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A las 7:30 de la noche del 18 de agosto de 2013, un inspector ambiental de la Alcaldía de Managua se presentó en la vivienda de Luisa Emilia Monge —una costurera que vende nacatamales cada sábado—, ubicada en el barrio Camilo Ortega. El inspector cargaba un sonómetro marca Testo y llegaba allí a solicitud de la señora, quien se quejó porque desde hacía tiempo no podía conciliar el sueño. El ruido provocado por los cultos que se realizaban en la iglesia evangélica vecina no la dejaban dormir.

El inspector entró al dormitorio de la vivienda, edificada con bloques y madera, de tipo minifalda, como se le conoce comúnmente, y según las mediciones de ruido, allí se emitían 67.7 decibeles. Según la Organización Mundial de la Salud, OMS, lo correcto debería ser 30.

“Era insoportable, de día, de noche, no nos dejaban dormir. Venían a practicar con los instrumentos en la mañana, entonces un día no aguanté más y me fui a quejar”, recuerda Luisa Emilia Monge, un año después de haber hecho una mediación con el pastor de la iglesia en el Juzgado Tercero Local Penal de Managua, que obligó a este último a tomar medidas.

De acuerdo a sitios especializados, cuando la intensidad del sonido es de 65 decibeles se parece al de una aspiradora. Es decir, Luisa Emilia Monge dormía con una aspiradora encendida a la par suya.

“La ley no es pareja”
Carlos Rafael Fonseca fundó la iglesia Príncipe de Paz 16 años atrás y dice que solo Luisa Emilia Monge, que practica el catolicismo, se ha quejado por el ruido que provocan los cultos.

“Hemos ido a juicio muchas veces”, recuerda Fonseca. Dice que la primera vez que la vecina los denunció por perturbación por ruido instalaron puertas de vidrio. “Nosotros cumplimos, (después) el juez nos mandó a poner cielo raso y lo pusimos. Estamos cumpliendo el mandato de la ley porque respetamos las leyes terrenales”, agregó.

En su informe, el inspector ambiental anotó que cuando se realizó la inspección ocurría un culto.
“El acusado no ha realizado mejoras en la infraestructura para evitar que el nivel de ruido se expanda hacia las viviendas aledañas, ya que el material utilizado no aísla el sonido. Únicamente cuenta con una puerta de vidrio, la que se encuentra abierta al momento de realizar cultos”, indica el inspector ambiental.

Los cultos se realizan los martes y jueves, de 6:30 a 8:30 de la noche, y los domingos de 10:00 a.m. a 12:00 del mediodía.
“Esto tiene una raíz, lastimosamente la vecina, que le damos gracias a Dios que el Señor la haya usado, porque así hemos embellecido la iglesia. Ha sido utilizada por algunos políticos porque hace años, cuando Arnoldo Alemán estaba en la Presidencia, le presté la iglesia”, alegó Fonseca.

El pastor aduce también que la ley no se aplica con equidad. “Cuando la Iglesia hace un ruidito” vienen rápido, pero “cuando otros hacen alboroto” no. “La ley dice que ni una cantina puede estar cerca de una iglesia o escuela y yo los tengo de corbata. A 30 metros tengo una cantina que se llama ‘La última lágrima’”.

La mediación
El 18 de febrero de 2014, tanto la vecina como el pastor se sentaron ante un juez e iniciaron un proceso de mediación. El pastor se comprometió entonces a realizar varios cambios en la infraestructura del templo para evitar continuar con la contaminación acústica.

Las mejoras en la iglesia ya están concluyendo. El cielo raso está puesto y las puertas de vidrios están cerradas. “Amén, Dios usó a esta vecina para embellecer nuestro templo”, insiste el pastor, quien menciona que con ayuda de los feligreses y de un arquitecto que vino de Honduras han podido hacer los cambios.

“Teníamos varios instrumentos, decidimos quitar unos y dejar solo un parlante, pero el vecino de enfrente no se ha quejado, el de aquí (a la derecha de la iglesia) tampoco”, mencionó el religioso.

Luisa Emilia Monge reconoció que el ruido ha disminuido considerablemente, pero sostuvo que sigue en desacuerdo con el pastor porque este no ha puesto un canal en el techo. De modo que ella recibe toda el agua que cae, provocando que la madera de su casa se pudra.

“Hizo un sumidero ahí nomás en la entrada de la iglesia, solo cavaron un hueco y en vez de escusado puso inodoro, un día de estos mi casa se hundirá. Él dice que no es sumidero, pero no es cierto”, afirmó Monge.

Daños acústicos
El otorrinolaringólogo Álvaro Fuentes explicó que el daño al oído interno a causa de ruidos está determinado por la intensidad de este, la susceptibilidad de la persona y la cantidad de tiempo al que está expuesto.

“El trauma acústico causa un daño irreversible, pérdida de audición. El oído tiene un mecanismo de defensa y si el sonido sobrepasa los 70 u 80 decibeles, ese ruido puede causar el daño al oído interno, pero influye también la exposición crónica”, dijo Fuentes.

La audimetría es un examen que determina el trauma que los ruidos han causado al oído. Para hacerlo se mete a los pacientes en una cabina para que escuchen diferentes tonos, desde los graves a los agudos.

El médico sostiene que sonidos que ascienden los 65 decibeles son “muy altos para la noche”.
Pocos casos
En doce años de ejercicio judicial, Ernesto Rodríguez Mejía, titular del Juzgado Tercero Local Penal de Managua, solo ha visto cuatro casos de acusaciones por perturbación por ruido.

“En tres casos que ya han fenecido y uno que tengo vigente, el denominador común ha sido la mediación”, explicó el juez. Las acusaciones han sido contra iglesias y en un caso contra un taller automotor.

En el caso del taller, dijo el judicial, a causa de la mediación el dueño “instaló material aislante en las paredes donde se filtraba el ruido y otro de los acuerdos fue mantener herméticamente cerradas las paredes. En el taller había una situación de ruido y de polvo que se generaba por pulir vehículos, debido a que ofrecían servicios de enderezado y de pintura”.

El tipo penal por el que se acusa a las personas que provocan ruidos intensos está contenido en el Código Penal, en el capítulo que habla sobre perturbaciones del sosiego público.

El artículo 534 establece que quien utilice medios sonoros, acústicos como autoparlantes, equipos de sonidos, alarmas, pitos, maquinarias industriales o de cualquier naturaleza que estén cerca de hospitales, centros escolares, viviendas y que produzcan afectación a la salud y excedan los decibeles establecidas por la OMS, podrá ser condenado y pagar una multa que varía de 10 a 30 días. La multa se calcula sobre la tercera parte del día del salario industrial.

Otros ruidos

Daños. Sonidos estruendosos que salen de los parlantes de tiendas o de los claxon de buses, son algunos de los ruidos que contaminan el medio ambiente.
Al despacho del juez Julio César Arias no han llegado casos por contaminación acústica; sin embargo, hace hincapié en los múltiples ruidos que hay que enfrentar a diario.

“De repente te encontrás con una serie de perturbaciones a la salud de las personas. Los equipos de sonido que contratan las discomóvil tienen tan alto volumen que incluso no podés percibir lo que dice alguien que está a la par tuya. Lo que menos hacen es anunciar productos”.

Arias se pregunta qué tan “atractivo es eso para los clientes” y agrega: “Más bien a algunas personas nos aleja, porque no querés estar cerca de donde está esa fuente insoportable de ruido”.

180 decibeles es un sonido que puede causar la muerte.