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Tras visitar una planta eléctrica en su natal Chinandega como parte de una gira del colegio Vicente Álvarez, se decidió a estudiar ingeniería eléctrica en la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI). Desde pequeño tuvo curiosidad por saber cómo funcionaban los aparatos eléctricos y aquel día se quedó boquiabierto viendo las máquinas.

Dos años antes que Álvarez se decidiera a estudiar esa carrera, en Managua David Davis Miranda ingresó también a la UNI, pero a estudiar ingeniería mecánica. Lo hizo porque sentía afición por el automovilismo y se imaginaba en un taller modificando motores. Hoy que se encuentra en el último año de la carrera, su panorama ha cambiado y quiere dedicarse a optimizar los procesos de producción de energía renovable.

“Me di cuenta que la carrera era más amplia de lo que imaginaba cuando entré guiado por mi gusto por los autos”, afirma Davis Miranda.

Ambos jóvenes forman parte del reducido grupo de bachilleres que al salir del quinto año de la secundaria optan por estudiar algunas de las carreras menos demandadas por los estudiantes.

“Hay carreras que tienen menos demanda, pero son muy importantes: las de educación son unas y hay otras que son muy importantes para el desarrollo del país, pero tenemos una menor cantidad, no es que no hayan estudiantes, pero la demanda es más baja, como Ingeniería Eléctrica y Mecánica”, indica Arturo Collado, secretario técnico del Consejo Nacional de Universidades (CNU).

Diez años atrás la demanda era mucho menor. Daniel Cuadra, decano de la Facultad de Tecnología de la Industria de la UNI, recuerda que en ese momento realizaron una campaña en los colegios para cambiar la percepción sobre la carrera.

Estigma y prejuicios

“Algunos piensan que la Ingeniería Mecánica es estar engrasado debajo de un carro, cambiando piezas o reparando automóviles”, comenta Cuadra, quien añade que el graduado de esta carrera es un profesional con capacidad para afrontar tareas de planificación, organización, control y ejecución de mantenimiento industrial; para la selección, diseño, fabricación y explotación de equipos.

“Es una carrera muy importante para el desarrollo industrial de un país. Si un país no tiene ingenieros mecánicos es un país artesanal, porque en toda la industria hay máquinas”, explica.

Como apunta Ronald Torres Torres, decano de la Facultad de Electrotecnia y Computación de la UNI, la carrera de Ingeniería Eléctrica tiene también mucho estigma dentro de la sociedad nicaragüense.

“Hubo un período en que cayó la demanda de la carrera, de hecho por un tiempo cerramos uno de los turnos. Empezamos a averiguar por qué los estudiantes no querían estudiarla y nos dimos cuenta que creían que el ingeniero eléctrico es el que se subía a los postes a conectar los cables y reparar las luces del tendido eléctrico”, dice Torres Torres.

Este año aumentó la cantidad de estudiantes que postulan a los 120 cupos que abren anualmente. Torres Torres considera que se debe a la influencia que ejercen los padres y madres en los jóvenes.

“Los padres de estos jóvenes saben del papel que juega la energía en el país y cómo se habla mucho de la matriz energética, influyen en la decisión de seleccionar la carrera”.

Carreras del futuro

Para el secretario general de la UNI, Diego Muñoz, ambas carreras son clave para el país porque proyectos importantes que se desarrollan en Nicaragua, como la hidroelécrica Tumarín, demandan la existencia de estos profesionales.

Muñoz hace hincapié en otra razón fundamental que explica la baja demanda: “Tenemos además un problema en la formación matemática de los estudiantes (de secundaria) y a algunos les da temor estudiar ingenierías”.

Este año 2,600 estudiantes se prematricularon para las doce carreras que ofrece la UNI, que abrió 1,420 cupos. Lo que hace deducir que la cobertura de aceptación es de casi un 60%. Sin embargo, Muñoz admite que muchos entran a las carreras con menos demanda porque son su segunda opción.  “Hay carreras, como la agrícola, que sirven como trampolín. Tienen poca demanda, los estudiantes las ponen de segunda opción y entonces ahí (en el segundo período de matrícula) llenamos los cupos”, dice Muñoz.

