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Cuatro meses después del megaincendio ocurrido en el Mercado Oriental, las nuevas construcciones de imponentes edificios se están encargando de borrar los rastros del devastador siniestro.

Atrás quedaron las viejas láminas de zinc, las tablas y los plásticos negros, para dar paso a nuevos materiales de mejor calidad.

“Estos tramos no tienen nada que envidiar a las tiendas de Metrocentro y del Centro Comercial (Managua), son limpios, iluminados y modernos. Son los mejores tramos de todo el Oriental”, aseguró Luis Padilla, vendedor ambulante. Y en realidad, cuando uno camina por esos andenes, nota la diferencia del resto del mercado.

Toda una cuadra de tiendas pintadas con colores pasteles y tejas rojas, te transportan a cualquier otro lado. De repente el bullicio y la mezcla de olores te hacen aterrizar y darte cuenta de que sólo estás pasando por las nuevas edificaciones, que ahora se asemejan a pasajes coloniales con casas de dos pisos y pequeños ventanales.

Sin embargo, para que esta reconstrucción se llevara a cabo, los comerciantes afectados debieron aceptar un conjunto de medidas urbanísticas que tienen como único objetivo preservar la seguridad, no sólo de vendedores sino de todas las personas que asisten a este populoso centro de compras.

“Les exigimos a los propietarios que los tramos debían tener seis metros máximo de alto, y si eran de dos plantas tenían que cumplir con los requerimientos antisísmicos; además establecimos que el ancho de los andenes fuera de dos metros como mínimo para facilitar el acceso, ya que el desorden de antes fue en parte causante de que el incendio alcanzara esas magnitudes,” explicó Alonso García, Gerente General de Commema.

Aunque García expresa que este reordenamiento era necesario, algunos comerciantes se quejan de lo estrechos que quedaron sus negocios. “Es cierto que el tramo me quedó más bonito, hasta elegante se ve, pero también está reducido, más pequeño que antes”, señaló Martha Cuarezma, propietaria de un local. Mientras tanto, otros vendedores le restan importancia al recorte de espacio y dan gracias a Dios por la oportunidad de continuar con sus negocios.

No se acostumbran a estrechez
Los compradores también expresan su asombro por lo rápido que avanzan las construcciones. “Pareciera que fue hace años que se quemó todo esto, ni señas de lo que pasó. Además, ahora sí da ganas venir a comprar aquí, porque como antes era todo encerrado, uno salía todo sofocado,” dijo Bertha Tinoco, mientras realizaba sus compras.

Por su parte, García dice estar satisfecho con el trabajo realizado hasta el momento, ya que está construido y activado el 95% del comercio, a pesar de que los tres millones y medio de dólares proporcionados por el gobierno para financiar a los comerciantes, sólo cubrieron a 700 de un total de 1,302 afectados.

Aún está pendiente la instalación de hidrantes y del sistema eléctrico en la totalidad de los tramos, porque se está discutiendo con Unión Fenosa qué mecanismos utilizar para llevar la energía sin poner en riesgo a los negocios, ya que puede resultar peligroso que el cableado pase muy cerca de los techos.

En fin, son pocos los detalles que faltan para que la zona que de un día para otro se convirtiera en escombros y cenizas, ahora se levante como la de mayor esplendor en todo el Oriental.