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De Jalapa, Nandaime, Boaco, Managua, Río San Juan y de otros lugares del territorio nacional, son originarias las miles de personas que en estos primeros días del año están abandonando su patria para ir en busca de un mejor futuro --para ellos y los familiares que dejaron a cientos de kilómetros--, ya que en este país no encontraron una forma digna de subsistir.

A sus 42 años, Sandra, procedente de Chichigalpa, trata de sumarse a los más de 15 mil compatriotas que han cruzado la frontera sur de Peñas Blancas en estos últimos días. Ella vive en Costa Rica desde hace cuatro años, cuando se marchó y tuvo que dejar a su tierna bajo el cuidado de su mamá.

Hace dos años mandó a traerla, y desde entonces viaja todas las navidades a Nicaragua para reunirse con su madre y hermanas. Sandra llegó a las nueve de la mañana al Consulado tico, junto a su pequeña hija de ocho años, para revalidar su pase de salida. Tras cinco horas de espera salió con su documento en regla, su hija, y dos bolsos directo a Tica Bus, donde iniciará su viaje de regreso al país que la ha adoptado.

Ésta es una historia que con muy pocas variantes se repite en muchas personas. Dejan a sus familias para buscar al otro lado de la frontera un trabajo mejor remunerado. Luego, si pueden, mandan a traer poco a poco a sus seres queridos, y de vez en cuando vienen a visitar a los que aún quedan aquí.

Alvaro, de 17 años, no tuvo la misma suerte de Sandra, y tendrá que regresar mañana porque le dijeron que le faltaba un documento. De nada le sirvió hacer la fila y aguantar el bochorno provocado por el gentío y el sol. Pero de todos modos, mañana estará ahí mismo, desde tempranas horas, para ver si no tiene que esperar tanto.