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En un artículo publicado en el diario peruano La Primera, el embajador de Nicaragua en ese país, Tomás Borge, consideró que la reciente derrota del presidente de Venezuela, Hugo Chávez, “es un revés político para el movimiento revolucionario en su conjunto”.

Al respecto, también hizo una crítica muy sutil a los venezolanos para que finalmente el fracaso pueda ser considerado como un “avance”. Esto sería posible, cuando “al otro lado del bosque”, “la reflexión y la prudencia ilumine a los revolucionarios venezolanos”.

Borge, quien también es representante diplomático en Bolivia, hace un paralelismo entre la derrota electoral del FSLN y la entrega del poder en 1990, y lo que aconteció en el país sudamericano durante el referéndum.

Un común denominador que ve el diplomático en ambos fracasos electorales, es “la ferocidad de una propaganda sádica”, ejecutada por los Estados Unidos y sus aliados locales.

Subraya, los “errores cometidos --entre los cuales destacó la arrogancia y la subestimación de las consecuencias de nuestras debilidades--“, sin embargo, dice que esas actitudes durante el gobierno del Frente Sandinista son “insuficientes para explicar nuestra derrota. El elemento fundamental fue la agresión organizada por los Estados Unidos”.


“Las elecciones y los perros”

Borge señala que volvieron al poder en “elecciones empañadas por la calumnia, mordidos por perros adiestrados en las escuelas de una contrarrevolución implacable, y según voceros del gobierno yanqui, seguimos siendo, dictatoriales, terroristas, hijos de mala madre”.

En Venezuela ocurrió algo parecido, aunque con la ventaja de mantener intacto el poder, destaca uno de los dos únicos miembros de la antigua Dirección Nacional que acompañan al presidente Ortega en su segundo mandato.

“Más que una campaña, la derecha hizo una invitación al escalofrío, a la amnesia y a la deslealtad, dice Borge, acudiendo a su conocida prosa que durante sus años al frente del Ministerio del Interior se le publicaba en suplementos culturales.

“Las críticas estuvieron marcadas por el odio. Si Hugo pretendía consultar al pueblo por una elección continua fue con el ánimo de la reafirmación de un derecho. No trató de imponerse, sino de consultar”, escribió.


“Los larguísimos poderes”

Aunque cita a algunos estadistas que no pretendieron cambiar las reglas del juego en sus respectivos países, Borge expone que “con el mismo derecho prolongaron su mandato por muchos años Margaret Thatcher, Felipe González, Francois Mitterand y Herman Kühl”.

“Nadie, en este planeta azul, criticó estos larguísimo poderes”, cuestionó.

“Algunos fariseos continuarán rodeando de masas oscuras al gobierno bolivariano y como relámpago --para reforzar la oscuridad-–, reconocerán con frialdad, el gesto democrático del presidente bolivariano”.

El embajador advierte: “Yo no tengo ninguna duda: se repetirá lo mismo de Nicaragua. Seguirán acusando con sus dedos mugrientos a Chávez de dictador, de fraudulento, de hombre de las cavernas. Serán implacables. Sobre todo ahora, estimulados por esa extraña, pírrica e inoportuna victoria electoral”.

Borge confiesa su tristeza: “Yo, para nada estoy alegre. Más bien preocupado. Lo ocurrido es un revés político para el movimiento revolucionario en su conjunto”.

Con todo, dice que no es la hora para “asustarnos”. “Por el contrario: tengo la convicción de que tal vez será --al otro lado del bosque, cuando la reflexión y la prudencia iluminen a los revolucionarios venezolanos-- un avance con las botas de 7 leguas de Hugo Chávez, el hombre sensible, pero con nervios de metal, sensible y con un alto sentido del honor.

“Un ser humano con esa ética es invulnerable al fracaso, a la depresión y a la fatiga. Tengo la certidumbre de que la revolución bolivariana se apresta para nuevas victorias”, aseguró.