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Hacer cine es difícil desde diversos puntos de vista, principalmente cuando se aleja de lo comercial para retratar de manera artística la realidad de una Centroamérica minada por la migración, la disgregación del núcleo familiar, y el abuso sexual infantil, tal como lo muestra el filme “El Camino”.

La directora cinematográfica Ishtar Yasin Gutiérrez, también es escritora y teatrista costarricense-chilena. Nació en Moscú y desciende de padre iraquí y de madre chilena. Radicada en Costa Rica y de visita en Nicaragua por el estreno de su película “El camino”, nos dice que toda esta combinación en su vida le cultivó la manera de explotar el carácter artístico para denunciar y sensibilizar al público ante un problema que marca hondamente a los centroamericanos, y en especial a la niñez que es una víctima directa de toda la situación.

“He vivido la migración con mi familia y me identifico con quienes se ven obligados a dejar su país, y en este caso los nicaragüenses que buscan trabajo en Costa Rica, una ola migratoria que observé se incrementó en la década de los noventa. Entonces empecé a conversar con ellos --los migrantes nicas-- y me di cuenta de que muchos arriesgan su vida y vienen por caminos difíciles de atravesar. Así fue que en el año 2000 inició la investigación para la creación del proyecto y el guión, haciendo mi primer viaje a Nicaragua”.


El punto de partida
Yasir nos comenta que desde Nicaragua la travesía la realizó con los migrantes a través del lago Cocibolca hasta San Carlos, de ahí con los “coyotes” remontando el río San Juan hasta Papaturro, y empezaron a caminar pasando por un punto “ciego” de la frontera, cuando escucharon disparos. Advirtiendo la persecución de la Policía costarricense intentaron escapar, pero fueron atrapados y detenidos momentáneamente en la comisaría México, de Upala, en Costa Rica.

Así inició la escritura del guión de la película, con un fragmento de lo que muchos sufren en estos viajes. Lo que nos explica es tan sólo un aspecto, ya que sólo el hecho del viaje involucra la separación familiar.

En otro de sus 15 viajes a Nicaragua, Yasir visitó Posoltega, donde encontró en quién se basaría su personaje principal: una niña que tenía 8 años de no ver a su mamá, quien migró, y no tenía noticias de ella.

“Eso me conmovió muchísimo. Al igual que encontrarme con albergues en Costa Rica donde conocí a niños nicaragüenses que solitarios habían atravesado la frontera. Entre ellos uno que lo hizo acompañado por un perro. Ahí la directora del albergue, llamado ‘Nuestros pequeños hermanos’, me dijo que recientemente habían recogido a nueve niños en estas condiciones. Fue muy emocionante ver la valentía de estos niños y niñas que viajan en busca de sus padres. Entonces hubo diversos momentos que me motivaron a seguir con la investigación y la película”, expresa la cineasta, que con anterioridad había trabajado en dos documentales, y esa experiencia dio riqueza realista a la producción.

“Hay mucho de mí en la película, y así como se trabaja concientemente también se trabaja con el inconsciente. Quiero dejar claro que esta es una obra de ficción, pero hay momentos donde la ficción se vuelve realidad al escuchar a las personas hablar de sus vivencias”, dijo Yasir, tomando en cuenta que muchos de los actores habían tenido experiencias migratorias, y lo que narran en pantalla son sus verdaderas historias estando en el lugar donde las vivieron.


Nicaragua: trágico ejemplo de migración en CA
“El Camino” es un retrato de la migración. Según la directora, el haber usado el drama nicaragüense es un icono, un ejemplo palpable de la situación de los países más pobres de Centro América.

La cinta se centra en Saslaya (Sherlin Paola Velásquez), una niña nicaragüense víctima de los maltratos y los abusos sexuales de su propio abuelo. El insoportable calvario no puede ser más, y Saslaya, y su hermano menor Darío (Marcos Ulises Jiménez), deciden buscar a su madre, de quien no saben nada desde hace 8 años, cuando se planteó buscar trabajo en Costa Rica.

La odisea de los hermanitos en pos de una esperanza de vida al otro lado de la frontera con la única persona que puede ayudarlos, los lleva a lugares impensables, y encuentran tanto a gente buena como a quienes tratan de aprovecharse de su vulnerabilidad e inocencia. Entre personas que les ayudan a superar las vicisitudes y quienes buscan hundirlos en la prostitución infantil.

“La gran paradoja humana se resume en que el más fuerte, en lugar de ayudar al más débil, se aprovecha de él o de ella. Por eso quiero reflejar el abuso en distintas dimensiones, lo que es la desintegración y fragmentación familiar. También, lamentablemente, en Costa Rica hay muchísimo turismo sexual, según la Organización Internacional del Trabajo, que me informó sobre esa realidad de explotación y turismo sexual con menores de edad. De estas niñas y niños, el 14 por ciento provienen de Nicaragua”.

