: kilómetros 21, en la Laguna de Masaya y en la comunidad “Pablo Calero”, donde preliminarmente se conoce que hubo afectaciones a 13 manzanas.

“Hemos tenido afectación en la maleza, en algunos lugares fueron afectados algunos cultivos de piña. Gracias a Dios se logró controlar a tiempo, sin embargo la amenaza de un nuevo incendio está latente”, aseguró Corrales.

El mayor Corrales recomendó a los cazadores y a los recolectores de miel que sean más responsables y tengan claro el daño que pueden provocar, no solamente a la flora y la fauna sino también a la población misma.