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Francesc Relea

Los carceleros encontraron el cadáver en una celda del Reclusorio Oriente, una prisión de la Ciudad de México. Aparentemente, José Luis Calva Zepeda, de 38 años, se suicidó con un cinturón, aunque fuentes penitenciarias no descartan que pudiera haber sido asesinado por otros internos.

Así concluyó el martes la sórdida historia del llamado Caníbal de la Guerrero, detenido el pasado 8 de octubre en el barrio del mismo nombre de la capital mexicana.

Sobre este autor frustrado de historias de terror se ha escrito mucho los últimos dos meses, después del macabro hallazgo en su apartamento el día de la detención. Los agentes encontraron cocinándose en una olla trozos de carne humana, y además, otros en la nevera y en la despensa.

La investigación de la Fiscalía del Distrito Federal confirmó que pertenecían a Alejandra Galeana Garavito, novia de Calva Zepeda, que estaba desaparecida hacía tres días, y cuyo cadáver acabó descuartizado. Según los análisis, algunos de los trozos de carne eran fibras musculares del antebrazo de la víctima, que habían sido fritas en aceite.


Dijo que era “amarillismo”

El supuesto caníbal negó haber comido carne humana, y acusó a la prensa de tejer una historia amarillista. Su abogado, Humberto Guerrero, expresó su desconcierto al recordar que el domingo pasado visitó a su cliente, a quien vio tranquilo y con muchos planes. Explicó que le entregó un capítulo del libro que estaba escribiendo, y que llevaría por título El caníbal, poeta seductor.

Una presunta novia de Calva Zepeda, según se presentó a sí misma ante la prensa, declaró que éste había sido agredido y amenazado por otros reclusos en los últimos días.


Reclusión sin vigilancia
Por ser considerado un reo peligroso, el Caníbal de la Guerrero tenía que estar vigilado las 24 horas del día, lo que sólo se llevó a cabo los primeros días. Juan José García Ochoa, Subsecretario de Gobierno del Distrito Federal, reconoció que el custodio de vista que tenía que estar cerca de Calva Zepeda se descuidó o no estaba donde debía.

Los cinturones, accesorio con el que se ahorcó, están prohibidos por el reglamento de reclusorios. Peritos de la Fiscalía diagnosticaron que el preso padecía fuertes depresiones a causa de la complicada relación que mantenía con su madre, cuya figura marcó la infancia de Calva Zepeda.