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CHINANDEGA

Tras el sepelio ayer de los hermanos Dulce María y José Miguel Rivera Martínez, de 27 y 24 años, originarios de la colonia “Roberto González”, de esta ciudad, asesinados y calcinados la madrugada del nueve de noviembre junto a otros 13 nicaragüenses y un holandés por miembros del crimen organizado en Zacapa, Guatemala, sus padres, Miguel Ángel Rivera Salazar y Azucena Martínez Alonso, claman justicia.

“Ante la justicia divina van a pagar, esto no puede quedar impune”, dijo entristecida la progenitora, antes de llevar a su última morada a sus hijos, en medio de la consternación de familiares y amigos.

Dos cajas de 27 pulgadas de largo por 15 de ancho, que contenían los restos óseos, fueron depositadas en la bóveda de la familia Rivera-Martínez, en el cementerio de Chinandega. En el cementerio de Chichigalpa fue sepultado Ecsman Alberto Vega Aguilar, y en León, Brenda Lorena Hernández Blandón y Manuel Antonio Ortega.

Patricia Ortega, originaria del barrio El Coyolar, de la Ciudad Metropolitana, lamentó la muerte de su hermano, Carlos Ortega, y se sumó al clamor de justicia porque “lo que hicieron los asesinos no tiene nombre”.

Los 15 nicaragüenses salieron a las cuatro de la tarde del viernes siete de noviembre a buscar empleo, comprar mercadería y visitar a familiares, en un autobús que fue desviado por los criminales en un sitio disputado por dos bandas de narcotraficantes.


Exigen indemnización
Miguel Ángel Rivera, quien consolaba a sus nietos Kenet Antonio, Dereck Daniel, María de Jesús y Virginia Guadalupe Rivera, todos menores de edad e hijos de Dulce María, dijo que se reunirá con familiares de las otras víctimas y contratarán abogados para exigir al gobierno de Guatemala que capture y juzgue a los culpables del abominable crimen.

Además, sentarán precedente para que los dueños de excursiones asuman el seguro de vida de los pasajeros, y demandarán al gobierno chapín para que indemnice a las familias dolientes, porque a su juicio, es deber de la Policía de cada Estado patrullar carreteras y calles.

Rivera solicitó al gobierno de Nicaragua que acompañe este esfuerzo. Recordó el gran cariño que le profesaba su hija mayor, de su hijo, la ilusión que les acompañará hasta el final de sus días en la humilde casa que compartían cerca de la cancha “Silvio Vega”, en la colonia “Roberto González”.

Entre sollozos dijo que su hijo estuvo en Chinandega durante un mes, y partió hacia Guatemala ante la solicitud de su cónyuge, Anielka Masiel Hernández, quien espera un hijo de él. Su hija partió después en busca de mejor vida.

Otros restos
llegarán en enero
Eder Boche, delegado de la funeraria Nazareth, de Guatemala, entregó las pequeñas cajas con las identificaciones del ADN que se les realizó a los familiares; otras diez pruebas están en proceso de reconocimiento, y los familiares esperan sean entregadas en los primeros días de enero, para sepultar a sus deudos, originarios de Chichigalpa y Managua.

El fiscal Manuel Rugama, de Chinandega, quien junto a su colega, el capitalino Luden Montenegro, viajó a Guatemala a conocer las investigaciones del crimen, afirmó que la Policía de ese país trabaja alrededor de dos hipótesis de las siete iniciales: o víctimas de la narcoactividad o de ladrones comunes.

Yuri Orozco, Directora General consular, expresó que el gobierno de Nicaragua apoyó el traslado de las víctimas, además, atenderá al resto que espera sean reconocidas con la prueba de ADN. Los restos del holandés fueron entregados a los representantes de ese país en Guatemala.

En el autobús viajaba la hermana del propietario y tres personas originarias de Chichigalpa, entre ellas el encargado de conseguir pasajeros para la excursión.