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Los programas de masculinización y feminización practicados en la familia por siglos han tenido como objetivo asignar roles atendiendo a diferencias de sexo, dando prerrogativas a los varones tales como: ser autoridad sobre la mujer, tener prioridad para acceder a formación académica, ocupar mejores puestos y tener salarios superiores en los trabajos, etc… Una amiga nos comentaba al respecto, que sus hermanos varones fueron preparados para ser profesionales, mientras a las mujeres las adiestraron en la administración del hogar, actividades domésticas incluidas.

Los tiempos están cambiando, pareciera que los antiguos mandatos que sustentaban los programas de feminización y masculinización poco a poco van perdiendo fuerza. En los tiempos actuales vemos tantas o más mujeres que varones preparándose en universidades, desempeñándose en el ámbito laboral, accediendo a espacios públicos que anteriormente estaban reservados a varones.

Soy un convencido que Dios nos ha creado, a varones y mujeres, para complementarnos en un marco de igualdad de deberes y derechos. Así como hay varones inteligentes, con destrezas y capacidades para ser exitosos en su área de trabajo, excelentes líderes, etc…, también hay mujeres que poseen una inteligencia admirable, indiscutibles capacidades y son excelentes líderes. Esto es así porque ambos hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios. La Biblia en Génesis 1:27, deja claramente establecida la igualdad fundamental entre el varón y la mujer: “Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen y semejanza de Dios lo creó; varón y hembra los creó…” Al varón y la mujer les fue dada, igual dignidad, jerarquía y visión.

Es claro que existen diferencias biológicas en el diseño del varón y la mujer, pero estas diferencias no marcan jerarquía o superioridad de uno sobre la otra, lo que muestran es la perfección de Dios creando dos personas con características específicas, a fin de que cada parte sea complemento de la otra.El diseño original de Dios, promulga el compañerismo y no el señorío del uno sobre la otra.

Los varones debemos trabajar por ser compañeros y complemento de la mujer, darles el lugar de honor que se merecen. De ellas nace vida; ellas son coherederas de la gracia de vida (1ra. Pedro 3:7); la mujer es el corazón de la familia, es factor de unidad, sabe escuchar, consuela y auxilia asumiendo riesgos.

Varones, es justo y necesario que nos dispongamos a renovar creencias y conductas.Que ellas cuenten con nuestro apoyo incondicional para desarrollar su potencial, para que se desarrollen integralmente, sean excelentes y destaquen en todas las áreas de su vida. La biblia nos habla en Proverbios 31 de una mujer que no calza en el molde cultural de su época y cuidado de la nuestra, se refiere a una mujer virtuosa, que desempeña su actividad en el ámbito público y privado, que practica una relación de igualdad y complementariedad con el esposo.

Amiga, amigo, la mujer al igual que el varón nace en el mismo corazón de Dios. Hay que hacer el cambiotomado de la mano de Jesús, invítelo a su vida, dígale: Señor Jesús abro mi corazón y le acepto como Señor y Salvador de mi vida. Guíame en este proceso de cambio.

Queremos saber de Uds. Les invitamos a escribirnos al correo crecetdm@gmail.com

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