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Su historia conmovió a los lectores de EL NUEVO DIARIO, incluso al mismo ministro de Educación, Miguel De Castilla, quien la nombró niña símbolo de esta institución. Yesenia Poveda Rojas, con su pana de tortillas sobre la cabeza, pedía ir a la escuela. Su sueño se cumplió, ahora ya sabe leer y escribir, sin embargo no todo tuvo un final feliz.

En enero de este año la pequeña era un número más, del medió millón de chavalos que no asistieron a la escuela. Su madre, Ligia Rojas, relató que no matriculaba a la niña porque no tenía partida de nacimiento, tampoco dinero para comprarle el uniforme, mochila, cuadernos y zapatos.

EL NUEVO DIARIO visitó a Yesenia, quien mostró sus calificaciones. “En Español tengo 89, en Matemática 84, en Educación Práctica 96 y en Conducta 93”, nos dijo mientras leía su boletín con una sonrisa en el rostro, llena de orgullo. “Ahora voy a tercero y cuarto, porque voy a cumplir once años”, expresó.

“Ella quería ir a la escuela y yo le decía que no teníamos dinero, además, me ayudaba a vender. Ahora sé que fue un error, por eso le digo que siga adelante”, dijo doña Ligia.

Le darían ayuda
El titular de Educación, Miguel De Castilla se comprometió a inicios del año escolar, que ella y su hermano estudiarían en el Centro Escolar “Rubén Darío”, y que su mamá tendría que asistir a los puntos de alfabetización de adultos. Además, prometió darles una ayuda económica para que la pequeña dejara de vender tortillas y se dedicara sólo a estudiar.

De Castilla expresó que Yesenia sería la niña símbolo, que representaría a los pequeños que sueñan con ir a la escuela, pero que debido a la pobreza no pueden acceder al sistema escolar. Que vigilarían a la niña para que no desertara a medio año lectivo, pues era un compromiso de esa administración.

En mayo, Yesenia fue internada en el Hospital “Fernando Vélez Paiz”, ya que se le diagnosticó dengue hemorrágico y la ayuda del Mined cesó.

“Mi hija faltó quince días a la escuela y le informaron al ministro que la niña había dejado la escuela. Él nos cortó la ayuda económica que nos daba, tampoco ayudó a mi hija con los cuadernos y con otras cosas que pedían en la escuela. Fui hasta su oficina para explicarle, pero no me permitieron hablar con él”, comentó doña Ligia.

La pequeña fue auxiliada por su padrino, quien al ver las notas la apoyó para que terminara el año escolar. “Yo le digo que siga, ella es la única de mis hijos que pudo asistir a la escuela. Dice que quiere ser licenciada y ayudarme para que no salga a vender”, expresó su madre.

Pide por sus hermanos
Por las tardes, cuando llega de vender tortillas en Bello Horizonte, saca su libro de primer grado, se sienta en una sillita de plástico y le lee a su hermano Wilber de siete años. “Yo quiero que vaya a la escuela, también mis dos hermanos mayores de once y doce años. Quiero que aprendan las letras, así como me enseñó mi profesor Domingo González”, dijo la pequeña.

También afirmó que no abandonará la escuela, ya que le gusta estudiar y aprender sobre muchas cosas. “Me gustó la escuela y mi padrino me dijo que me iba a seguir ayudando. “Yo quiero ser secretaria”, afirmó, cuando concluyó la entrevista.