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Largo rato después de haber almorzado, el periodista Manuel Eugarrios Velásquez preparó su máquina de escribir y puso el título de su artículo Mirador Semanal, que habría de publicar al siguiente día en Bolsa de Noticias. El título que dejó impreso en el papel decía: “POR UN PERIODISMO SIEMPRE DIGNO Y COMBATIVO”.

En eso le sobrevino el infarto al miocardio que alrededor de las cuatro de la tarde se lo llevó de este mundo, a los 72 años de edad. Con los primeros malestares dijo a su empleada que se acostaría un rato porque no estaba sintiéndose bien. Luego empeoró, dijo que se sentía sofocado, pero aún así no quiso que nadie fuera llamado.

Francis, que tenía pocos días de laborar en casa de Manuel, inicialmente estaba desorientada, pero ante la evidente crisis de su patrón, una vecina de nombre Mercedes Guevara le proporcionó el teléfono de un hijo homónimo del fallecido periodista, quien al llegar, inmediatamente lo trasladó al hospital Médicos Unidos, de Bello Horizonte. Pero Manuel ya estaba muerto.

La noticia “se extendió como reguero de pólvora” en el barrio Ducualí, donde era bien popular y muchos vecinos lo veían como parte de sus familias, por lo que casi de inmediato la casa se llenó de gente sorprendida y compungida.

El médico José Castaño, a quien END abordó a la media cuadra de la vivienda de Eugarrios, ubicada frente al costado sur de la Iglesia Sagrada Familia, dijo que al periodista lo conoce “desde que tengo uso de razón. Era casi un miembro de nuestra familia y se miraba como hermano con mi padre, Reynaldo Castaño”.

Al llegar a la casa de Manuel, un poco antes de las cinco de la tarde, su hija Yaoska, impactada por la muerte, llegó a buscar unos documentos porque había que hacer unos trámites en el centro hospitalario al que fue llevado el cuerpo de su progenitor.

Hablan vecinas

La primera vecina que se acercó a la casa a ver qué pasaba fue doña Olga María Flores, y lo primero que le dijo al hijo del periodista fue que se calmara y así, con el apoyo de otros vecinos, lo montaron en un vehículo para trasladarlo al hospital.

“Pero Manuel ya iba fallecido porque iba morado y con los ojos abiertos”, dijo doña Olga, quien vende en el mercado. Ella supo que Manuel, cuando se comenzó a sentir sofocado, se puso a caminar y después se fue a su cama.

Doña Mercedes dijo que cuando ella ingresó al aposento de Manuel eran como las 4 de la tarde, pero antes Eugarrios se había quitado el pantalón porque sentía que se estaba ahogando y le pidió a la empleada que le mojara los brazos, “pero yo vi que ya no respiraba”. Manuel murió en su cama.
Periodista combativo y democrático
Thelma Nidia Guerrero, veterana periodista, destacó que Eugarrios fue también un incansable luchador antisomocista y que en 1978 llegó a ser el Presidente del Sindicato de Radioperiodistas de Managua, organización que fue la antesala histórica de la Unión de Periodistas de Nicaragua (UPN).

Recuerda que Manuel fue galardonado por su monografía de grado sobre Ética Periodística, en los tiempos en que la Escuela de Periodismo estaba en las inmediaciones del cine Salazar, en la Managua que destruyó el terremoto de 1972.

Cumplió un viejo sueño

También recordó que recientemente, Manuel se dio el gusto que siempre manifestó: regresar a la España donde había cursado estudios a comienzos de los años 60, siendo empleado del Ministerio de Hacienda de la época, gracias a una beca que obtuvo del gobierno de René Schick. Quería regresar a España alguna vez antes de morir, para volver a recorrer los viejos monumentos, los museos, las grandes avenidas de Madrid, y las tabernas que había frecuentado en compañía del poeta Carlos Martínez Rivas.

Y según dijo hace dos semanas, durante una tertulia con amigos, todavía logró encontrar con vida en la capital española a ciertos taberneros que conversaban con ellos y escanciaban sus copas.

Ese viaje, Manuel lo financió con las prestaciones recibas de la Asamblea Nacional al dejar su cargo como Director del Diario de Debates, cargo que ocupó en 1992, cuando dejó de trabajar como jefe de información de EL NUEVO DIARIO, colectivo del que fue fundador en abril y mayo de 1980.

En septiembre pasado, Eugarrios celebró su cumpleaños 72 en su casa, al cual asistieron varios periodistas “de la vieja guardia”, entre ellos el ahora asesor económico del gobernante, Bayardo Arce Castaño. Según Thelma Nidia, ayer por la mañana habló con Manuel, quien le aseguró que este viernes estaría en la fiesta navideña del Colegio de Periodistas de Nicaragua.

