Raúl Obregón
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La violencia verbal es tan dañina como la violencia física, sin embargo, pareciera existir una tendencia de las víctimas a ocultar este tipo de agresión. Quienes ejercen violencia verbal, generalmente son personas con bajos niveles de autoestima, que ante su incapacidad de mantener una relación en condiciones de igualdad de deberes y derechos, pretenden imponerse y controlar dicha relación por medio de la violencia.

Las personas que agreden verbalmente, generalmente lo hacen con aquellas que se muestran débiles, que con lenguaje verbal o corporal manifiestan temor al agresor, tienden a ser personas pacíficas y por lo tanto, no se defienden y no entienden las causas de la agresión de que son objeto.

La violencia verbal es ejercida utilizando diversidad de disfraces, hay quienes recurren a frases humillantes para referirse a sus víctimas y hacerlas sentir personas sin ninguna importancia (como “trapo viejo” decía una joven señora víctima).  

Hay abusadores que utilizan gritos, gestos amenazadores, pero también están los sutiles, quizá los que más abundan, que hacen comentarios aparentemente inofensivos, “graciosos”, generalmente escarneciendo a la víctima refiriéndose a características físicas, o de raza o de religión o económicas, o laborales, etc.

Es posible que la víctima sienta la necesidad de hacer una serie de tareas para que el abusador no tenga justificación para atacarla. Esta es una forma de defenderse del agresor, basado en el temor. La lógica imperante es evitar enfrentar el conflicto, con lo cual se aleja de la posibilidad de cambiar el ciclo agresor.

En estas circunstancias las personas maltratadas pueden presentar algunos síntomas como alteraciones del sueño, problemas de estómago, trastornos de la alimentación, irritabilidad, depresión, ansiedad, dolor de cabeza, falta de apetito, pensamientos destructivos como el deseo de morir, entre otros.

Al quedar al descubierto la violencia ejercida, dadas las evidencias y/o producirse la intervención de terceras personas en apoyo a la víctima, el abusador opta por esgrimir argumentos que pongan a la víctima en una posición de exceso de sensibilidad, de exagerar los problemas, y con su estilo particular recurre a la burla endilgándole motes peyorativos. Con esta actitud pretende negar que esté provocando daño a la víctima, evitando toda posibilidad de apoyo, venga de donde venga esta opción, para enfrentar y buscar solución al problema; evadiendo de esta manera cualquier situación que le lleve a aceptar su condición de agresor y le induzca al cambio.

En estas circunstancias la víctima tiene que tomar conciencia que debe tomar el timón de su vida y que por amor propio debe poner un alto a esta situación cuasi enfermiza de víctima/agresor expresada en agresión verbal.

A como sugieren algunas(os) expertas(os), la víctima debe establecer límites y hacerle saber con toda claridad y sin temor, no estar dispuesta(o) a escuchar más los insultos y comentarios ofensivos y dañinos.

Es importante que las personas víctimas de agresión verbal recurran a ayuda profesional que contribuya a enfrentar y resolver el problema e iniciar un proceso de sanación emocional.

Si usted está enfrentando una situación de agresión verbal, pídale a Dios que le guíe y le llene de su amor para contar con la entereza y valentía para romper el círculo vicioso en que se encuentra.

Queremos saber de ustedes, les invitamos a escribirnos al correo; crecetdm@gmail.com