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Cansada del acoso sexual callejero, Alicia Murillo, actriz y feminista española, tomó la iniciativa de grabar con su celular a todo aquel desconocido que en la calle le gritaba obscenidades o comentaba sobre su ropa y su cuerpo, y luego los colgaba en Internet.

"El cazador cazado”, como lo denominó, se hizo popular rápidamente, pero tan rápido como llegaron los adeptos, también llegaron las críticas. Un grupo de varones organizados en un portal llamado “ForoCoches” denunció los videos de Murillo en YouTube, y esta red social para compartir videos decidió eliminarlos.

En esta entrevista cuenta sobre el proyecto y reflexiona sobre el acoso sexual callejero, una expresión de la violencia contra las mujeres que también se vive en Nicaragua.

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Usualmente los hombres suelen decir que hay “piropos buenos” y que son aquellos que reconocen la belleza de la mujer, ¿se debe acaso aceptar el “piropo” de un desconocido?

No, no se debe aceptar. El piropo no es otra cosa que la emisión de un juicio. Personalmente creo que todos tenemos derecho a tener una opinión sobre cualquier cosa, pero no siempre tenemos el derecho o es justo darla. Uno de los motivos para no darla es el derecho de tener, de hablar sobre el cuerpo de una persona, sobre su forma de vestirse, sobre su cuerpo, sobre algo que no te han pedido y que no te incumbe.

Usted impulsó al “Cazador cazado”, explique un poco sobre el proyecto y las reacciones que provocó.

Este proyecto empezó como una especie de estrategia personal de autodefensa. Yo entonces no había oído hablar de la autodefensa feminista, pero elaboré este proyecto. Fue una forma de empoderarme y encontré una forma de reaccionar ante un hecho molesto y ofensivo como es el piropo. Así me protegía y ponía además el foco en el agresor, porque todas las campañas que he visto contra la violencia hacia la mujer normalmente si no vienen del feminismo radical, vienen de instituciones, y son campañas que ponen mucho el foco en la víctima, en la sobreviviente de la violencia, en la mujer y siempre ofreciendo una visión muy victimista de la persona que recibe la violencia. Son mujeres magulladas, con moretones, mujeres débiles, y a mí se apetecía hacer una campaña en que la cámara estuviera centrada en el agresor, y que las mujeres saliéramos como somos realmente, personas capaces de defenderse.
Las reacciones fueron muchas, no siempre positivas, pero bueno, en cualquier caso, incluso las negativas me han dado mucha publicidad —porque sufrieron mucho acoso cibernético a través de las redes sociales— pero han contribuido muchísimo, por un lado a mi estrés personal, pero también a hacer conocer el “Cazador cazado”en ámbitos no feministas, ámbitos a los que no habría llegado a través de mis medios.

Se cree que el acoso sexual callejero lo ejercen sobre todo hombres con poco nivel cultural, ¿es esto cierto?

No, para nada. Como no es cierto que la violencia machista sea específica de las clases bajas. Por ejemplo, en Europa hay mucha campaña para hacer ver que la violencia de género es una cosa de inmigrantes, siempre se recalca en las noticias —lo que es muy racista, muy xenófobo— cuando los acosadores son extranjeros. “Varón de 45 años de nacionalidad rumano”, (dicen) mientras que cuando son españoles no lo dicen.
Intentan hacer ver que la violencia es de otras culturas, de las clases sociales bajas, intentan hacer un retrato robot del agresor como una persona pobre, inmigrante y que no es de raza blanca. Si nos ponemos a ver los datos reales, del Observatorio de la Mujer o simplemente vemos lo que nosotras recibimos día a día, vemos que los agresores no obedecen a ese tipo de perfil. A un agresor le basta ser hombre y machista.

Hay experiencias de mujeres organizadas en Egipto y en otros países como España, e incluso en Latinoamérica tenemos a Chile, Colombia y Perú, ¿se ha avanzado en la desnaturalización del acoso sexual callejero?

Creo que sí, cada vez hay más campañas y cada vez las mujeres son más conscientes de que esto es violencia y eso es un paso bastante grande hacia adelante. Obviamente queda muchísimo por hacer, pero estoy contenta del trabajo que se está realizando.

Una pregunta recurrente entre quienes hemos sufrido acoso es qué hacer, cómo actuar ante el acosador, ¿qué recomendaciones da?

En los talleres siempre digo que no hay una receta que pueda valer a todas las mujeres y en todos los ámbitos porque cada una tiene una personalidad, tiene una circunstancia, tiene una realidad, un barrio distinto. Siempre pongo el ejemplo de mi amiga Pamela Palenciano que me decía: si yo hago lo que tú haces con el Cazador cazado, me sacarían una pistola. Ella vive en El Salvador y la realidad es muy diferente a la mía, yo vivo en un barrio de Sevilla. No creo que haya una receta mágica que sirva para todas las mujeres.

(…) Es el deber de ellos dejar de acosarnos. Las mujeres no les debemos nada a esta sociedad en ese sentido. La que tenga ganas de luchar que luche y la que no tenga, no tiene por qué hacerlo. Sería otra forma de violencia exigirles a las mujeres que se hagan cargo de esa lucha, otra cosa es que nos apetezca, que sea empoderante.

¿Qué tan grave es la situación de acoso en España?

España es muy variada. No es lo mismo una ciudad que otra, hay ciudades donde no existe el acoso sexual callejero y otras donde sí. De todas maneras, la violencia patriarcal existe en todas las ciudades de España, solo que en unas se manifiesta de una manera y en otras de otra. En ciudades como Madrid y Sevilla, donde la gente vive más la calle, sí existe mucho acoso callejero, sin embargo, si vas al norte, el carácter, la cultura, el clima ayuda a que las calles se vivan de otra forma y el machismo se define, se ejecuta y se manifiesta de otra manera. En Sevilla, donde vivo, es terrible.