En EL NUEVO DIARIO se recuerda que Manuel, como jefe de información, fue siempre muy estricto, y en cierto modo intransigente, con la calidad de los escritos que revisaba de sus colegas más jóvenes, y pese a gustaba de la vida bohemia, fue siempre muy responsable en su trabajo.

Trabajando para el diario La Prensa, de Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, los escritos de Eugarrios establecieron en la prensa plana el género del periodismo parlamentario, siendo hasta ahora muy recordables sus crónicas analíticas y fogosas, y sus famosos “Asteriscos Parlamentarios”.

El periodista Raúl Arévalo, quien llegó a la casa de Manuel antes de las seis de la tarde, lo recordó “como un gran periodista parlamentario, por sus crónicas bien atinadas y objetivas. Siempre admiré su estilo periodístico-literario y su espíritu de superación, con el cual se ganó su derecho a ocupar un escaño como diputado”.

Era como su hermano

Reynaldo Castaño, conocido cariñosamente como “El Industrial”, quien era como hermano de Manuel, señaló que éste ya tenía sus buenos días de andar peleado con el dios Baco.

Ambos fueron amigos de infancia en el viejo barrio Santo Domingo, y el pasado siete de diciembre, cuando Reynaldo estuvo en casa de Manuel, se extrañó mucho de que éste no se tomara ni un solo trago.

Pero el gran susto se lo llevó ayer, cuando al llegar de su trabajo, su esposa le dijo en tono solemne: “Sentate porque te voy a dar una noticia bien grave”. Castaño recordó que Manuel era un excelente anfitrión, y que a sus cumpleaños llegaban hace varias décadas el doctor Pedro Joaquín Chamorro, el doctor Danilo Aguirre, Emigdio Suárez, Rodolfo Tapia Molina y otros viejos robles del periodismo.

La Dirección de EL NUEVO DIARIO, el colectivo de Redacción y todos los trabajadores de este rotativo están impactados por la inesperada muerte de su fundador, periodista y ex funcionario de Redacción, Manuel Eugarrios Velásquez, y extienden su más sentido pésame a la familia doliente, pero también a los hombres y mujeres de prensa de Nicaragua.

Periodista laureado y escritor impenitente
El merecido reposo de una pluma infatigable
* La gesta periodística de la toma del Palacio
Ernesto Aburto M.

Quienes hoy lloramos la muerte de Manuel Eugarrios sólo tenemos el pequeño consuelo de que falleció en el pleno uso y disfrute de sus capacidades físicas e intelectuales hasta el último minuto, y que su muerte digna, como inicio de un reposo más que merecido, fue una prueba más del coraje con el que supo “mantener a raya” a sus 72 años de edad, y que lo hizo escribir incansablemente en contra de las injusticias y en favor de su pueblo y de su patria.

Después del 22 de agosto de 1978, cuando quedó atrapado en el Palacio Nacional tomado por el “Comando Rigoberto López Pérez” que jefeaba Edén Pastora, Manuel también supo vencer la fatiga del hambre, la tensión acumulada por varios días, el cansancio y la sed, para pasar directamente a su escritorio del diario La Prensa, y escribir el formidable reportaje de aquella gesta ilustrado con las fotos de su inseparable Cruz Flores.

Uno con su libreta y otro con su cámara en ristre, ambos ahora caminan unidos en “los verdes campos del edén”, como diría un famoso dramaturgo español, a la caza de otro buen reportaje. Porque el reportaje de la toma del Palacio Nacional que La Prensa destacó a ocho columnas tras la liberación de los rehenes y la solución de la crisis, una semana después, enriquecido, corregido, ampliado y convertido en libro, llegó a ser un auténtico best-seller al venderse más de 50 mil ejemplares en una sola semana entres los lectores nicaragüenses, y otros tantos en Centro y Sudamérica, después que las casas editoras pagaran sus respectivos derechos de autor.

Aquella vez, mientras el hombre convertido de pronto en héroe de la Redacción, fatigado y barbón daba los primeros teclazos de su reportaje, me cupo el honor de ir en compañía de Armando Gómez, chofer del director Xavier Chamorro, a recoger su automóvil Datsun 100-A que, después de la desbandada, había quedado solito y abandonado en una esquina de la Plaza de la República, hoy de la Revolución.

A Manuel le sobrevino la muerte cuando ponía el título de su postrer artículo, dedicado como un símbolo a la dignidad y a la combatividad del Periodismo. Escribir hasta el último suspiro, ser inclaudicable con la defensa del gremio y del pueblo hasta las últimas consecuencias, y ser intransigente defensor de la buena calidad expresiva, y en fin, ser periodista con todas las letras de esa orgullosa palabra, es acaso el mejor legado que nos deja Manuel. Hasta pronto hermano.

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