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Costa Rica
“Queremos retornar y quedarnos, pero la situación no ha mejorado en Nicaragua. Además, los salarios son mejores aquí”, aduce Juan Carlos Mejía, mientras hacía fila en una empresa de autobuses buscando un cupo para antes del 24 de diciembre.

Confiesa que no reservó antes porque no sabía con certeza qué día saldría de vacaciones y porque estaba esperando el aguinaldo. Él tiene cinco años de repetir la misma historia… llegar en enero a Costa Rica a “bretear” hasta diciembre. “Es duro dejar todo, sin embargo, vale la pena pasar las dificultades que vivimos en este país, ya que a mis hijos (cuatro) no les falta la comida”, sostiene, mientras en su mirada se muestra ansiedad de estar cerca de su esposa e hijos.

Miles de pinoleros como Carlos están a última hora buscando cupo en las líneas de transporte internacional, sin mucho éxito, debido a que en la primera semana de este mes se empezaron a agotar los espacios en los buses.

El “lo sentimos, no hay espacio, sino hasta después del 26 de diciembre”, no es un obstáculo para no trasladarse. Hay otras opciones entre las que sobresale la ruta San José-Peñas Blancas. El viajero se ahorra unos 15 dólares, pero le provoca mayor trajín en la frontera, porque sus maletas las deberá pasar a pie al puesto nicaragüense. En todo caso, pagar a un cargador o bien “rifarse solo”.

Viajar en este período es una obligación necesaria para miles de nicaragüenses que llegaron al país a trabajar, y el no encontrar un espacio no es nada en comparación con lo deben pasar para llegar a su recuentro con la patria y familiares.

De fila en fila
Para muchos, el engorroso viaje inicia en el Consulado General de Nicaragua en San José, ahora no tanto por las largas filas de años anteriores, sino porque a la gran mayoría le hace falta un documento para sacar un pasaporte provisional. A un ordinario no tienen opción, porque a los que lograron solicitarlo en la primera semana de diciembre, se los entregarán hasta en enero.

Con el provisional sólo podrán salir, y una vez en Nicaragua deberán buscar un salvoconducto o el pasaporte ordinario para retornar a Costa Rica.

Luego de ese trámite, proceden a buscar cupos, y como es seguro que no encontrarán, deberán armarse de paciencia e irse a hacer fila en la terminal de la Deldu, única ruta interna que llega a la frontera desde la capital.

Desde tempranas horas llegan con sus maletas para lograr salir en la madrugada del día siguiente o bien en horas tempranas del mismo día. Es una fila de varios metros, y en ella no se siente que cada media hora llega un bus para partir repleto de otros cientos que están más adelante.

Ahí, el frío --común en la capital josefina--, el sueño, el sol y el hacinamiento por la cantidad de personas, debido a la falta de condiciones, son olvidados cuando se aborda el autobús que lo llevará a Peñas Blancas.

Es tanta la cantidad de personas que llegan, que las autoridades en años anteriores se han visto obligadas a cerrar varias calles aledañas para evitar un accidente.

Atento a las maletas
“Hay que tener mucho cuidado con las maletas. En el alboroto por subir muchos se descuidan, y cuando llegan a la frontera se ponen a llorar, pues han perdido lo que con mucho esfuerzo llevaban de regalo”, adujo Luis Mendiola.

Una vez superado eso deben aguantarse, aquellos que lograron asientos, un promedio de cinco a seis horas (más de 300 kilómetros), en un espacio que no da mucha libertad para moverse. Peor suerte tienen quienes van de pie.

La inclaudicable paciencia que muestran los pinoleros se evidencia aún más cuando llegan al puesto de Peñas Blancas. En el sitio se encuentran con una enorme fila que se proyecta como un caracol gigante y deforme.

El asedio
Al bajarse del bus, rápidamente los llamados tramitadores inician su acoso. Unos ofreciendo pasarlos sin acudir al control migratorio por unos 20 dólares, otros piden 5 mil colones (unos 10 dólares) para que no hagan fila, y los menos osados se ofrecen a llenarle el formulario que deberán presentar en la ventanilla de Migración a cambio de lo que les quieran dar.

Pero no sólo el asedio de ellos se observa, sino también el de una cantidad sustancial de cambistas, quienes al calor del sofoque de los pinoleros por pasar al lado nica, los timan al darles menos plata en el cambio de colones a córdobas o de dólares a córdobas.

Si tienen suerte no les harán el famoso “cambiolín”, se conformarán con la posibilidad de meterles un billete falso.

“Los casos de timo son muchos. Es mejor que cambien poco dinero si lo llevan en dólares, o en todo caso que busquen a los que andan debidamente identificados y con permiso”, nos cuenta uno de los coyotes a quien es común ver en cualquier época del año.

Con buena suerte, es probable que la espera para que le sellen la salida sólo dure unas 4 horas, sin embargo, en los días pico, 6 horas son normales para esperar por dicho trámite.

Contrario a los que lograron transportase en una de las líneas internacionales, deberán de ingeniárselas para caminar hasta la guardarraya con sus maletas o con los regalos que llevan. ¡Uf!, exclaman muchos, cuando en el sector nica se encuentran no con una fila, sino con varias, para poder sellar el ingreso. Se le atiende más rápido por eso.

A esto se le suma que deberán esperar después el chequeo de un inspector de Aduana, quien con un papelito avalará la revisión para que puedan salir a abordar los buses que los llevarán a sus destinos. Bendición será si no les cobran por electrodomésticos usados o por la cantidad de maletas o bien los manda a bonificar el pasaporte, aunque un pago “extra” le evita esos pormenores.

En este caso, mejor suerte corren los que van en las rutas centroamericanas, pues no deberán hacer fila para sellar. Un tramitador de las empresas se encarga de los papeles. Esperan menos tiempo y la revisión de Aduana es más ágil.


Otros riesgos
Superado todo, y si salen antes de las nueve de la noche, éstos se enrumban al lado oeste del complejo de Sapoá. Ahí deberán nuevamente abrirse paso para poder abordar un bus, y si no tienen suerte, sólo les queda arriesgarse a subirse en un taxi.

La odisea del éxodo que comenzaron más de doce horas atrás continúa, ante el peligro inminente que los acompaña durante el viaje, pues los casos en que son despojados de sus pertenencias y dejados botados en el camino son de reconocida reincidencia.

A pesar del temor, ya se sienten en casa, y la ansiedad de que el vehículo devore con rapidez los kilómetros que les hacen falta para llegar a su hogar, se refleja en sus gestos y en su habla.

Por unos días, sólo les queda el recuerdo de lo que tuvieron que lidiar para reencontrarse con la familia. Hasta hacen chistes, pero conforme pasan los días festivos de fin de año, inician de nuevo a armarse de mucho valor para dejar todo y retornar a Costa Rica.

Después de las celebraciones de Navidad y de Año Nuevo, comienza de igual forma el a veces odiado éxodo de retorno. Deben buscar en su interior un poco más de paciencia para aguantar un nuevo trajín que se inicia, generalmente, en el consulado tico en Managua… pero esa es otra historia.

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