Jorge Eduardo Arellano
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Representantes de la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos (PDDH) y del Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (Cenidh), lamentaron los acontecimientos registrados el pasado 23 de diciembre en la Plaza de la Revolución, en donde miles de niños pobres, junto a sus padres, casi pierden la vida en busca de un juguete regalado por el gobierno.

El director jurídico del Cenidh, Gonzalo Carrión, hizo un llamado al presidente Daniel Ortega para que no juegue con la necesidad de la gente, y le recordó al mandatario que el Estado tiene la responsabilidad de garantizar la protección del pueblo y no lo contrario.

La entrega de juguetes del Pueblo Presidente se convirtió en un caos el martes pasado, resultando como víctimas principalmente los niños, que esperaban con ilusión su regalo de Navidad.

El director del Cenidh lamentó que lo ocurrido en esa entrega de juguetes se esté convirtiendo en un estilo del gobierno de Ortega. “De las lecciones se aprende”, expresó Carrión, para indicar que ésta es la segunda vez que ocurre un acontecimiento así.


El sello Ortega
“Algo parecido ocurrió en la celebración de la Virgen Purísima, cuando se le tiró chorros de agua a la gente”, recordó. “Éste ya es un estilo, es el sello del gobierno del presidente Ortega”.

Carrión admitió que es inevitable el amotinamiento de personas cuando se hace uso del regalo, pero también considera que para eso es que deberían existir los cuestionados Consejos del Poder Ciudadano, CPC.

El funcionario dijo que no se explica por qué el gobierno de Ortega reparte de esa manera lo que le quiere entregar al pueblo, cuando en cada barrio existe una estructura oficialista bien organizada.

“En el barrio, los CPC saben la cantidad de niños, tienen el control social, que los distribuyan por barrio, así se evitaría esa gran congestión”, explicó Carrión.

Agregó que no se debería jugar con la miseria de la gente, y que la responsabilidad del Estado es evitar consecuencias como las que ocurrieron el siete y el 23 de diciembre, cuando la gente salió lastimada por la necesidad y la pobreza.

El gobierno del Pueblo Presidente entregó 350 mil juguetes en todo el país en la víspera navideña. En la capital, una multitud comenzó a llegar a la Plaza de la Revolución, algunos desde las 3:00 de la mañana para recibir el juguete.

En los medios oficialistas se había anunciado que los regalos se entregarían a partir de las 2:00 de la tarde, sin embargo, a las 7:00 de la noche aún no se había hecho la entrega, y cuando la gente se desesperó provocó una estampida que dejó a miles de niños perdidos y a decenas de lesionados.


Pudo haber sido peor
El subprocurador para la Defensa de los Derechos Humanos (PDDH) Adolfo Jarquín Ortel, consideró “inhumano” el acto registrado en la Plaza de la Revolución en contra de los niños, y recomendó al presidente Daniel Ortega, que agradezca a Dios que no ocurrió una tragedia de grandes dimensiones.

“Solo preguntémonos: ¿qué hubiese pasado si por desgracia se moría algún niño o varios niños? Tuvimos una enorme misericordia de parte de Dios, porque pudo haber sido peor, que le den gracias a Dios que no cerramos el año con una desgracia de ese tamaño”, dijo Jarquín.

“Todo esto se puede evitar, porque el gesto es bueno, pero la mejor manera de hacerlo es distribuyéndolos por Distrito y en un pequeño actos simbólico del Ejecutivo a unos cuantos niños, pero no de esta manera irresponsable y hasta inhumana”, agregó.

En todo caso, señaló que para darse estos eventos deben tomarse condiciones de seguridad, sobre todo porque se trata de niños, y hay que ser especialmente cuidadosos cuando se trata de actividades que les incumbe a ellos.

“La gente concurre porque está pobre y necesita adquirir un juguete, porque por sus medios no es posible dárselos a sus hijos, y hay otra gente que incluso va a buscar el juguete para luego venderlo y con eso darles de comer a sus muchachos, es duro, pero así pasa también”, afirmó.


Situación fuera de control
Indicó que cuando se dan aglomeraciones de miles y miles de personas y no se toman las debidas precauciones, se les sale la situación de las manos, y eso significa violación a sus derechos humanos, en lo físico, psíquico y emocional, porque son eventos y recuerdos que marcan a los niños para siempre.

Recordó que el 7 de diciembre, día de “La Gritería”, había ocurrido algo similar, pero que al parecer no aprendieron esa lección. “Ese día, se armó un relajo y hasta chorros de agua les tiraron a las personas, en una acción absolutamente degradante y violatoria, y ahora pasó esto”, dijo.

Estimó que la PDDH debería hacer un llamado de atención al Ejecutivo para respetar los derechos de los niños y de las niñas. “No es posible que no nos pronunciemos, hacernos los ciegos con estas acciones degradantes que no se corresponden con la promoción de los derechos humanos”, señaló.