•  |
  •  |
  • END

En Masaya, la confluencia de tres caminos, de cuyos orígenes únicamente nos podrían relatar los siglos, son el vestigio de primitivas comunidades que habitaron, transitaron esas rutas y que con sus huellas, heredaron a sus sucesores accidentes viales raros, pero seguros.

La mayoría de calles, callejones, pasajes, plazas, tiangues, templos y parques de Masaya, conservan el sello ancestral. Las principales vías son angostas, y, en general, salvo algunas, son cortas, ya que la planicie de la primitiva ciudad tenía limitaciones naturales. En un proceso de desarrollo de los últimos cuarenta años, obstáculos salvables en períodos de expansión, construyeron pistas modernas. La urbe se podía extender hacia el noroeste y noreste, limitadamente, también hacia el este. Pero, la laguna es limitante y la zona de Monimbó, era imposible expandirla.

Entre comunidades de las iglesias San Jerónimo y San Juan, se encuentra el fenómeno vial que el pueblo bautizó como Siete Esquinas. Originalmente ese cruce lo formaron desde época indeterminada, por la necesidad de tránsito de los habitantes de Monimbó y Nindirí, establecieron el camino que cruzó con el anterior. Viajeros procedentes del noreste y este de la zona, posiblemente de más allá, al parecer acarreando agua, pescando y recolectando alimentos de la laguna, necesariamente surcaron esos caminos, bifurcaron otros atajos, dando la configuración de sus destinos, al fenómeno vial tema de este trabajo.

Es indiscutible que aquellas áreas eran selváticas, y que en esa confluencia de arroyos en épocas invernales también surcaron torrentes hacia el desfiladero. Un espectáculo de plenilunio en verano, cielo surcado sólo por aves, oxígeno puro, con sus mitos la laguna de agua potable y cristalina. Los volcanes Masaya y Santiago humeantes, con la montaña y su historia.

Atraídos por esa rareza de la sociedad y de la topografía de las Siete Esquinas de Masaya, conversamos con personas que residen en esas esquinas desde que nacieron, como doña Rosa Emilia Moritoy López, quien vino al mundo un día de 1928. Nos relató que sus abuelos adquirieron dos esquinas en un tiempo que eran “solares montañosos.” Su padre, don José Antonio Moritoy, lo recibió como regalo de boda, donado por su tía Rosa Aura López.


Detalles de las esquinas
Quienes visitan Masaya y acceden por el bulevar de La Barranca, doblando hacia la derecha, pasarán por los cementerios, y al llegar a las Siete Esquinas, a su diestra, podemos nominar la esquina número uno, ocupada por familia Balitán, apodados “Diablos.” Esa propiedad inicialmente perteneció a don Ramón López, después a Emperatriz López. Familiares maternos de nuestra entrevistada.

En el tramo siguiente existen las esquinas dos y tres. En ese ángulo, viven en el dos, la familia Zepeda. El primer dueño fue don Alberto Barrios, después pasó a Arturo Ortega (esa familia es pariente del recordado Dr. Nicolás Arrieta Sánchez). En la esquina tres reside la familia de don José Mejía.

La esquina cuatro la ocupa la familia Flores, descendientes de don Segundo Flores, quien fue fundador del lugar. El ángulo cinco es propiedad del hogar de Rosa Emilia Moritoy, nuestra entrevistada.

Don Agustín Lacayo fue propietario original de esquina seis. Se la compró don Leopoldo Díaz “Polo,” habiendo heredado a su familia. Cerrando el circuito, el ángulo siete lo han ocupado varias familias, se recuerda a don Pedro Joaquín Zepeda, y la ocupante actual es Rosalía Rodríguez.

De esas esquinas fenomenales se puede continuar hacia el Parque César y hacia la Basílica de Nuestra Señora de La Asunción, viajar a cualquier sitio de la ciudad, o continuar vía “Calle Real” al Memorial Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, pasar Monimbó, hacia Catarina, y salir a otros departamentos. De Siete Esquinas pueden acceder al barrio San Juan. Por la otra vía se llega al Estadio “Roberto Clemente” y al Malecón, al frente están los volcanes Santiago y Masaya; al pie del acantilado la Laguna Masaya. Por otra calle puede pasar a la iglesia San Jerónimo y a otros sitios de la “Ciudad de las Flores.”

Calles, callejones y atajos de Masaya original, la ciudad aborigen y colonial; la urbe posterior hasta el presente, conservan, representan la fisonomía que imprimió la huella de generaciones, tanto de nativos como de hispanos, ladinos y extraños. Veredas milenarias, caminos, calles ancestrales, vías, testimonios de nuestro origen e Historia. Las Siete Esquinas son únicas en Masaya. Quizás en otra ciudad de Nicaragua exista otra formación vial urbana que supere o iguale al cruce de tres caminos que dieron origen a multiesquinas.

Siete Esquinas son una parte de nuestra Masaya, primitiva y actual. La “Ciudad de las Flores” (cantada por la poetisa española Emilia Serrano: Baronesa de Wilson.) Emporio laboral rural y urbano. Cuna de personalidades talentosas. Germinal de artistas. Escenario de acontecimientos patrióticos. La tierra de venados es alborada musical que con amor y optimismo, revive su cultura milenaria y multiplica ese pueblo estoico. Hospitalario. Con sus mitos, leyendas y costumbres, Masaya es perenne sinfonía de alegría, de paz y aurora de la Vida.