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WASHINGTON/AFP
Más de dos millones de personas, de las más variopintas procedencias étnicas y sociales, desbordaron el martes las calles de Washington para ver la juramentación de Barack Obama, en quien depositan su confianza, pero también le exigen grandes cambios en Estados Unidos.

Las millones de gargantas reunidas en el Mall, gran explanada frente al Capitolio, dejaron salir gritos al unísono poco después del mediodía, cuando Obama fue investido como el primer presidente negro estadounidense.

Frente a la Casa Blanca, nueva residencia de la familia Obama, miles de personas privilegiadas sentadas en gradas, se sentían felices, a pesar de no haber podido presenciar en vivo la juramentación.

"Estamos sentados frente a la tribuna de Barack Obama, nuestro presidente. ¿Qué más podemos pedir?", indicó Margaret Owens-Collins, una mujer negra de 60 años, quien llegó a Washington desde Delaware (este).

Desde esa tribuna, Obama observó el desfile que en la tarde del martes marchó desde el Capitolio hasta la Casa Blanca.


¿El próximo latino?
"Le dije a mi esposa cuando ganó Barack Obama: el próximo será de origen latino", dijo a la AFP el venezolano Gonzalo Segovia, quien marchó acompañado de su esposa Michelle y de su hijo Keith hacia el Capitolio, antes de la juramentación.

"Y (mi esposa) me respondió: 'Me parece que tienes razón'", narró Segovia, quien vive desde hace diez años en Estados Unidos, donde se casó y tuvo a su hijo.

Los tres ondeaban orgullosos las banderas estadounidenses que compraron para la ocasión, junto a los numerosos botones adheridos a sus ropas que demostraban su apoyo a Obama.

"Es una enorme responsabilidad para Obama, ser el primero que es tan diferente, si hace algo mal, todos le van a caer encima (...) pero si lo hace bien, enseñará a los estadounidenses una lección de diversidad, y eso puede dar pie a que se abra más la sociedad", dice esperanzado el venezolano.

Desde tempranas horas de la mañana, miles de personas se ubicaron en los bordes de las calles por donde pasaría el desfile.


Los cubanos
Joe Marques, cubano-estadounidense de 25 años, que viajó desde Florida con un grupo de amigos para ver la investidura, buscó un sitio para mostrar su pancarta que dice: "Cubanos con Barack".

"Él va a cambiar las cosas con Cuba, Obama puede marcar realmente la diferencia, no como Bush", señaló Marques, quien depositó su confianza en el nuevo mandatario para que modifique la relación conflictiva que desde hace medio siglo mantiene Washington con La Habana.

Algunos se mostraron más cautos. Pedro Gutiérrez, abogado mexicano de 33 años, residente en Washington, dijo que espera "mucho" de Obama, pero luego de pensar unos segundos remató: "A lo mejor demasiado".

Gutiérrez intentó traspasar un control para llegar hasta el Mall, pero una persona de seguridad advirtió que se había alcanzado la máxima capacidad por esa zona y cerró el acceso.

Los afortunados que consiguieron llegar al Mall fueron testigos de excepción del acto en el Capitolio, que se inició con un programa musical variado que incluyó a Aretha Franklin, al violinista Itzhak Perlman con el celista Yo-Yo Ma y la pianista venezolana Gabriela Montero, junto al compositor John Williams.


El almuerzo Lincoln
El punto central llegó con la juramentación de Obama y su primer discurso como presidente. Luego, el mandatario y su vicepresidente, Joe Biden, participaron en un almuerzo con un menú compuesto por los platos favoritos del héroe político de Obama, el presidente Abraham Lincoln.

Millones de personas alrededor del mundo siguieron las incidencias en las pantallas de televisión.

"Esperamos mejores cosas de Obama para el mundo, mejores relaciones, él puede ser un verdadero líder. Mañana retornaré a casa feliz y llena de esperanzas", dijo Jacqueline Stoff, estudiante francesa de 21 años, quien postergó su regreso de unas vacaciones en Washington para ver la investidura.