•   Jinotega, Nicaragua  |
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Familiares,  amistades, autoridades municipales, religiosas, el gremio de periodistas, organizaciones conyugales, población en general, acompañaron ayer hasta el campo santo a Mario Antonio Zelaya, popular periodista de radio y televisión, quien falleció la noche del “Viernes de Dolores” luego de un prolongado padecimiento cardíaco, que hace dos años le mereció una cirugía de corazón en Colombia.

Mario, profesional de la información, fue un personaje muy humilde, educado, servicial, popular, lo que le valió el aprecio, respeto y la admiración de la población.

Como un reconocimiento a su dinamismo y a su solidaridad gremial, Mario era llamado muy cariñosamente, por sus compañeros y compañeras de labor, con humor y con respeto: “El Pequeño Gigante”.

Y es que, Mario, era bajito de estatura corporal, pero gigante en cuanto a su entrega al trabajo periodístico, a recabar la información, al debido comentario, a compartirla con los colegas reporteros y con los medios de comunicación, pasándonos el relevante y diario acontecer a nuestros respectivos correos. Era Mario, el solidario.

De tal manera que quien fuera el conductor del programa televisivo “Alternativa Dos Mil”  y luego de otros espacios noticiosos, deja el dolor natural a su padre, profesor Reynerio Zelaya, a su mamá, señora Amparito Zelaya, a su esposa, Ana Francis Hernández, a sus hijos, entre ellos el mayor, Mario Isaac Zelaya.

El fallecimiento de este respetado y apreciado periodista deja luto a la población jinotegana, por cuanto un hombre dedicado a ejercer tan difícil arte y trabajo profesional de la información, es un artífice y soldado permanente, apóstol admirado en el diario bregar por la consolidación y la permanente vigencia de la libertad de expresión, como el más grande y preciado tesoro, garante de todas las libertades y derechos del pueblo.

Homenaje en Alcaldía
Mario, de cincuenta y cuatro años, fue despedido hoy, Domingo de Ramos, con una misa en la iglesia parroquial de “Nuestra Señora de los Ángeles”, celebrada por el padre Rafael Ríos, quien le dedicó una muy inspirada homilía, en la cual resaltó los valores de humildad, amabilidad, y de la total entrega a su labor profesional, con la que supo ganarse el respeto del pueblo y de las autoridades.