•  |
  •  |
  • END

La alegría de la fiesta de fin de año fue rota abruptamente en Las Américas 2, donde tres
mujeres de distintas edades perecieron bajo las balas de pandilleros que interrumpieron el saludo entre vecinos.

Según las autoridades, antisociales de “La Ceiba” respondieron a la agresión de un vecino pandillero de las ahora víctimas, y llegaron poco después de finalizada la canción “Faltan cinco pa’ las doce” a repartir balas entre las inocentes personas que celebraban la llegada del año nuevo.

La población de Las Américas 2 lucía conmocionada ayer tras la masacre que enluta a varios hogares y que recuerda las terribles refriegas entre narcotraficantes que asolan a poblaciones fronterizas de la hermana república de México.

Seis sujetos detenidos es el resultado del operativo realizado por la Policía, tras la jornada sangrienta ocurrida la madrugada del primero de enero.

Las muertas
Las víctimas fallecidas por heridas de arma de fuego son: Marisol Romero Ugarte, de 41 años; Rebeca Donaire, de 33, y Norma Patricia Arróliga Jirón, de 19 años.

El comisionado Martín Solórzano, segundo jefe de la Estación Seis de Policía, dijo que tres de los seis detenidos están identificados por víctimas y testigos.

En el mismo hecho sangriento, sin precedentes en la historia reciente de la capital, fue baleado Larry Quintero Castellano, de 17 años, quien, según la Policía, fue quien inició la batalla entre dos grupos delincuenciales de ese vecindario.

Los heridos
En la sangrienta refriega entre el grupo de la “Calle Ocho” y los de “La Ceiba”, quienes tienen viejas rencillas, también fueron impactadas por proyectiles de escopeta, Carolina López Balladares, de 17 años; Milton Hooker Solano, de 21, y los hermanos Carolina y Mauricio Jarquín Romero, de 17 y 15 años, respectivamente.

Durante el día se rumoró sobre la muerte de Larry Quintero, quien recibió un impacto de bala en el cuello, pero el comisionado Martín Solórzano lo negó, y aseguró que Quintero permanece en la Sala de Cirugía de Varones del Hospital Alemán Nicaragüense.

Las investigaciones policiales reiteraron que Larry Quintero, habitante de la Calle 8 en Las Américas Dos, vecino de las tres víctimas mortales y de los otros heridos, fue quien inició las hostilidades.

“Las tres muertes se producen cuando los delincuentes de ‘La Ceiba’ estaban obligando a Larry Quintero a que se replegara después que los había atacado”, explicó el comisionado Solórzano”.

En la escena del crimen la Policía encontró varios casquillos de escopeta, agregó el jefe policial.

Víctimas inocentes
Las fallecidas y los heridos, a excepción de Larry Quintero, se convirtieron en víctimas inocentes de los dos grupos calificados como “delincuenciales” por las autoridades.

Al momento de la tragedia, Marisol Romero Ugarte regresaba a su casa luego de brindar el saludo de año nuevo a otra vecina del andén 8 del Grupo “D” de la colonia, cuando fue alcanzada por un impacto de bala en el esternón.

Buscaba proteger a sus hijos
Rebeca Donaire, otras de las víctimas mortales, recibió un impacto de bala en la frente cuando salió de su casa al escuchar las detonaciones.

Donaire, quien descansaba en su cuarto, salió a la calle al escuchar las detonaciones conciente de que sus hijos habían quedado en la acera de la casa, explicó uno de sus familiares.

Mientras tanto, Norma Patricia Arróliga Jirón, sentada en el porche de su casa, fue impactada por una bala perdida cuando amamantaba a su hijo de 20 días.

Aparentemente la bala que segó la vida de Arróliga se introdujo ente las verjas del muro que protege la parte frontal de la casa donde habitaba.

Las tres mujeres aún vivían cuando llegaron las ambulancias de la Cruz Roja y los Bomberos, pero expiraron cuando eran trasladadas al Hospital Alemán Nicaragüense.

Escenas de dolor
La llegada de los tres féretros con varias horas de diferencia, ayer 1 de enero, originó escenas de dolor protagonizadas por los familiares de las víctimas.

“Mamita, ¿por qué me dejaste sola?”, decía con voz ronca y entrecortada doña Josefa Gutiérrez, madre de Marisol Romero.

Mientras, a unos cincos metros, dos adolescentes familiares de Romero lloraban de forma inconsolable por la perdida del ser querido.