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- Primera entrega -

“La primera vez que sembré un árbol fue a los doce años”, dice Eduardo Vigil mientras señala un área verde de la Reserva Forestal Niscagua, un paraíso natural que fundó hace algunos años.

Recuerda que sus padres le regalaron una manzana de la propiedad que tenían en la Carretera Masaya y él para darle utilidad decidió sembrar árboles de caoba. Cree que desde esa edad obtuvo conciencia de la importancia de preservar los recursos naturales y “dejar de pensar en el corto plazo”.

Hace unos años, cuando se jubiló, decidió dedicarse a cumplir su sueño de vivir ecológicamente amigable con su entorno. Por eso adquirió una propiedad en la comunidad La Gloria, cercana a su casa de verano ubicada entre El Velero y El Tránsito.

El suelo de esa propiedad era árido, pues se encuentra en una de las zonas más secas del país, donde predominan terrenos arcillosos con poca vegetación, sobre todo en época de verano.

Sin embargo, Vigil se imaginó que podía darle “un toque verde” buscando la manera de hacer crecer vegetación en las 65 manzanas que conforman esa propiedad.

La idea

Su perspectiva cambió cuando se informó sobre una forma novedosa de hacer crecer árboles y preservar cosechas en tierras hostiles. Se trata de la construcción de un reservorio para almacenar el agua de lluvia que drena de los territorios cercanos y que se ha aplicado desde hace años en países africanos y asiáticos con sequías severas.

Después de leer unas 20 mil páginas sobre “cosecha de agua”, como se le conoce a este sistema, este hombre que dedicó la mayor parte de su vida a la ingeniería industrial, decidió crear su propio reservorio de agua.

Este sistema de almacenamiento de lluvia es una alternativa que están aplicando algunos productores del mundo para garantizar la generación de alimento durante la época de verano y disminuir los costos de operación. Pero en su caso, su misión es sembrar miles de árboles.

Paisaje verde

La capacidad del reservorio que construyó Vigil es de 85 mil metros cúbicos de agua que utiliza para el riego de más de 9,200 árboles. Lo construyó desde hace cuatro años y durante tres inviernos ha recolectado toda el agua de lluvia posible.

Invirtió 20 mil dólares en la construcción del reservorio que se asemeja a una laguna de cinco hectáreas de agua con la que ha logrado disminuir totalmente los costos del riego de las 16 especies de árboles que sembró en la Reserva Forestal Niscagua.

También instaló un sistema de energía solar para ahorrarse unos 4 mil córdobas mensuales que gastaba en bombear el agua del reservorio.

“La idea de este proyecto es demostrar a los vecinos de la zona que es viable sembrar árboles en esta zona y sobre todo dejar un legado verde para futuras generaciones, porque todos debemos empezar a pensar en el futuro del planeta”, insiste.

Los árboles frutales, de madera y de flores están sembrados en seis parcelas en toda la reserva. Cada parcela recibe durante ocho horas, agua una vez cada cinco días, lo que garantiza que mantengan la humedad.

“Probamos dándole dos horas y aumentando la frecuencia de riego, pero con el sol se evaporaba el agua muy rápido así que examinamos darle más tiempo para garantizar el crecimiento y poniéndole zacate a cada uno para que mantengan la humedad hemos logrado que empiecen todos a crecer”, explica Vigil.

Con el volumen de agua almacenada el propietario de esta reserva forestal garantiza que durante toda la época seca del año a cada árbol se le rieguen unos 32 litros de agua cada semana. A la semana se utilizan unos 120 mil litros de agua para regar los más de 9,200 árboles.