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Cuando se abrió la calle del costado norte del antiguo Cine González, una masa de gente avanzó en estampida hacia la Plaza de la Revolución, tumbando con fuerza todo lo que encontraba a su paso para llegar hasta el juguete prometido a sus hijos.

Al pasar la muchedumbre, que la Policía calculó entre cuatro mil y cinco mil personas, a su paso dejó gente desparramada, cuerpos retorciéndose en el suelo, gemidos, niños atacados en llanto, gritos, furia. Un huracán humano había pasado.

Un señor corrió a recoger a una niña morenita que yacía en el suelo pisoteada. Entre sus brazos, parecía una muñequita de trapo aguadita, con la cabeza ensangrentada. La jovencita aparentaba nueve o diez años. Fue llevada de emergencia al Hospital “Vélez Paiz” con problemas respiratorios, relató el bombero que la auxilió.

Los niños perdidos

Niños perdidos deambulaban desorientados por todas partes, gritando, desolados, con los ojos vidriosos, buscando por todos lados, llamando a sus progenitores.

“En cinco minutos nos llegaron decenas de personas lesionadas, niños golpeados, desmayados, asfixiados”, dijo apresurado el bombero voluntario Gerald Salgado, mientras atendía a una niña que recibió un golpe en la cabeza con un tubo, cuando intentó penetrar la multitud de acero que reclamaba su juguete.

“Está aturdida no le hablés”, dijo Salgado, protegiendo a su paciente que lloraba desconsolada por la ausencia de su madre.

Una niña que se identificó como Xóchitl, relató que la gente la tumbó cuando los policías quitaron las vallas. “La gente me pasó encima”, relató entre sollozos la menor de 12 años que no quiso dar más detalles, porque había salido sin permiso de su casa y estaba perdida en ese momento.

Los bomberos situaban a los niños perdidos a sus pies, no los dejaban moverse, trataban de consolar a los más pequeños que aparentaban cuatro o cinco años. Madres también llegaban desesperadas, buscando a un hijo o sobrino que se les había perdido de su “rebaño” de cinco o seis infantes. Todos los niños con los ojos abiertos, sin entender la confusión y preguntándose unos a otros por qué aún no tenían su juguete.

Las más precavidas progenitoras avanzaban con sus hijos entre la multitud, encadenados todos de las manos, formando una fila india: “Agárrense duro, cuidado se sueltan chavalos”, les decían a sus vástagos las cuidadosas mamás, mientras avanzaban entre el mar de gente que se impulsaba en la masa humana que buscaba un juguete, así como las almas en pena intentan en puntillas desesperadas alcanzar la salida del infierno.

Desde las tres de mañana
Pero no todas las madres tuvieron la fuerza para esperar el regalo prometido a sus hijos. Teresa del Carmen Avilés López llegó a las 3:00 de la mañana desde Ciudad Sandino para hacer fila con sus dos hijos de cinco y cuatro años.

La joven mamá de 23 años desertó a las 6:00 de la tarde, cuando a empujones logró salir de la asfixia de la masa de gente, que parecía un gran monstruo sacudiéndose y gimiendo. Avilés atendió el llanto de su hijo Beyker que le pidió con los ojos grandes: “Ya me quiero ir a la casa”, mientras le secaba el sudor de la frente a su otra hijita asustada.

Digna Gutiérrez, que llegó con sus tres hijos desde el barrio Las Torres, le gritó a los policías que dejaran de golpear a la gente.

“Estos hijos p… policías están golpeando a todos los niños”, gritaba doña Digna, mientras se aferraba a su hijo menor que cargaba en brazos. Como Gutiérrez, mucha gente vociferaba contra los medios de comunicación oficialistas, que habían anunciado desde el martes que todo se realizaría con orden.

Fue como a las nueve de la noche que comenzó a salir la gente --los que pudieron-- con muñecas, juguetes y una bolsa de provisión entre los brazos. “Más de cinco mil personas por un juguete es un gran sacrificio”, dijo doña Lisset Beteta, quien no se quedó a esperar más tiempo y se llevó a empujones a sus tres hijos, quienes no se querían ir sin el regalo prometido.

El gobierno del presidente Daniel Ortega entregó ayer 350 mil juguetes a los niños de todo el país. En Managua, algunas personas estuvieron haciendo fila desde las 3:00 de mañana en la Plaza de la Revolución, ubicada frente la antigua Catedral de la capital, para adquirirlo. También se realizaron 60 mil piñatas en los barrios capitalinos y en los municipios del país.