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Segunda y última entrega

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El paso de las personas en la reserva de biosfera de Bosawas y los impactos  del cambio climático pasan una factura demasiado cara al llamado “pulmón” de Nicaragua y Centroamérica.

Tan es así que de acuerdo a consideraciones de organizaciones ambientalistas de Nicaragua, en cuestión de 20 años esta franja podría cambiar su condición de bosque tropical húmedo a bosque seco.

“La reserva de biosfera de Bosawas, que ahora mismo es ciento por ciento bosque húmedo tropical, en el año 2036 aproximadamente la mitad se habrá convertido en bosque seco tropical”, manifestó Víctor Campos, vicepresidente del Centro Humboldt.

Y es que según campos las afectaciones provocadas por la extracción de madera en la zona, el avance de la frontera agrícola y la migración de personas del Pacífico hacia el terreno están provocando cuantiosos daños.

“Hay algo que se conoce como zonas de vida, las cuales están determinadas por ciertas variables, tales como la cantidad de precipitaciones, temperatura y ambiente que se desarrolla en ciertas zonas del país, pero las variaciones climáticas están incidiendo en estos parámetros y modificándolos”, externó Campos.

Y agregó: “¿Ahora, cómo serán estos cambios? ¿qué especies se van a adaptar? ¿cuáles no? Son respuestas que aún no lo sabemos, pero de lo que sí estamos claros es que el país como tal tiene un gran reto para ver cómo este cambio en las condiciones agroclimáticas del país incidirán en el deterioro de las condiciones de biodiversidad presentes en la reserva”.

A paso rápido
Por su parte, Camilo de Castro, voluntario del movimiento ambientalista Misión Bosawas, agregó que la situación que experimenta la reserva de biosfera es compleja por varias razones, la primera de ellas por la falta de beligerancia por parte de las autoridades para frenar la sobreexplotación del territorio.

“Hay que entender que esto es un problema de nación y que como tal no se puede resolver con movimientos aislados, sino con una alianza y estrategias impulsadas desde los sectores público y privado”, mencionó De Castro.

Según el ambientalista, desde 1987 Bosawas ha perdido 580,000 hectáreas de bosques, de las cuales 280,000 se han perdido en el lapso de los últimos diez años.

“En los últimos diez años se ha acelerado el proceso de deforestación, es un proceso alarmante. Anualmente se pierden 42,000 hectáreas de bosques, esto quiere decir que hemos destruido aproximadamente la mitad de Bosawas”, refirió De Castro.

Según De Castro y la información que tiene el movimiento, la zona núcleo de la reserva ha sufrido daños en aproximadamente el 15 por ciento.

Esta zona núcleo comprende la mayor extensión de la reserva (8,065.93 kilómetros cuadrados) y está integrada por seis territorios protegidos: la Reserva Natural Bosawas, que incluye el Parque Nacional Cerro Saslaya; la Reserva Natural Cerro Cola Blanca, la Reserva Natural Banacruz, el Macizo de Peñas Blancas y la Reserva Natural Cerro Kilambé.

De hecho, datos de la Fundación Nicaragüense para el Desarrollo Sostenible Bosawas, el total del bosque que se ha perdido en la zona núcleo de la reserva alcanza 970.81 kilómetros cuadrados.

El suelo también sufre
Bismark Mendoza, representante en el país de la Alianza Mundial por el Suelo, indicó que en el caso concreto de la reserva de biosfera los impactos que se pueden generar abarcan no solo la cantidad de bosque perdido o la transformación de las características del mismo, sino que también el suelo sufrirá transformaciones.

“El bosque está sufriendo impactos, la deforestación ha llegado a una parte importante del núcleo de la reserva, pero hay que entender que el avance de la frontera agrícola incide también, el agricultor que llega a la reserva comienza a talar los bosques, pero también comienza a dar un tratamiento distinto al suelo del lugar”, refirió Mendoza.

Aire para el “pulmón”

ESFUERZO • Para mitigar el impacto que el despale tiene sobre la reserva de Bosawas, desde el Centro Humboldt se ha desarrollado un proyecto dedicado a reforestar y promover el cultivo de cacao orgánico en la zona.

“Estamos trabajando este proyecto desde el año 2012 con aproximadamente 40 pequeños productores de cacao autóctonos, 36 son mayangnas y cuatro miskitos. El propósito es cultivarlo de manera natural y de esta manera obtener carbono certificado que podamos tranzar en los mercados internacionales”, explicó Brenda Aguilar, técnica del proyecto.

De acuerdo con la explicación de Aguilar, este proyecto ha permitido obtener cerca de 7,600 toneladas de carbono certificado, los cuales están procurando comercializarlos para desarrollar proyectos que permitan reforestar y mitigar el impacto en la reserva.

“Nicaragua no es conocida como un país que emita grandes cantidades de carbono, y al tener esta gran cantidad de carbono certificado se puede vender a empresas interesadas en reducir el impacto de sus propias emisiones de carbono, a través del financiamiento a pequeños proyectos como este que reduce el efecto del cambio en el ambiente”, expresó Aguilar.

42 mil hectáreas de bosque pierde anualmente Bosawas, afirman organizaciones del ambiente.