A esto se le suma el problema de que el promedio de escolaridad en Nicaragua es de 5.6 años para personas adultas. 3.6 años en el caso de las personas que viven en el área rural y 7 años para las que están en zonas urbanas, según un informe del Foro Eduquemos.

El ahora jefe de la carrera de Ingeniería Eléctrica de la UNI, Sandro Chavarría, admite que estudió la carrera porque no quedó en su primera opción, que era ingeniería en computación.

“Para ser sincero, en el primer año tenía la intención de cambiarme de carrera, sin embargo ese mismo año decidí quedarme porque me gustó la carrera y comprendí la importancia y las muchas salidas laborales que tenía”, expresa.

Dijo que tiene conocimiento de que todos sus compañeros de clases están trabajando en empresas estatales, privadas o por su cuenta. Según las autoridades de la UNI el 60% de sus graduados están ocupando cargos en las áreas de ingeniería en todo el país.

Necesarias

Omar Salazar Guerrero estudió ingeniería eléctrica en  2008 por la influencia que su padre, un técnico de electricidad residencial e industrial, ejerció sobre él desde niño.

Su primer trabajo fue en un proyecto temporal de redes de distribución energética, luego en Albanisa, donde por dos años supervisó las plantas operadoras, y en la actualidad labora en la Empresa Nacional de Transmisión Eléctrica (Enatrel).

Durante todo este tiempo Salazar Guerrero ha confirmado que se requieren más ingenieros eléctricos en el país.

“Existen, por ejemplo, proyectos de construcción de nuevas subestaciones eléctricas donde se necesita contratar a gente especialista en la materia y muchas veces no hay mano de obra calificada”.

Nadie quiere el campo

Las carreras agropecuarias atraviesan el mismo problema que las Ingenierías Mecánica y Eléctrica.

Liliam de Jesús Lezama, directora de docencia de la Universidad Nacional Agraria (UNA), sostiene que son conscientes de ello.

“Nuestras carreras, y no es de ahorita ni solamente típico de Nicaragua, son de las menos demandadas, ¿por qué motivo? Yo creo que el contexto hace que el joven o se aparte o se enamore de la carrera, ¿por qué suspiran los jóvenes de hoy? Por un celular, por una computadora. ¿Cuántos papás en el campo dicen ‘me estoy matando para que mi hijo vaya a la universidad y sea un doctor’? Ellos no quieren ver a sus hijos en el campo. Nuestros productores de alguna manera han sido muy golpeados, así que luchan para que vayan a la universidad y que sean médicos o abogados”.

Cada año 1,400 bachilleres se inscriben en la UNA, hacen el curso propedéutico que sirve como último colador para entrar a la carrera y aproximadamente el 20% se queda sin cupo.  

Sector clave

“En la UNA llenamos nuestros cupos, aunque si se pone a ver cuántas universidades están ofreciendo carreras agropecuarias, hay universidades que a lo mejor cierran porque no les llegan muchachos”,
señala Lezama.

Indica que están analizando cómo hacer ver a los jóvenes la necesidad de levantar el agro en Nicaragua. “Si ellos no se están preparando para eso, no vamos a tener el desarrollo que estamos soñando”.

La mayor demanda en la UNA se concentra en agronomía y veterinaria. Las demás carreras (Desarrollo Rural, Ingeniería Agrícola, Ingeniería en Recursos Naturales y Medio Ambiente) se llenan con segundas opciones.

El 68% de los estudiantes provienen de las regiones y todos solicitan becas. En los últimos años de la carrera hay opciones de emplearse. Lezama menciona que alrededor de 97 jóvenes se involucran en el Plan Comunal del INTA y son ubicados en diferentes lugares del país.

“Tenemos algo que se llama la bolsa laboral, en la que aplican alrededor de 240 estudiantes. En 2014 se ubicaron a 121 estudiantes y este año una institución ya nos solicitó 40 jóvenes”.

Los empleados del sector agropecuario, aunque claves para Nicaragua, sufren de bajos salarios.

De acuerdo al Ministerio del Trabajo el salario mínimo del sector agropecuario es de C$3,014.41, a pesar de que el Banco Central de Nicaragua estimaba hasta 2013 que ese sector genera el 15.3% del Producto Interno Bruto.