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Cada año, miles de de nicaragüenses preparan sus maletas y se enrumban a su patria. Atrás han quedado muchos meses y a veces años de no ver a sus seres queridos.

Muy en el fondo guardan, con suma importancia, los recuerdos de todo lo que dejaron en su país para cargar con la satisfacción de haber cumplido otro año más de envío de remesas y de retornar aunque sea por unos días.

A partir de la segunda quincena de diciembre, la cantidad de pinoleros que sale por el puesto de Peñas Blancas y Los Chiles aumenta poco a poco, hasta culminar el 31 con una cifra que fácilmente superará las 60 mil salidas que han pronosticado las autoridades de Migración.

No importa si lograron un cupo en las líneas de autobuses internacionales, porque se van transbordando al “raid” o por veredas, la meta es estar en Nicaragua antes de Navidad y Año Nuevo.

“Este año ha sido más duro que el pasado, sobre todo porque en algunos meses el dólar subió y tuvimos que enviar menos plata. También debimos gastar menos, porque todo ha subido, incluso los pasajes ahora cuestan 42 dólares si se reservó antes de noviembre, si no hay que pagar 60”, indicó la doméstica Rosa Pantoja.

Armarse de paciencia
Todos los años, en está época, los nicaragüenses, además de estar llenos de ilusión y ansias por el retorno, deben dejar espacio para oxigenarse de paciencia, puesto que antes de llegar a sus hogares deben pasar por el martirio de esperar más de cuatro horas en el cruce de ambas fronteras.

Son enormes filas para que les sellen la salida de Costa Rica, más filas para el sello de ingreso a Nicaragua y filas para la inspección de Aduana.

Hay que reconocer que las autoridades migratorias en este período aumentan el horario (de 6 de la mañana a 12 de noche) y la cantidad de personal. A pesar de ello la espera se vuelve eterna.

“Es lo mismo de siempre. Yo que he repetido esto a veces ni lo siento, porque la recompensa es estar en familia. La espera vale la pena”, opinó Omar Méndez.

Electrodomésticos usados
En estos días es común ver aglomeraciones en las terminales de salida. Los pinoleros buscan no sólo sus cupos, sino los espacios para las maletas que llevan regalos o bien espacios para electrodomésticos. “Llevo unos zapatos y ropita. Aproveché que mi patrona me regaló una cocina y pude comprar una refri usada. Espero no me los quiten en la frontera el 22 que me vaya”, agregó.

Las filas en el Consulado General de Nicaragua en San José, de igual forma, han aumentado en las últimas semanas, y aunque la cónsul general Leticia Herrera, afirmó que se amplió el horario de atención y el número de personal, por momentos no se dan abasto.

“Se hace el esfuerzo necesario y es evidente que se ha mejorado en relación con otros años. El tiempo de espera se ha reducido, y si bien hay filas largas, es lógico por la cantidad que vienen y son inferiores a otras épocas. También se ha mejorado la sala de espera”, expuso Herrera.

En tanto, el embajador Harold Rivas Reyes dijo que hasta se colocó una carpa alrededor de la sede para que los nacionales eviten el sol y la lluvia, pero que la demanda siempre es grande, y señaló como ejemplo que en el caso de las visas, ha habido días en que se han entregado hasta setecientas.

Cobros abultados
Y precisamente una de las principales quejas de los nicaragüenses que tienen hijos nacidos en este país, es que tienen que pagar 25 dólares por llevar a sus hijos a su propio país.

“Es injusto, porque por ley ellos son nicaragüenses. No deberían cobrarnos a nosotros. Para alguien que tiene tres hijos como yo, es caro. Igual me sale muy caro inscribirlos porque el pasaporte me costaría 55 dólares cada uno”, planteó Oscar Vallecillo, quien se desempeña como guarda de seguridad.

Como es común, también otros miles se arriesgan a irse de forma ilegal porque no les dio tiempo de sacar su pasaporte o porque no cumplen con los requisitos para obtenerlo, es decir, carecen de una partida de nacimiento o de su cédula de identidad.

En éstos hay dos tipos de salidas ilegales: la primera es que llegaron ilegales y de esa forma se van. Sólo deben pagar un promedio de 10 rojos (unos 20 dólares) para que un “coyote” los pase. El segundo caso es que son residentes pero “se la juegan” al pasar con “coyotes”.

En este aspecto, el director de Migración, Mario Zamora, ha recomendado que es mejor no exponerse al peligro que representa pasar con un “coyote”.

El funcionario explicó que los coyotes son personas peligrosas. Que quienes los contratan están expuestos a un robo, a una agresión o a un engaño. Mientras los que tienen residencia se arriesgan a perderla si la Policía los detecta en ese ilícito.

“Tengo 6 años de trabajar como guarda y no tengo residencia. No quiero arriesgarme a que cuando quiera regresar en el puesto me rechacen.

Prefiero pasar con un ‘coyote’. Lo he hecho en tres ocasiones y no me ha pasado nada”, dice con satisfacción Jorge Valdez.

El temor de Jorge se repite en miles de compatriotas que tienen años de haberse trasladado a laborar o bien que en varias ocasiones se han quedado más del tiempo estipulado con la visa de turista (30 días).

“Los connacionales deben tener claro que sólo el oficial de Migración en el puesto tiene la facultad de rechazar o permitir el ingreso de alguien que se haya quedado más del tiempo de la visa, o que en reiteradas ocasiones haya hecho lo mismo. Es un riesgo que deben correr si quieren ingresar”, acotó la cónsul Leticia Herrera.

A pesar de lo costoso que ahora resulta viajar a Nicaragua, en relación con 2007, las terribles esperas en ambas fronteras y lo difícil que es dejar nuevamente a la familia cuando retornan en enero, los pinoleros no dejan de hacerlo, porque en su país no tienen las posibilidades laborales y de desarrollo que la vecina del sur les brinda.

Por ahora el regreso a Costa Rica no les atormenta ni les preocupa. Su mente sólo está para el reencuentro y pasar unas felices y merecidas vacaciones.