Jorge Eduardo Arellano
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Barcelona
Muchas personas que han perdido a alguien muy querido, cuando llegan fechas señaladas como la Navidad o su aniversario, se hunden irremisiblemente en la congoja y la tristeza. “No puedo ver las luces navideñas, no puedo salir a la calle”, explica Julia. A esta mujer se le murió el marido hace tres meses y se encuentra haciendo terapia.

La cena en familia se convierte en un auténtico tormento, viendo el asiento vacío de ese ser desaparecido. Algunos deciden cambiar el escenario geográfico y se marchan de viaje, no para evitar el mal trago, sino para vivirlo de forma diferente. Sobre todo es doloroso cuando se encuentran en el proceso del duelo, y este tipo de sufrimiento no es ningún trastorno mental”, señala José María Argüello, psiquiatra de la Unidad de Estrés Traumático del Hospital Vall d'Hebrón de Barcelona.

Como bien explicaba la psiquiatra estadounidense Elisabeth Kübler-Ross, una de las autoridades mundiales en el tratamiento del duelo y en el acompañamiento de los enfermos terminales, “cuando se pierde a un ser querido se entra en un proceso de duelo, dificilísimo de vivir, es algo natural y adaptativo, no es una enfermedad ni algo raro, y es necesario vivirlo. Cuando perdemos a alguien muy querido se nos rompe nuestro mundo por dentro, ya no volvemos a ser lo que éramos nunca más. El duelo supone reconstruirnos por dentro y volver a encontrar sentido a la vida, y que tenemos que proyectar de nuevo, y es algo muy costoso, que supone mucho tiempo y esfuerzo”, dice la psicóloga Magdalena Pérez, especializada en procesos psicológicos de duelo y que trabaja para el Teléfono de la Esperanza, que imparte un master conjunto con la Universidad Pontificia de Comillas.


De la rabia al miedo
Es muy difícil manejarse con los sentimientos que son muy intensos, que son muy duraderos en el tiempo y complicados, que van desde la rabia intensa, soledad y tristeza profunda, de miedo. Cuando eso cuesta y cuando la relación tenía un vínculo muy estrecho, es peor, y algunas personas se atascan en duelos complicados: tienen que ver con que uno busca evitar o retrasar, o incluso anular, vivir la experiencia del duelo, de no sentir dolor. Una cosa es el duelo individual, pero no se suele tener en cuenta el duelo familiar, añade Pérez: lo que viven juntos todos los miembros que han perdido a uno.

En el entorno en el que vivimos solemos vivir los duelos solos, y cuando nos encontramos todos juntos no sabemos hacerlo y esto complica mucho los duelos. 'En la cena de Nochebuena o de Navidad, todos con el nudo en la garganta y con mucho dolor, recuerdos y tristeza, pero que nadie diga nada sobre los recuerdos, lo que ha sucedido, y si uno empieza a llorar enseguida se tapa'.

En otras familias se mantiene la persona que no está, y se le pone el plato. Se recomienda que cada uno necesite su tiempo para ajustarse a la realidad de la persona que no está y no volverá. Unos se pueden ajustar en dos meses y otros en ocho, y hay que respetarlo. Y si año a año se espera a la persona desaparecida es que algo sucede. Y hay que encontrar la forma de compartir en familia esta situación.