Jorge Eduardo Arellano
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Dormir bien también contribuye a prevenir los resfriados. Una persona que duerma menos de siete horas y se expone al virus del catarro más común, el rhinovirus, tiene el triple de posibilidades de acabar enfermando, según los resultados de un estudio realizado por investigadores de la Universidad Carnegie Mellon, del hospital de Pittsburg y de la Universidad de Virginia, de Estados Unidos, publicado en Archives of Internal Medicine, de JAMA.

Durante dos semanas, los investigadores recogieron datos sobre la calidad del sueño de 153 adultos con una edad media de 37 años. Además de registrar el número de horas que durmieron, se les realizaron tests para valorar si habían dormido bien, es decir si las horas de sueño habían sido realmente eficientes.

A continuación, con el fin de observar su resistencia al catarro, los expusieron al rhinovirus. Cinco días más tarde, registraron datos sobre la aparición de síntomas relacionados con el catarro y muestras de mucosidad nasal. Al cabo de 28 días, se recogió una muestra de sangre para analizar su respuesta inmunitaria ante la presencia del virus.

Los individuos que durmieron menos manifestaron tres veces más los síntomas del resfriado (inflamación de las vías respiratorias superiores: nariz, garganta, tráquea, laringe y oído).

También enfermaron más quienes, pese a dormir durante las siete horas recomendadas, no habían tenido buena calidad del sueño.

Deficiencias del sueño
Los investigadores concluyen que cuando no se aprovechan las horas de sueño se acaban alterando las bases moleculares de la inflamación. ‘Cuando examinamos de forma separada los componentes clínicos de la enfermedad (la infección y los síntomas), vimos que la eficiencia del sueño estaba más asociada con los síntomas que con la infección en sí misma’, afirman los autores. ‘Una posible explicación es que la alteración influye en la regulación de las citoquinas, las histaminas y otros mediadores de la inflamación que intervienen en la infección’, añaden.

Otros estudios muestran que la falta de sueño también altera el sistema inmune y, por lo tanto, la posibilidad de que el organismo se defienda ante los agentes patógenos. Romper el ciclo sueño-vigilia reduce la respuesta del sistema inmune al disminuir la producción de linfocitos T asesinos e incrementar la circulación de células proinflamatorias. Asimismo, el riesgo de problemas cardiovasculares se duplica para quienes duermen alrededor de cinco horas en vez de las siete recomendadas. Dormir en exceso tampoco es beneficioso, pues se asocia a una vida más sedentaria.