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Una de las novedades más sorprendentes que viví a finales de 2008 fue recibir de manos de su autor, Dexter Hooker Kain, el libro “¿La Costa Atlántica es parte de Nicaragua?”

Dexter Hooker Kain es un costeño auténtico que se destacó en la lucha de liberación con el seudónimo de Comandante Abel, a quien conocí en Bluefields entre 1986 y 1987, en los años más duros de la guerra.

“¡Qué jodido!”, pensé cuando hojeé por primera vez el libro de más de 200 páginas, “¿con qué cosa vendrá ahora este brother?” Es justo destacar que a Dexter siempre lo consideré un hombre muy sincero, que dice las cosas como las siente, sin tapujos, quizá de una manera temeraria, pero seguro de lo que dice y muy seguro de su verdad.

El gusanito de la curiosidad me picó y empecé a leer sin tener la mínima idea de la “joya” que me iba a encontrar entre sus páginas. Está escrito en primera persona, como el testimonio vivo de alguien a quien le tocó la suerte --o la desgracia-- de ser uno de los grandes protagonistas de la participación de los costeños en la lucha contra la dictadura somocista.

Lo mejor del libro es que está escrito para toda clase de lectores. Les aseguro que no se van a aburrir, porque no se trata de un panfleto propagandístico. Es un relato sencillo, sin alardes literarios, pero lleno de vivencias heroicas, tristes y hasta divertidas, donde en determinado momento el autor tiene la capacidad de cautivar al lector, como en mi caso, para leer todo el libro de una sola tirada.

Como conozco al autor, puedo asegurar que el objetivo de Dexter con la impresión de este libro es poner los puntos sobre las “íes” en torno del eterno problema de la Costa Atlántica, marginada por todos los gobiernos. No es una obra separatista ni nada por el estilo, porque Abel confiesa que es de los costeños que sueñan con el surgir de esa región del país, convencido de que el camino legal y político existe y se llama Autonomía.


De héroe a villano
Abel inicia el libro remontándose a 1977, cuando estudiar en Nicaragua era sinónimo de “subversión”, y relata cómo se involucró en la lucha antisomocista, al extremo de que en San José sostuvo reuniones de trabajo con altos dirigentes del FSLN de la tendencia proletaria.

Dexter, con una habilidad envidiable, describe cada episodio de la lucha con riquísimos detalles que impiden dudar de la veracidad del testimonio. Narra cómo se las ingenió para planificar y ejecutar el asalto a Pescanica, la mayor audacia guerrillera en la parte sur de la Costa Atlántica; el viaje que realizó con todos los rehenes a El Rama; el regreso a Bluefields, y la manera como se rindió ante sus hombres el general Guerrero, jefe de la Guardia Nacional en la zona.

Refleja la anarquía que se vivió en la Costa durante los primeros días de la derrota de Somoza, los grandes esfuerzos que se hicieron para mantener el orden, la posición arrogante que mantuvieron muchos cuadros del FSLN enviados a la zona --que generalmente fueron trasladados por castigo--, las acusaciones de que el operativo a Pescanica fue un asalto común, la forma en que lo relegaron y muchísimas cosas con las que tuvo que lidiar para que se respetara a los pobladores de la Costa Atlántica.

El hombre pasó de héroe a villano. De acuerdo con el testimonio, Abel dejó de ser “confiable” para los “súper revolucionarios” que llegaron del Pacífico, y hasta pasó varios días preso, después de hacer un “encave” que él mismo narra con detalles, pero que sirvió para que quienes lo adversaban le pasaran la cuenta.


El gran mensaje
En el libro, Dexter siempre hace hincapié en la necesidad del desarrollo de la Costa Atlántica, pero de un desarrollo auténtico, verdadero, sin demagogia, producto del cual los costeños puedan disfrutar de sus recursos y desarrollar a su población mediante el apoyo de cualquier gobierno de turno, y, reitero, es de los convencidos de que la Ley de Autonomía brinda esa oportunidad, y de que lo que hace falta es voluntad política para ejecutarla.

El autor asegura que todos los personajes del libro y los lugares descritos son reales. Vale la pena leerlo. Bien por la Costa Atlántica, bien por Abel. ¡Salud, Dexter!