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El retardo de la primera relación sexual, la prevención del VIH/Sida, reducción del embarazo adolescente y la reducción de la estigmatización hacia quienes conviven con el VIH/Sida son modificaciones de conducta que nuestro actual sistema educativo tiene la capacidad de potenciar según el estudio titulado “El sistema educativo en la prevención del VIH/Sida”.

Impulsado por la organización italiana Terra Nova, en colaboración con el Ministerio de Educación, entre otras instancias civiles, el estudio recientemente presentado planteó el objetivo de analizar el impacto del sistema educativo en la prevención del VIH/Sida, lográndose establecer fuerte influencia en una serie de conductas de la vida sexual adolescente.

Como parte del Proyecto de Lucha contra el VIH, en 5 departamentos del país, en julio de 2008 se inició el estudio con 1 mil 743 adolescentes de 13 a 18 años , los cuales pertenecían a 30 comunidades de 23 municipios. De los jóvenes consultados 3 de cada 4 estudian.

En el caso de la consejería escolar, en 75 centros escolares de los 23 municipios hay servicio de consejería, dando cobertura al 74 por ciento del estudiantado.

Educación y primera experiencia sexual
Así 1 de cada 3 adolescentes tuvo relaciones sexuales, siendo el 77 por ciento menos probable que ocurra en un o una estudiante en comparación a alguien que no estudia.

La muestra reveló que el efecto de la educación y los conocimientos de la vida sexual propician el retardo de las relaciones sexuales, principalmente en las muchachas.

En los lugares donde había consejería escolar el 25% de estudiantes sexualmente activos tuvo relaciones sexuales, en comparación con el 31 por ciento en centros donde no había consejería.

En tanto a las presiones en las relaciones sexuales, los hallazgos sugieren que el sistema educativo no sólo favorece el retardo en el inicio de relaciones sexuales en adolescentes, sino que también tiene efectos en condiciones de espontánea voluntad o “acertividad” de dichas relaciones.

El 59 por ciento de adolescentes tuvo su primera relación sexual por acertividad. Sin embargo, este porcentaje fue mayor en adolescentes que no estudiaban en comparación con los que si lo hacen. Mientras tanto, el 14 por ciento de adolescentes tuvo su primera relación sexual contra su voluntad.

Control de la natalidad
En el caso del uso de condón las cifras no son muy halagadoras. Tan sólo el 23 por ciento dijo usarlo “siempre” en sus relaciones sexuales. En tanto el 21 por ciento dijo que “nunca usa condón”, y lastimosamente el 50 por ciento dijo usarlo sólo ocasionalmente.

El nivel de riesgo se observa en que el 41 por ciento de los muchachos y 59 por ciento de las muchachas dijeron no haber usado condón en su última relación sexual “con alguien que no era su pareja”.

Según los indicadores educativos un o una joven de 13 a 23 años que estudia e identifica lugares de apoyo, tiene el doble de probabilidad de usar el condón en su relación sexual ocasional, en comparación con la juventud que no estudia.

Asimismo, la inclusión educativa acompañada de la identificación de lugares de apoyo es capaz de aumentar la frecuencia de uso de condón en 42 de cada 1 mil jóvenes sexualmente activos y se necesitaría que 6 se incorporaran al sistema educativo para que al menos uno usara condón en sus relaciones sexuales ocasionales.

Sobre el sistema educativo y la prueba VIH en adolescentes, únicamente el 10 por ciento se realizó el test. Sólo el 13 por ciento de los que tuvieron su primera relación sexual de forma voluntaria se hizo la prueba.

Embarazos
El estudio señala que en el sistema educativo las muchachas sexualmente activas reflejan que el 42 por ciento estuvo embarazada alguna vez. Del total de embarazos 62 por ciento no fueron planificados. De ellas una muchacha sexualmente activa que no estudia tiene casi tres veces la probabilidad de tener algún embarazo no planificado.

En los 23 municipios del Proyecto se estima que unas 3 mil 300 muchachas de 13 a 18 años tuvo algún embarazo no planificado en el transcurso de su vida sexual. De éstas, aproximadamente 900 eran estudiantes.

Según el análisis, por cada 5 muchachas más que estudiaran, se evitaría un embarazo no planificado. Mientras que en los 23 municipios de intervención del proyecto, si todas las muchachas de 13 a 18 años estudiaran, se evitaría el embarazo no planificado en 36 de cada 1 mil muchachas sexualmente activas.

En el caso de la influencia de la educación y el estigma frente al Sida en adolescentes, según los indicadores del sistema educativo el joven que no estudiaba tiene el doble de probabilidad de estigmatizar a las personas con Sida. Así, se estima que por cada 6 adolescentes más que estudiaran, disminuiría en 1 la tendencia a estigmatizar.

El análisis especifica que el sistema educativo actual tiene la capacidad de favorecer el retardo en el inicio de las relaciones sexuales, principalmente en las muchachas; además se reducen las probabilidades de un embarazo no planificado y hay una menor tendencia a estigmatizar a las personas con Sida.

Además de Terra Nova y el Ministerio de Educación, el estudio también fue impulsado por GVC, Fundación Xochiquetzal, Centro de Investigaciones y Estudios de la Salud, Unión Europea y Ciets.