•  |
  •  |
  • END

LEÓN
El cierre del novenario en honor a La Purísima, en León, es la antesala de una extraordinaria celebración callejera llena de fe y religiosidad mariana la noche del siete de diciembre, que todos los años atrae a miles de feligreses y a turistas extranjeros y nicaragüenses, que con mucha nostalgia retornan del exterior para participar y apreciar la expresión tradicional más representativa de los nicaragüenses.

Las demostraciones de fe a “La Conchita”, como llaman a la Inmaculada Concepción de María, se desarrollan con más intensidad en las ciudades coloniales León y Granada, donde el novenario a “La Purísima” comenzó el 28 de noviembre y culmina con “La Gritería”.

A las seis de la tarde, el Obispo de la Diócesis de León, monseñor César Bosco Vivas Robelo, preside la Eucaristía en la Catedral, y al concluir se dirige a la puerta principal del templo y proclama el grito de: “¿Quién causa tanta alegría?”, acompañado de miles de feligreses, que responden: “¡La Concepción de María!”...

El Instituto Nicaragüense de Turismo se suma a la celebración mariana, destinando recursos para pólvora, toros encohetados y bailes de gigantonas. El atrio de la Catedral se convierte en escenario de un espectáculo artístico y cultural.

La participación de miles de fieles y de infinidad de turistas nacionales y extranjeros consolida con mayor arraigo la devoción a la Virgen María. Es característico apreciar en los barrios y repartos hermosos altares, cantos marianos, quema de pólvora, e infinidad de obsequios que se distribuyen en cada casa.

Tradición nació en barrio San Felipe
Según la historia, “La Gritería” nació en el barrio San Felipe en León, y poco a poco, la tradición se extendió dentro y fuera del territorio nacional. Nuestros compatriotas en el extranjero también se han encargado de expandir esta fiesta mariana.

Rafaela Morales Silva, de 63 años, habitante del populoso barrio de Sutiaba, aseguró que sus padres, Emilio Morales y Ninfa Silva, le inculcaron el amor y la devoción a la Virgen María.

“Mis padres eran pobres, pero siempre celebraron La Purísima. Ellos me heredaron una imagen de yeso que tiene más de 35 años; cuando tengo dinero la llevo donde un escultor para retocarla, me gusta que permanezca en perfecto estado porque ella se lo merece, es nuestra madre protectora”, dijo doña Rafaela.

En la celebración de La Gritería Chiquita, el 14 de agosto, doña Rafaela y su nieto de 18 años, David de Jesús Aragón, participaron en el tradicional concurso de altares marianos que impulsan distintas instituciones de la localidad. El esfuerzo creativo que invirtió esta humilde familia sutiabeña los hizo merecedores de un segundo lugar.

Todos los años se inscriben en el concurso alrededor de 40 altares, en donde se promueven la música, cantos de La Purísima, altares con la imagen de la Concepción de María en estatuilla, y “gorra”, conforme la tradición (dulces, bebidas y artículos artesanales).

Impulsada por franciscanos en
siglo XVIII
La celebración de La Purísima se remonta al siglo XVIII, y fue impulsada por miembros de la orden franciscana en León. El interés de estos religiosos era que el pueblo proclamara abierta y entusiastamente, que la Virgen María había sido concebida sin pecado original. Purísima desde el primer instante de su existencia al ser concebida en el seno de su madre Santa Ana, exenta de toda mancha de pecado original.

Jacinto Salinas, miembro del comité organizador del concurso de altares marianos, señaló que la noche del siete de diciembre el jurado calificador realizará un recorrido por todos los altares inscritos en el concurso, y los resultados serán dados a conocer al día siguiente.

Los premios oscilan entre tres y cinco mil córdobas, se escogerán los tres primeros lugares que reúnan los requisitos de la convocatoria, que se enmarca en la celebración de los 154 años de la proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción de la bienaventurada Virgen María, proclamada durante el papado de Pío Nomo en 1854, y retomada en 1857, con la celebración de La Gritería por monseñor Gordiano Carranza, en el templo San Felipe. El dogma de fe que significa verdad.

Doña Leticia Alvarado, de 82 años, vive en la comunidad de Lechecuagos, a cinco kilómetros de León, y con mucha dificultad viaja hacia el mercado La Terminal a realizar sus compras para la celebración de La Gritería.

“Voy a celebrar La Purísima con el mismo entusiasmo de siempre. Todos los años ahorro mis realitos para comprar algunos obsequios, además, me gusta rezar el novenario y compartir con las demás personas la dicha de conocer la misericordia de nuestra Madre Santísima”, expresó doña Leticia, mientras compraba gofios, cajetas y bollos de coco que distribuirá a las personas que lleguen a gritar al altar.

Seguridad garantizada
Para garantizar el orden y la seguridad, la Policía destinó alrededor de 500 efectivos, que tendrán presencia en el casco urbano y en los empalmes de carretera León-Managua, León-Chinandega y hacia el tramo que comunica con el balneario de Poneloya, el más visitado en período de vacaciones.

El comisionado Douglas Zeledón Largaespada, jefe de la Policía en León, señaló que el siete de diciembre los 400 efectivos de la institución departamental, trabajarán de lleno en la cobertura de la localidad, y que serán reforzados con cien uniformados procedentes de Managua.

Por su parte, la Dirección General de Bomberos también anunció un plan de cobertura y vigilancia para hacerle frente a cualquier emergencia que se presente durante las fiestas.

El ocho de diciembre muchas familias deciden visitar los balnearios del Occidente del país, para disfrutar un día de descanso y esparcimiento. Sin embargo, en horas de la mañana, en la plaza central de León se desarrolla el tradicional concurso de gigantonas. Más de veinte muñecas gigantes con vestimentas llamativas y largas cabelleras, bailan los sones de tambores y deleitan al público asistente, acompañadas con grupos de coplas. El jurado calificador escoge las tres mejores representaciones.

Por estas y muchas razones, León es considerado destino turístico por excelencia. Las autoridades policiales prohíben la venta y consumo de licor, el desarrollo de fiestas populares o de cualquier otra celebración que altere o desvirtúe la celebración del siete de diciembre.