Jorge Eduardo Arellano
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Nicaragua puede ser el único país del mundo que siendo pobre se da el lujo de perder un préstamo de 20 millones de dólares en plena crisis financiera internacional. Así ocurrió el 31 de diciembre del recién concluido año 2008, cuando se venció el plazo para que la Asamblea Nacional ratificara la aprobación de un crédito que sería concedido por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

A mediados de diciembre pasado la representante del BID en Nicaragua, Mirna Liévano de Márquez, había advertido que para el desembolso de 20 millones de dólares que habían sido aprobados en crédito al país requerían de la confirmación del Poder Legislativo, a pesar de haber sido autorizados al Poder Ejecutivo mediante la firma de un acuerdo en septiembre pasado.

Liévano fue clara al decir entonces que de no aprobarse los préstamos en el año 2008, se perderían, y el préstamo quedaría pendiente para 2009, pero impediría a Nicaragua obtener otro crédito para apoyo presupuestario antes del año 2010.

Herencia del fraude
El 31 de diciembre pasado, tras más de 60 días de parálisis de trabajo en la Asamblea Nacional, el plazo para aprobar el crédito expiró con el Año Viejo. Los diputados se encuentran divididos entre opositores y oficialistas, y han paralizado las labores en torno al debate de aprobar una ley que anule el resultado de las elecciones municipales de noviembre de 2008.

Los diputados de derecha y disidentes del FSLN consideran que las elecciones municipales fueron fraudulentas y merecen ser anuladas. La bancada oficialista rechaza los señalamientos, pero ninguna de las dos tiene mayoría y eso les ha impedido hacer quórum para aprobar las leyes.

De acuerdo con el informe final del presidente de la Asamblea Nacional, más de 109 millones de dólares se encuentran varados en proyectos y préstamos por falta de votos en el Legislativo.

Era casi un “regalo”

El crédito de los 20 millones era a una tasa de interés de 0.25 por ciento, con 40 años de gracia. El dinero era para entregarse bajo la modalidad de apoyo presupuestario y bien podía ser usado en libre disponibilidad por el Ministerio de Hacienda, como ayuda a la gestión fiscal y financiera del país, o como apoyo a proyectos sociales e infraestructura.

Durante la firma del convenio en septiembre de 2008, entre el BID y el Ministerio de Hacienda, el titular de esa institución, Alberto Guevara, había anunciado que si la Asamblea Nacional aprobaba el ingreso de los fondos, el dinero serviría para mejorar la eficiencia y transparencia de la recaudación y el gasto público, “con el fin de contribuir al crecimiento económico y reducción de la pobreza”.


Los 20 millones de dólares perdidos eran parte de un fondo de 80.2 millones concedidos a Nicaragua durante 2008. El año pasado el BID otorgó al país 73,3 millones de dólares, de un total de 93,3 aprobados.

Lo que el año se llevó…
Para el economista Adolfo Acevedo, la aprobación a contra-tiempo del préstamo en los últimos días de diciembre no hubiera tenido ninguna incidencia en la ejecución de proyectos sociales, “porque no hay proyecto que se ejecute en un día o en una semana”.

“El préstamos era para financiamiento interno neto, era para transferencias al Banco Central de Nicaragua, para pago de deudas internas, que es lo que básicamente financia el BID, el apoyo presupuestario es para eso”, dijo, sin embargo reconoció que los fondos hubieran servido al país para mejorar sus reservas financieras y cumplir con los acuerdos con el Fondo Monetario Internacional (FMI).

“Si lo hubiesen aprobado, de todos modos no hubiesen podido ejecutarlo en apoyo social, porque estaban contra el tiempo, así que lo hubieran traslado al BCN en forma de reservas, el destino hubiera sido para acumulación de reserva, pero no se logró y eso sí es delicado, porque en la página del BCN ayer todavía leí que había una falta de 30 millones de dólares en reservas, y la meta era acumular 40, o sea que hay una brecha de aproximadamente 60 millones, y esa brecha es lo que hubiera podido cubrir ese préstamo”, dijo Acevedo.

Según el economista, al perderse el préstamo, el país pierde presupuesto y recursos, y se expone a perder más, “porque al no cumplirse las metas con el FMI se pueden perder los accesos a otros fondos; la meta con el FMI era acumular 40 millones de dólares en reserva, y si se pierden 20, y no llegas a 30, entonces hay riesgos”, señaló.