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La sesión se da por iniciada. Siete personas están sentadas en un círculo en una habitación de paredes amarillas tapadas con letreros coloridos, una pizarra, decenas de gafetes e insignias. Será una reunión abierta, como se le dice a los encuentros cuando asisten personas no adictas a las sesiones de un grupo de Narcóticos Anónimos.

De pie y de memoria recitan la oración de la serenidad, luego algunos voluntarios van leyendo las “cartillas”, textos que explican cosas como ¿quién es un adicto?, ¿por qué estamos aquí?, ¿cómo funciona?, las tradiciones de Narcóticos Anónimos, entre otros.

Algo que no puede faltar en las reuniones es una cafetera ya que algunos de los participantes se sirven una taza de café y les ofrece al resto.

Cuando finaliza la lectura de reflexiones, se da la palabra a quien quiera hablar. Un joven de 20 años es el primero. “Buenas noches, soy Marvin y soy un adicto en recuperación”, dice.

Marvin aprovecha la oportunidad para comentar su experiencia ese día visitando a jóvenes de Casa Alianza que están en una situación similar a la de él y usando vocabulario coloquial habla por varios minutos de lo que significó esa actividad, hasta que llega el turno del siguiente.

Camino a la recuperación

Marvin comenzó a consumir droga cuando tenía alrededor de 16 años. Vive en un barrio peligroso de Managua y era adicto a la marihuana, gasolina, pega, crack o lo que consiguiera.

“Yo era como cualquier joven que tiene problemas en su casa y llegué a meterme en las calles. Así se fue desencadenando. Caí en la drogas sin darme cuenta”, narra.

“Estaba así una vez, en una esquina sin camisa y pasaron unos policías que me dijeron que los ayudara a pintar unos rotulitos bien bonitos. Ahí me fui y me dieron información de un centro y yo dije: ‘voy a probar’”, agrega.

Estando en el centro fue enviado en varias oportunidades al siquiatra, en la que todas las veces le recetaron medicamentos y todas las veces dejó de tomarlos. “Eso nunca me funcionó”, explica Marvin, quien ya lleva cuatro meses recuperándose.

Ante la alternativa de que lo internaran en un centro de rehabilitación que hay en Matagalpa, decidió asistir a un grupo de Narcóticos Anónimos junto a dos amigos.

“En la primera reunión cuando uno llega y entra lo primero que le dicen es que es la persona más importante de todo ese sitio (…) Me dieron una importancia que yo tenía tiempo de no sentir, incluso en mi familia sentía rechazo”, aclara.

Las agrupaciones

Cuando aparece un recién llegado a las reuniones, entre abrazos y aplausos se le entrega un llavero blanco de Bienvenida. Luego cuando cumple 30 días rehabilitándose, recibe uno anaranjado y así hay llaveros de varios colores hasta los 18 meses. Al cumplir dos años se les entrega uno negro y se suman más de ese color por cada año sin consumir.

Julio ya tiene 9 negros, más todos los de otros colores. Es coordinador del grupo y padrino de Marvin.

Tras años participando en la confraternidad, explica que Narcóticos Anónimos es una organización sin fines de lucro, mundial, multicultural y multilingüe que llegó a Nicaragua en los años 90.

El primer grupo se instauró en Managua el 21 de enero de 1997 y actualmente ya hay 15 grupos en la capital y otros 13 en los departamentos.

“Tenemos una organización en que sus cargos son de servicio, porque los adictos somos muy egocéntricos así que hay que restarle poder, personalidades”, explica Julio.

Las reuniones son gratuitas para los adictos y funcionan con donaciones de los participantes para poder pagar el alquiler de los puntos de encuentro y otros gastos. Por eso también tiene tesoreros, coordinadores y un delegado regional que representa a la organización de Nicaragua a nivel mundial.

Qué hacen

Antes que Marvin terminara de hablar, varios hacen señas para que el coordinador, Julio, los anote con un turno para hablar.

Algunos, además, le piden al coordinador que toque la campana, que se usa cuando alguien está usando demasiado tiempo en su discurso.

Así llega el turno de Carlos, quien narra cómo algunos de sus problemas relacionados a la universidad se han arreglado y le agradece a sus compañeros presentes.

Mientras habla siguen llegando personas a la reunión, hasta que ya son 17 en total, de los cuales 3 son mujeres.

“Solo por hoy”

Desafíos • En una pizarra en la pared se puede ver que algunos de los participantes en este grupo de Narcóticos Anónimos cumplirán 14 años sin consumir este 2015, mientras que otros próximamente llevarán un mes.

Así como el tiempo que llevan limpios es diferente según cada integrante, el grupo es variado en edad y formas de vestir. Algunos llegan con ropa deportiva, otros vistiendo shorts y camisola e incluso, hay quienes llegan con ropa más formal.

Antes de finalizar la sesión, recitan la Oración del Tercer Paso y se van con el compromiso de que solo por hoy confiarán en sus compañeros de Narcóticos Anónimos, solo por hoy serán parte del programa y solo por hoy pensarán en su recuperación. Mañana será otro día en el que volverán a repetir: solo por hoy.

Situación

De acuerdo con Casa Alianza, que ofrece albergue, protección, rehabilitación y defensoría a menores de edad en riesgo, en Nicaragua no existe un diagnóstico nacional actualizado sobre drogodependencia actualizado, porque el último es de 2003.

Ese diagnóstico establecía que las drogas que mayormente consumían los jóvenes de entre 12 y 17 años eran el alcohol (46.6%), el tabaco (43.3%), solventes (2%), marihuana (5.2%), cocaína (2.3%), en tanto que el crack estaba en el sexto puesto (1.2%).

Por su parte, una encuesta divulgada por la Policía Nacional sobre la prevalencia del consumo de drogas, indica que en promedio, la marihuana se consume por primera vez a los 14.9 años, al igual que el crack, mientras que la cocaína es a los 15 años y el éxtasis a los 15.4 años.

131 países tienen organizaciones de Narcóticos Anónimos.

La organización de Narcóticos Anónimos en Nicaragua tiene el número de ayuda telefónica 83747845, funciona las 24 horas, y el sitio web www.na-nicaragua.es.tl