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La vida de Gertrudis Leytón siempre fue sacrificada, ya que además de ser enfermera de profesión, su espíritu aventurero la llevó a ser fundadora del Centro de Salud de Asturias, en Jinotega, y colocó la primera piedra del Hospital de Juigalpa, Chontales, en tiempos de guerra.

La artritis que padece desde los 15 años no le importó, con tal de llevar un poco de ayuda a los lugares más inhóspitos del país. Aquella robusta mujer que extendía la mano para ayudar, hoy lo hace para pedir, pues a pesar de trabajar por 30 años en el sistema de salud, no goza de seguro social.

Ingresó a la Escuela de Auxiliares de Enfermería “Yolanda Mayorga”, del Ministerio de Salud, en 1966. “Antes fui esterilizadora quirúrgica, pero miraba la carencia de enfermeras, por eso decidí estudiar esa carrera, tenía apenas 18 años”, relató Leytón.

Atendiendo en zona de guerra
Trabajando en el Hospital “Fernando Vélez Paiz” y en el “Bertha Calderón”, vio la necesidad de enfermeras en las zonas de guerra, y decidió prestar sus servicios, aunque para eso tuviera que exponer su vida.

“En ese tiempo me dijeron que la artritis iba empeorando, me daban unos dolores en las piernas y brazos, tomaba Indometacina y seguía trabajando. La presión era fuerte, casi a diario atendía heridos, y comencé a tener problemas de hipertensión. Me prescribieron calcio, potasio y Enalapril para poder trabajar”, remembró Leytón.

Durante ese tiempo brindó asistencia médica en Mancotal, El Cua, San José de Bocay, Abisinia, Bocaycito, Monterrey, Santa María de Pantasma, y otras comarcas de Jinotega y Matagalpa.

“Fui fundadora del Centro de Salud de Asturias, ya que ninguna quería irse para aquellos lados; junto a otras enfermeras puse la primera piedra del Hospital Militar de Juigalpa, allá por 1987, durante el primer mandato de Daniel Ortega”, relató Leytón.

Pierden expediente en INSS
Debido a lo avanzado de su enfermedad, en 1996 la declararon incapacitada para seguir trabajando, pues se le diagnosticó artrosis de cadera y osteoporosis. Sin embargo, cuando se presentó al Instituto de Seguridad Social le indicaron que no podía jubilarse, pues le faltaban 150 semanas trabajadas.

“Eso para mí fue un shock, ya que comencé a trabajar en 1966 y me incapacitaron en 1996, di 30 años de mi vida al Minsa. Luego me dijeron que habían perdido mi expediente, que es el 350375. Lo único que me dieron al final fue una silla de ruedas que ya no me sirve”, dijo con lágrimas en el rostro.

Vive posando
Gertrudis Leytón quedó viuda desde hace tres años, y desde entonces vive posando en El Bosque, una comarca de Posoltega. Debido a su enfermedad, se traslada con dificultad en muletas, no tiene quien le ayude con sus gastos y hay días en que se acuesta sin comer.

“Mi hija se olvidó de mí, y fue gracias a unos conocidos que tengo donde dormir. Vivo de las limosnas que me dan, y con dificultad me movilizo para buscar el Alendronato de 70 miligramos, para la osteoporosis y la artritis”, dijo la enfermera.

Comentó que el cuarto donde habita no tiene agua potable ni luz eléctrica. “Me quebré la mano en estos días y el dolor es insoportable. Sólo pido que revisen mi caso en el Ministerio de Salud y el Seguro Social, para poder tener una vejez digna”, dijo la veterana y olvidada enfermera.