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La cantidad de agua de lluvia que se escurre por los suelos del Pacífico es hasta 13 veces mayor que la que logra infiltrarse y alimentar a los ríos existentes en la zona, debido a la poca cobertura boscosa, situación que pone en peligro de extinción a dichos cuerpos de agua, según cifras oficiales y especialistas ambientalistas.

El documento “Los Recursos Hídricos en Nicaragua” refleja que, por ejemplo, en la cuenca del Estero Real (Chinandega) se escurren 1,058 millones de metros cúbicos al año y solamente se infiltran 80 millones de metros cúbicos en el mismo período, a lo cual se añade que en este territorio de 3,691 kilómetros cuadrados la cobertura boscosa es de apenas 17%.

En la cuenca del río Brito, en Rivas, se escurren 52.5 millones de metros cúbicos del agua que cae con las lluvias durante el año y solo se infiltran 9.2 millones de metros cúbicos, mientras que la cobertura boscosa en los 274 kilómetros cuadrados de extensión es del 15.7%.

Reciben poca agua

 

 

Gran pérdida de agua

El presidente de la Fundación Nicaragüense para el Desarrollo Sostenible (Fundenic), Jaime Íncer Barquero, señaló que el principal problema que enfrentan los ríos, no solo en el Pacífico sino en todo el país, es el despale indiscriminado, ya que "los árboles son como esponjan que capturan el agua y permiten que se infiltre en los suelos”.

El técnico en recursos hídricos de Fundenic, Gustavo Martínez, indicó que en el caso del Pacífico, otro de los factores que influye es el hecho que el régimen de lluvia o precipitación pluvial es de entre 800 y 1,000 milímetros al año, mientras que en el Caribe oscila entre los 2,000 y 6,000 milímetros anualmente.

Sin embargo, dijo que la causa principal es el despale, razón por la que la mayoría de los ríos en el Pacífico nicaragüense han perdido entre el 40 y 60 por ciento de su caudal respecto a 20 años atrás. “Por eso, en partes donde la gente antes llegaba a bañarse, ahora solo encuentran un lecho pedregoso", comentó Martínez.

Martínez explicó que el escurrimiento se trata del agua de lluvia que cae pero no logra infiltrarse en el suelo ante la falta de árboles, por lo que se escurre en el suelo y genera sedimento, donde se acumula y luego se evapora.

En ese sentido, afirmó que aunque haya un buen régimen de lluvia, si no hay suficiente cobertura boscosa el agua no cumple su función de alimentar los ríos, porque en vez de infiltrarse, se escurre.

En tanto, refirió que la cuenca es la unidad territorial que permite capturar el agua que necesitan los ríos, de ahí la importancia de hacer un balance hídrico de las mismas, con el fin de medir la cantidad de agua que cae, que se escurre, que se evapora y que se consume tanto por la biodiversidad y por la humanidad.

  • Llamado a la conciencia

Esta semana, organizaciones ambientalistas advirtieron que al menos 36 ríos en el Pacífico corren el riesgo de desaparecer, pues durante el verano pierden casi el 100% de su caudal. En vista de eso, dijeron, el próximo 21 de marzo marcharán para sensibilizar a la población sobre esta problemática.

Íncer Barquero cuestionó que, a pesar de la crítica situación de los ríos, el Estado otorgue licencias para tala y no ponga mano firme contra el despale ilegal. En ese sentido, refirió que en Nueva Segovia continúa la explotación autorizada de pinos, bajo el argumento que con ello la industria maderera genera unos 1,000 empleos.

“Pero mientras se producen mil empleos, 250,000 personas se quedan sin agua. Entonces la obligación social de carácter nacional debe imponerse frente a un interés individual o la intención de favorecer a una empresa”, expresó el ambientalista.

A su juicio, la situación más grave de despale y amenaza a los cuerpos de agua está en los departamentos de Nueva Segovia, Madriz, León y Chinandega. Allí, afirmó, hay una clara relación entre la pobreza y la destrucción ambiental.  "No hay conciencia ambiental y el Estado no tiene presencia o se hace de la vista gorda", subrayó.

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