Indicó que, según los datos obtenidos, de estos niños explotados sexualmente el 90 por ciento ya habían sido abusados con anterioridad por personas de “confianza”, y esto se convierte en una marca, en un círculo que se repite una y otra vez.


En nosotros está el final feliz
“En la película hay una denuncia sobre esta realidad y sobre el abuso contra los migrantes en general. El hecho de no presentar el típico ‘happy end’ genera mucha reflexión en los espectadores”.

“Por eso no doy todas las respuestas y permito al público tener su propia interpretación. No doy un final establecido, está en nosotros hacer el final que queramos dar en la realidad”, señala Yasir, quien en su producción introduce diversos elementos simbólicos que reflejan sentimientos, tal como el campamento en la frontera y el caballo blanco que se acerca a los viajeros en medio de la noche.

“Esa es mi propuesta e implica mucho más a la reflexión y es lo más realista en toda la película. Para mí, el simple proceso de búsqueda se convierte en el momento más feliz de la vida de la niña”, indica la directora y escritora del guión.


No cierres tus ojos al problema, insta Morena Guadalupe “Luz”

Morena Guadalupe Espinoza quien actúa en el papel de Luz, la joven vestida de azul atrapada en la explotación sexual, nos dice que todos tenemos parte de la responsabilidad no sólo por la migración y la disgregación de la familia, también por la violencia sexual, pues dejamos que el mercado sexual y la demanda existan.

“Para mí, Luz y las mariposas que aparecen en la película simbolizan la búsqueda de la libertad atrapada, pero también de la fragilidad, la belleza y la inocencia que fácilmente puede ser destruida. Mi personaje vive la fantasía de volar, lo que es parte de su esperanza porque aún no le han robado el alma como a otras. Es un mecanismo de las personas que viven situaciones de abuso sexual para bloquear. Por eso Luz tiene de repente situaciones locas”.

La actriz comenta que durante el estreno de la película en Nicaragua, alguien le comentó sobre el libre albedrío de Saslaya y cómo termina internándose en un lupanar, considerando que lo hace de manera voluntaria. Sobre esto, Espinoza señala es ahí donde está el problema, con la existencia de personas que no valoran la inocencia y la vulnerabilidad de los niños. Que viven sólo su realidad y cierran los ojos a lo que les rodea, siendo apáticos a lo que sucede. Propiamente es esto lo que la película trata de combatir y lo que expresa.


Una producción centroamericana
Por su parte, la cineasta Martha Clarisa Hernández, quien dirigió el equipo de producción en de la película en Nicaragua, señala que la filmación se realizó desde el barrio Acahualinca, en Managua, hasta Granada, San Carlos y la selva en Río San Juan, en busca de las mejores condiciones para que las ideas de la directora se pudieran convertir en imágenes.

Hernández, directora de documentales como “Desde el Barro al Sur”, y co realizadora de la cinta de ficción “Blanco Organdí”, también es una persona comprometida con la protección de los derechos humanos de los migrantes.

“Si bien la cinta es una realización costarricense por la procedencia de la productora y por la realización técnica, la mayor parte de la filmación y la historia son nicaragüenses, pero nosotras la denominamos como una película centroamericana en cuanto a su drama”, expresó la productora.

Aunque por su historia “El Camino” está dedicada a Nicaragua, Hernández considera que la participación de diversas nacionalidades en su realización fue uno de los mayores aciertos del filme, pues logró conformar a todo un equipo de cineastas centroamericanos comprometidos, algunos con la temática y otros apasionados por hacer cine.

Esta cinta será presentada en escuelas por el Ministerio de Educación costarricense, y Hernández indicó que después de que “El Camino” se exhiba comercialmente en los cines de Managua, ella está ideando un proyecto para conseguir fondos para impulsar un plan de cine móvil con el tema de la migración, y poder llevar el filme a todos los rincones de Nicaragua, llevando la experiencia a todos los niveles en nuestro país.


“EL CAMINO”

PREMIOS A NIVEL MUNDIAL
1. Premio especial del jurado. Festival de Cine de Friburgo, en Suiza.

2. Premio ecuménico. Festival de Cine de Friburgo, Suiza.

3. Premio de la crítica. Festival de Cine de Guadalajara, México (Fipresci).

4. Mención especial del jurado. Festival de Cine de Guadalajara, México.

5. Galardón Rail D'Oc. Festival Encuentros de Cines de América Latina, Francia.


PARTICIPACIÓN EN FESTIVALES
1. Selección del Festival de Cannes, Francia.

2. Selección Oficial del Festival Internacional de Berlín 2008.