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  • AFP

Treinta y cinco años después que la bala de un francotirador impactara en su pecho, el arzobispo Oscar Arnulfo Romero será beatificado hoy en una multitudinaria ceremonia en San Salvador por impulso del papa Francisco, que lo eleva a los altares como modelo de una iglesia comprometida con la justicia social en América Latina.

Presidida por el cardenal Angelo Amato, prefecto de la Congregación de la Causa de los Santos y enviado especial del Papa, la ceremonia tendrá lugar a las 10:00 de la mañana (hora local) en la plaza El Salvador del Mundo, en el oeste de San Salvador.

Los preparativos para la beatificación comenzaron desde que el Papa firmó el 3 de febrero el decreto que reconoció a Romero como mártir de la Iglesia al ser asesinado por “odio a la fe”.

Desde el martes, la cripta de Romero en el sótano de la catedral de San Salvador comenzó a recibir fieles que depositan flores.

La causa para beatificar al pastor la inició en 1990 el sacerdote Rafael Urrutia, quien investigó durante tres años los escritos de Romero.

Fue necesario “dilucidar si fue asesinado por causas políticas o ideológicas o si fue un martirio por odio a la fe, por eso (el proceso) fue largo, llevó diez años (2000-2010)”, explica Urrutia.

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El proceso de beatificación de Romero, al que se oponían sectores conservadores, permaneció estancado por varios años, hasta que en abril de 2013 fue desbloqueado por el actual pontífice.

GUÍA ESPIRITUAL
La beatificación del arzobispo tomó fuerza en momentos en que la izquierda llegó al poder en El Salvador con el presidente Mauricio Funes, quien el 24 de marzo de 2010 pidió perdón en nombre del Estado por el magnicidio y declaró a Romero “guía espiritual de la nación”.

Ante el desagrado de la derecha, Funes bautizó con el nombre de Romero un moderno bulevar, el aeropuerto internacional y ordenó inmortalizar al pastor con un imponente mural en el salón de honor de la casa de gobierno.

“¿Qué significa para El Salvador y el mundo la beatificación? Significa que la verdad y la justicia social ahora son factores que van a estar presentes en la vida de El Salvador”, reflexionó el presidente Salvador Sánchez Cerén durante un reciente acto público.

(Romero) es un hombre de valores que pueden ser compartidos, no solo por los cristianos, sino por todo hombre y mujer que trabaja por una sociedad mejor”. Cardenal Angelo Amato, enviado especial del papa Francisco.

 

Monseñor Romero fue asesinado por un francotirador durante una misa en la capilla de un hospital para pacientes con cáncer en el oeste capitalino el 24 de marzo de 1980, un día después de dirigirse a los soldados en su homilía: “Les suplico, les ruego, les ordeno en nombre de Dios: cesen la represión”.

En 1993, una Comisión de la Verdad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) identificó como autor intelectual del crimen al mayor del Ejército y líder de la derecha local Roberto D’Aubuisson, quien murió de cáncer en febrero de 1992.

Con el asesinato de Romero se desató el conflicto armado que de 1980 a 1992 dejó en El Salvador 75,000 muertos y al menos 7,000 desaparecidos.

Devoción a toda prueba

VÍSPERA. Desafiando una fuerte lluvia y entonando cánticos, unas 4,000 personas entre salvadoreños y extranjeros, recorrieron en procesión las calles de San Salvador, ayer por la tarde, para rendir tributo a monseñor Oscar Arnulfo Romero, que será beatificado hoy.

La capital salvadoreña vivía un clima de fiesta este viernes, víspera de la ceremonia popular en que su figura más reverenciada, el asesinado arzobispo Oscar Arnulfo Romero, será elevado a los altares como beato de la Iglesia católica.

Las principales vías de la capital estaban adornadas con imágenes de Romero que en distintos idiomas dan la bienvenida a los visitantes a San Salvador, “sede de la beatificación”.

Algunas de las principales arterias capitalinas que rodean la Plaza Salvador del Mundo amanecieron cerradas, mientras se podía observar a decenas de de obreros instalando toldos, tarimas, pantallas gigantes y sistemas de sonido.

A un costado, una decena de jóvenes con guitarras y tambores danzaban y entonaban canciones religiosas, al tiempo que lanzaban gritos de “viva Romero”.

Muchos de los visitantes, salvadoreños y extranjeros, aprovecharon el clima festivo previo a la ceremonia para visitar los sitios históricos de Romero, recordado como “la voz de los sin voz” en un país marcado por las profundas desigualdades sociales y la violencia criminal.