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A sus casi 61 años, Dennis Martínez confiesa que no estaba preparado para jubilarse. Dice que siempre fue una persona activa y le cuesta no continuar con el trajín que tenía como estrella del béisbol de las Grandes Ligas, donde se ubicó como el latino con más victorias (245) y el décimo quinto jugador en la historia en lanzar un juego perfecto (28 de julio de 1991).
La confesión la hace en Managua frente a un grupo de más de 100 jóvenes universitarios reunidos en el auditorio central de la Universidad Americana, UAM, para escuchar una charla motivacional de Martínez, bajo el lema “Lucha por tu metas”. El ex lanzador de los Orioles de Baltimore (1976-1987) inició este año una gira por colegios y universidades nicaragüenses para ofrecer su testimonio.

Para esta ocasión, la convocatoria era a las 6:00pm, pero desde las 5:30 pm el auditorio estaba lleno y afuera había personas esperando para ver entrar a la gloria deportiva, quien se apareció 15 minutos después impecable en un saco azul oscuro, camisa blanca, corbata negra con tramas blancas, pantalón de lino de un azul más claro y zapatillas negras.

Martínez y sus acompañantes, el fundador de la UAM, Helio Montenegro, y el director de E-Sport, Jorge LuisAyestas, cruzan el umbral de la puerta y el público se pone de pie para ovacionar al hombre que fue el primer nicaragüense en llegar a las Grandes Ligas y también lanzó con los Expos de Montreal (1987-1993), Cleveland Indians (1994-1996), Seattle Mariners (1996) y Atlanta Braves (1998).

Soñar en grande

“Quienes somos en el presente incluye quienes fuimos en el pasado”, lee la maestra de ceremonia citando al educador estadounidense Fred Rogers, para dar formal inicio al evento. Explica que al final habrá tiempo para que los presentes le hagan preguntas a Martínez y para que éste les firme las pelotas que muchos de ellos llevaron.

Antes de que el invitado de honor comience con la charla, Montenegro toma la palabra para darle la bienvenida a la UAM y presentan un video biográfico que resume su trayectoria en el beisbol. Luego, Martínez se pone de pie frente al público y sin grandes preámbulos, dice que está ahí para hablar de sus logros y desafíos, de cómo los alcanzó y cómo los superó.

Martínez pasó su infancia en la ciudad de Granada entre estudios y juegos con pelotas de béisbol hechas con calcetines. Proviene de una familia pobre y es el menor de siete hermanos. Su plan A, dice, era ser ingeniero civil, y su plan B dedicarse profesionalmente al béisbol, deporte por el cual siempre tuvo una gran pasión.

Es un firme creyente de que “uno tiene que soñar en grande”, por lo que, cuando en 1973 llegó al país el cazatalentos cubano Julio Blanco Herrera para fichar al pitcher nicaragüense Tony Chévez, se le acercó para decirle que él también quería ser fichado. “El hombre me quedó viendo como quien dice ‘¿y qué le pasa a este’?”, relata.

Consejero

La oratoria no es el fuerte de Martínez, pero hay que reconocer que su actitud entusiasta y su sentido del humor arrancan risas al público. No sigue un orden cronológico en su testimonio, pero no resulta necesario cuando ya tanto se sabe de su trayectoria; además, esta intervención es para motivar a los estudiantes a creer en sus sueños y trabajar para lograrlos.

A medida que habla de su historia, da consejos. Asegura que uno de los factores relacionados a sus logros es su matrimonio, porque, aunque tenía solo 19 años cuando se casó y no recomienda hacer lo mismo a los jóvenes de hoy, su esposa fue un punto de balance muy importante en su carrera.

Al hablar de los momentos difíciles, no pierde la oportunidad para hacer recomendaciones desde su experiencia personal. Para Martínez, la peor temporada que tuvo en el béisbol y que casi le cuesta la cancelación de su contrato con los Orioles de Baltimore, fue cuando sufrió adicción al alcohol.

“Uno tiene que pensar y actuar sin importar lo que digan los demás”, dice a los jóvenes presentes, pues asegura que llegó al alcoholismo porque cada vez que sus amigos lo invitaban a tomar, les decía que sí por no quedar mal con ellos.

Sin embargo, su espíritu luchador y su característica de no aceptar las derrotas, lo llevó a superar esa adicción. Al ver que su contrato estaba en peligro, se armó de valor y oró, pidiendo a Dios que le diera fortaleza y prometiéndole que si lo ayudaba, iba a rezar el rosario todos los días el resto de su vida.

Frente a tantos jóvenes, Martínez, padre de cuatro y abuelo de seis, recuerda que la comunicación entre padres e hijos es fundamental. Afirma que para ello, la juventud debe “tratar de visualizar de dónde provienen sus padres”.

La despedida

Martínez podría pasar toda la noche dando consejos, pero hay un tiempo establecido e inicia el período de preguntas y respuestas. Una sorpresa entre el público. Juan Ramón Castillo, docente fundador de la UAM, saca de una de las bolsas de su pantalón una pelota de béisbol enfundada en una estructura de cristal y cuenta que esa se la regaló el exlanzador hace más de 30 años cuando visitó un estadio en Estados Unidos.

Hasta este día, no había tenido oportunidad de que se la firmara, pese a que en varias ocasiones coincidieron en eventos. He aquí la oportunidad. Aplausos, risas y abrazos… y claro, la firma.
Al fondo del auditorio, la estudiante María Andrea López toma la palabra y cuenta que hace varios años, cuando estudiaba en el Colegio Teresiano y Martínez llegó ahí a dar una charla motivacional, ella le regaló un retrato de él que hizo en ese momento y él le dijo que no dejara de dibujar. La joven no dejó de dibujar y hoy está en el último año de la carrera de Diseño y Comunicación Visual.

Otros dos presentes le preguntan cómo visualiza su vida si no hubiera entrado a las Grandes Ligas, y qué le diría a un joven que quiere suicidarse. Dos preguntas difíciles, dice Martínez. Sobre la primera, recuerda que su plan A era estudiar Ingeniería Civil, pero insiste en que cuando uno quiere algo, hace de todo para lograrlo. Al contestar la segunda pregunta, no dice mucho, pero es enfático: siempre hay alguien que nos ama y hay que encontrar a esa persona, y estar con Dios, orar.

Una joven le pregunta qué lo motiva a seguir día a día. Alguien del público murmura “los nietos”. Él sonríe y dice: “es cierto”. Pero hay algo más, Dennis Martínez quieren dar a otros lo que antes dieron por él, y por eso está ahí, hablando de su vida y aconsejando, aparte de tener una academia de béisbol para jóvenes promesas de este deporte.

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