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Aunque cinco viviendas pueden parecer poco, para las personas que habitan en casas hechas con tablas, plástico y cartón, significan el inicio de una nueva vida, una vida con un techo digno. Ésta es la manera como ha iniciado el proyecto “Un techo para mi país”, de origen chileno y que llegó a Nicaragua hace tan sólo tres meses, pero que ya está cambiando la vida de muchos habitantes del asentamiento 30 de Mayo.

Este proyecto nace en 1997, en Chile, como una iniciativa de jóvenes universitarios que buscan una forma de dar respuesta inmediata a la pobreza que se vive en ese país y que ven que no es necesario esperar a que el gobierno u otros organismos decidan actuar.

Así que con empeño, entusiasmo, pero sobre todo con mucha solidaridad, se unieron para combatir la falta de una vivienda digna, y comenzaron a construir casas para personas que sobreviven en extrema pobreza en Chile. Pero ya en 2001 se dieron cuenta de que éste es un problema de toda Latinoamérica, y se expandieron hacia otros países, tales como Argentina, Ecuador, México, El Salvador, Guatemala, Costa Rica, Panamá, Colombia, Perú, Uruguay, Brasil, Paraguay, República Dominicana y recientemente a Nicaragua.

Al país llegaron en septiembre, y en el proyecto están participando jóvenes de la Universidad Centroamericana, del Instituto de Estudios Superiores, Universidad Americana, Thomas More y Ave Maria College, además de algunos voluntarios de Costa Rica, El Salvador, Alemania, Guatemala y Chile.

Responsabilidad
social empresarial
“Un techo para mi país” es posible gracias al financiamiento de la empresa privada, que responde a este proyecto como parte del programa de responsabilidad social empresarial, también es auspiciado por organismos no gubernamentales, y en el caso de Nicaragua se realiza gracias a un apoyo internacional. Para el año próximo algunas empresas nicaragüenses interesadas en donar se han comprometido a financiar el programa.

Según explica Javiera Serani, Directora de “Un techo para mi país”, estas casas son prefabricadas, con una medida de 18 metros cuadrados, y aunque sus construcciones no requieren de muchos conocimientos, en el proyecto cuidan hasta el más mínimo detalle. “Es cierto que solamente somos gente joven, pero por cada cuadrilla de trabajo hay un responsable que ya tiene experiencia en construcciones anteriores, además, capacitamos a los voluntarios, de modo que no pongamos a nadie en peligro”, aseguró Serani.

En el proyecto están participando 60 voluntarios, unos 11 por cada cuadrilla. Algo importante que Serani señaló es que cuando hicieron la convocatoria para empezar el proyecto, no imaginaron que tantas personas estarían dispuestas a participar, ya que hasta tuvieron que dejar fuera a varios voluntarios porque ya no había cupo.

Seguirán construyendo
Serani afirma que este proyecto irá en aumento, “el año que viene vamos a regresar a construir más casas, en febrero serán unas 11, en abril 25, en mayo 35, y en diciembre unas 50 casas”.

El voluntario Carlos Aguilar, estudiante de la Universidad Centroamericana, es parte del área de detección y asignación de “Un techo para mi país”, que tiene a su cargo detectar los posibles barrios donde ejecutar el proyecto, y a la vez asignar a las familias tomando en cuenta varios criterios. “Tenemos que ver la cantidad de niños que habitan en la vivienda, el material de que está hecha la casa, si hay mujeres embarazadas o ancianos, y si tienen el espacio disponible para la construcción.

Para seleccionar a las familias que serán beneficiadas con las nuevas viviendas, también realizan una encuesta donde cada pregunta tiene un puntaje con el que se miden las condiciones y necesidades, de esta forma eligen a aquellas familias que lo requieran con más urgencia.

Aguilar explicó que él se dio cuenta de este proyecto a través de un amigo, y que en su primera participación viajó junto con otros muchachos nicas a las construcciones que se estaban realizando en Guatemala, en octubre de este año. También dijo estar “bastante satisfecho por ayudar y trabajar tan cerca de la gente, porque reconozco que hay más necesidades de las que yo creía”.

Meyling Álvarez, beneficiada con este proyecto, dice sentirse muy contenta de ver que hay personas que se preocupan por los demás. “Todo esto que están haciendo es un verdadero milagro, yo nunca esperé que nos viniera una ayuda así, y la agradezco porque sé que no a todo mundo le llega una oportunidad como ésta”, finalizó Álvarez.

Sofía Vindas, originaria de Costa Rica, es voluntaria del proyecto desde hace dos años y ha participado en construcciones en Argentina, Chile, México, Costa Rica y Nicaragua. “Cuando me di cuenta que veníamos a Nicaragua, me emocioné mucho, porque es un país hermano y la verdad no hay diferencias, la pobreza que mirás aquí es la misma que mirás allá, así que por supuesto, me apunté para ayudar” expresó Vindas.

“Un techo para mi país” ha logrado unir a jóvenes de distintos países por una causa llena de amor hacia el prójimo. Jóvenes que están seguros que con su aporte pueden empezar a cambiar las cosas sin depender de las decisiones de los gobiernos.

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