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María Elena Dávila es la coordinadora de la Red de Trabajadoras Sexuales (RedTraSex-Nicaragua), organización que recientemente “dio un salto histórico” en Latinoamérica y El Caribe al lograr que 18 de sus  integrantes hayan sido nombradas facilitadoras judiciales acreditadas por la Corte Suprema de Justicia.

Dávila reconoce esto como un avance, pero dice que aún falta mucho por hacer en pro de los derechos de las 2,300 trabajadoras sexuales organizadas a las que representa.

Indicó que el reto de la organización es capacitar a todas sus integrantes y empoderarlas para “que un día todas podamos hablar y podamos defendernos”.

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Representar y ser la voz de 2,300 mujeres es un compromiso muy grande…
Y quisiera representar a todas las que hay, que son 14,486 a nivel nacional.

Ciertamente la acreditación marcó un hito histórico a nivel nacional e internacional, ¿pero ustedes cómo lo valoran, es el comienzo o el fin de una lucha?
Es un inicio, porque vamos por más.

¿Qué más les falta?
Nosotras queremos llegar a ser parte del gremio laboral, queremos estar incluidas donde están todos los trabajadores del país.

¿Qué implicaría ese reconocimiento: quieren tener seguro social?
A eso nos llevaría, porque si somos parte del gremio laboral, nosotras llegaríamos a tener los mismos derechos de los otros y otras trabajadoras.

¿Qué aportarán a la sociedad mediante la facilitación judicial?
Nosotras ya venimos aportando, porque por ejemplo, en el Ministerio de Salud hemos capacitado al personal de salud para que nos atiendan conforme a la Guía Amigable que elaboramos como Red. Esa guía ha bajado el índice de estigma y discriminación. Para nosotras es muy importante ser facilitadoras judiciales, además es un trabajo que ya veníamos realizando de manera empírica. El objetivo no es hacer un proceso largo, sino llegar a un arreglo satisfactorio y aparte de eso, contribuir a que la justicia se cumpla.

¿En qué casos trabajaban de manera empírica?
Cuando a una compañera se la llevaban detenida, nosotras íbamos al lugar donde estaba para investigar cuál era su situación, luego íbamos a la Procuraduría a pedir asesoramiento y acompañamiento. Así solucionábamos los problemas. Tenemos compañeras agredidas, ahora se les dará acompañamiento a la Comisaría de la Mujer; también tenemos compañeras que les han quitado a sus niños, entonces vamos al Ministerio de la Familia a acompañarla para ver cómo va el proceso y buscamos apoyo de la Procuraduría, --que siempre nos ha apoyado--, pero ahora que hemos llegado a acuerdos con la Policía, ellos también nos están apoyando cuando se da un caso. Nos llaman, no como antes, que no nos avisaban y no nos dejaban acercarnos ni nos daban información. Ya iniciamos un proceso: la compañera entró, no la querían atender, entonces presentó su credencial e inmediatamente la atendieron. Es de violencia, es un caso de tres hombres que agredieron a una compañera.

¿Qué potestades tienen cómo facilitadoras?
Nosotros lo que hacemos es dar ideas y buscar la mejor forma de resolver los conflictos, tratar de que salgan abrazados, nosotras no vamos a influir diciendo “decí esto o lo otro”, no, lo que vamos a hacer es mediar en casos leves.

¿Cuáles son esos casos leves?
Por ejemplo, nosotras tenemos conflictos entre compañeras por territorio, porque la una o la otra dijo, cosas así;  otras veces llegan las autoridades, porque alguien interpuso una denuncia y tal vez  la compañera no ha cometido ningún delito, pero se la llevan detenida.

Entonces nosotras tenemos que ir a ver qué pasó y ahí pueda ser que nosotras mediemos para ver la situación de las compañeras. A veces también hay algunos roces con dueños de negocios, ahí mediaríamos.

Usted mencionó que están tramitando un caso de lesiones…
En ese caso estamos dando acompañamiento, pero el proceso se va a llevar de acuerdo con lo establecido en la ley.

¿Actuarán en casos en los que le hayan quitado los hijos a sus compañeras?
Lo que se da es acompañamiento para interponer la denuncia y trámite de mediación. Tal vez en algunos casos vamos a estar como observadoras para fiscalizar que se haga justicia, que es lo que buscamos. Esta acreditación nos lleva a distintos tipos de casos, pero nosotras estamos claras que el delito que vamos a ver es el leve. En los otros casos en los que estén perjudicadas nuestras compañeras, vamos a estar como observadoras u acompañantes durante el proceso. Implica darle seguimiento para que no abandone el caso.

¿Qué falta por hacer en Nicaragua para que se sientan plenamente reconocidas?
Ya nos sentimos reconocidas, pero no tenemos un documento que diga a partir de este día las trabajadoras sexuales gozan de los mismos derechos que el gremio de los trabajadores. Lo vamos a lograr, porque ese es el reto, pero no puedo decir si hoy o mañana… Ahí estaríamos más felices de lo que estamos ahora. Ese sí sería el punto final, pero cada derecho va llevando a que demandés otro.

¿Hubo algún momento en el que pensaran que no iban a lograr la acreditación para las trabajadoras sexuales?  
No, fue todo lo contrario, fue algo que vino como en cascada: primero hubo un contacto, esa persona me dijo que había una propuesta para análisis, luego llegué y me la presentaron. Me preguntaron ‘qué decís’, yo le dije ‘voy con todo’.  No la pensé dos veces.

¿En el futuro, cuántas facilitadoras esperan tener?
No quiero ser demasiado optimista, porque este es un proceso. El deseo de fortalecerse como persona y como organización debe salir del corazón. El compromiso es prepararlas y que al final ellas decidan, por eso no puedo dar un número exacto, pero vamos a ser muchas, porque el proceso sigue. Yo mencioné que podían ser seis por cada municipio, pero lo dije porque uno tiene que soñar.

¿Existe algún choque o contradicción con el movimiento feminista en cuanto al trabajo sexual?
Aquí en Nicaragua nosotras no tenemos problemas con el movimiento feminista, nos han dado la mano. Hemos tenido experiencias muy bonitas con ellas, porque tienen un mundo diferente al de nosotras, pero al final lo que nos une es que somos mujeres. Tenemos muy buenas relaciones con ellas y estuvieron en el foro nacional de Regulación del Trabajo Sexual Autónomo y nosotras participamos en la marcha (del Día Internacional contra la violencia hacia la mujer) por primera vez; esas son cosas que nos vienen fortaleciendo.

Una mujer empoderada

María Elena Dávila, activista esteliana.
Edad: 51 años.

“Sí, soy una mujer empoderada con principios, que lucha por los derechos tanto a nivel personal como por el grupo”, afirma.
Aunque estudió una carrera universitaria en el área social, considera que “se ha alfabetizado” sobre género y derechos de las mujeres en la Red de Trabajadoras Sexuales de Latinoamérica y El Caribe, RedTraSex.