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Después de un breve recuento evaluativo de los 45 años de vida matrimonial, hemos identificado la formación de los hijos como una de las tareas más difíciles que nos ha tocado llevar a cabo. La frase conclusiva fue “en mis tiempos de niñez era diferente, o te sometías a la disciplina de los padres o te caía la faja”. Un joven psicólogo refiere que este tipo de expresiones atiende a la creencia espuria “todo tiempo pasado fue mejor”.

Aristófanes, famoso comediógrafo griego, que vivió 4 siglos antes de Cristo, escribió: “Los viejos tiempos en que se les veía a los niños pero no se les oía, llevaban una vida sencilla, eran bien educados”. Esta frase pronunciada por Aristófanes, hace miles de años, se puede escuchar hoy en día, tiene vigencia en las creencias de millones de personas.

Este tipo de creencias, erróneas a mi juicio, que se vienen trasladando a través de los siglos, guían las relaciones de autoridad entre padres e hijos. En el ADN de estas relaciones de autoridad se encuentran creencias tales como: el padre o madre que le pega a un(a) hijo(a) lo hace por amor, para corregirle.

Los entendidos en el tema establecen tres estilos de crianza: 1) Permisivo: los padres conceden libertad sin límites; 2) Autoritario: establecen límites sin ninguna libertad; 3) Democrática: establecen límites y dan libertades dentro de dichos límites.

Pareciera que en nuestra sociedad los estilos de crianza autoritarios están bien arraigados. Los padres autoritarios pretenden moldear y controlar el comportamiento y actitudes de hijas e hijos de acuerdo con normas de conducta absolutas motivadas por consideraciones ideológicas, como la mencionada anteriormente; o a interpretaciones equivocadas de versículos bíblicos que por cierto, mandan a corregir no a maltratar. Estas interpretaciones, por demás acomodadas, favorecen medidas punitivas (pegar, golpear) para frenar la propia voluntad de niños(as) en aquellos puntos donde acciones o creencias entran en conflicto con lo que se cree que es la conducta correcta, niños y niñas deben aceptar las palabras de los adultos sin discusión.

En Nicaragua se ha promulgado un Código de la Niñez y la Adolescencia que tiene entre otros fines: “Asegurar protección integral a niñas, niños y adolescentes, reconociéndoles sus derechos y respetándoles plenamente sus libertades y garantías como personas”.

Para que este código sea efectivo, es necesario que se ponga en marcha una campaña de educación orientada a renovar creencias erróneas que inducen a los adultos hacia estilos de crianza autoritarios, sustituyéndolas por creencias que conduzcan a estilos de crianza democráticos.

La Biblia en Romanos 12:2 dice: “No se adapten a las cosas de este mundo (comportamientos que se han venido practicando y se practican), antes bien, transformen sus conductas mediante la renovación de creencias, para que conozcan la perfecta y agradable voluntad de Dios para sus vidas”.

Pidámosle a Jesús que nos dé fortaleza para vencer obstáculos en el proceso de cambio, el estilo de crianza democrático contribuirá a una relación cada vez más afable y gratificante para hijos(as) y padres. Dígale: Señor Jesús abro mi corazón y le acepto como Señor y Salvador de mi vida, quiero cambiar, le pido que me respalde.

Queremos saber de Uds. Les invitamos a escribirnos al correo crecetdm@gmail.com