Raúl Obregón
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En los últimos días, medios de comunicación masivos han informado acerca de denuncias de maltrato infantil en un preescolar. Este es un tema que no es ajeno a la mayoría de la población, pero del cual se habla muy poco o nada. Existen creencias, erradas a mi parecer, que inducen a este tipo de conductas, tales como creer que golpear a un niño o niña tiene como propósito corregir comportamientos y contribuye a su formación.

En la época de niñez y adolescencia que me tocó vivir era una práctica aceptable, tiempos incluso en que los padres consideraban que el castigo (maltrato) físico era parte del proceso de formación y por ende, tanto ellos, como maestros y maestras tenían licencia para aplicarlo.

En mi memoria lejana se mantiene vivo el recuerdo de llamados de atención al compás de reglazos en pantorrillas o manos, según fueran las extremidades involucradas en la infracción cometida. A veces un casquín en la cabeza por no recitar al pie de la letra una lección.

Estudiosos del tema del desarrollo de la personalidad en la niñez plantean que en esta etapa se inicia la construcción de la autoestima, teniendo como principal fuente el trato, acciones y palabras de los adultos que se mueven en su entorno, particularmente padres, maestros, tutores, etc.

Estos tienen la responsabilidad de transmitir a niños y niñas cuán importante son como personas, hacerles sentir apreciados y amados, independientemente de sus defectos y debilidades. Nunca y bajo ninguna circunstancia maltratarlos.

Tristemente hay que reconocer que no es despreciable la proporción de adultos que continúan actuando bajo la creencia que pegarle a niñas y niños es necesario para corregir comportamientos que no se corresponden con lo que dichos adultos quieren o les han enseñado. Sin embargo, por lo general estas personas cuando maltratan lo hacen bajo la influencia de situaciones de estrés, o de impaciencia o impotencia o de intolerancia, que les hace descargar su furia en niñas y niños.

Debe señalarse que diversos estudios muestran que, en muchos de los casos, quien maltrata tiene antecedentes de haber sufrido el mismo tipo de agresión durante su infancia o es una persona que tiene muy poca capacidad de controlar sus impulsos.

Hay personas que “corrigen” (maltratan) a niñas y niños bajo supuestos mandatos religiosos, ignorando que para Jesús son muy especiales. Él dijo: “Dejen que los niños vengan a mí; no se lo impidan, porque de los que son como ellos es el reino de Dios”.

Para Jesús niños y niñas son seres débiles y humildes, que no son ambiciosos, no son envidiosos. Son los llamados a vivir en el reino de los cielos porque son puros, están limpios, sin contaminación espiritual. Jesús jamás puso ni pondría una mano sobre una de sus criaturas.

Amiga, amigo, les hacemos un llamado vehemente a rechazar el maltrato infantil. Con golpes y groserías lo único que se logra es abrir heridas en el corazón de niños y niñas. Hágalo tomado de la mano de Jesús, invítelo a su vida, dígale: Señor Jesús abro mi corazón y le acepto como Señor y Salvador de mi vida. Guíeme en este proceso de cambio.

Queremos saber de Uds. Les invitamos a escribirnos al correo crecetdm@gmail.com