José María Centeno
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NUEVA GUINEA

El cadáver de Miguel Ángel Arteta Montoya, fallecido en Costa Rica durante el terremoto ocurrido el pasado 8 de enero, fue recibido en esta ciudad por sus familiares, quienes procedieron a brindarle el último adiós antes de sepultarlo.

Miguel Ángel, de 42 años, era originario de Nueva Guinea y se había trasladado hasta el país del sur con el fin de ganar un poco de dinero para fortalecer su negocio y vivir mejor con su familia, una vez que regresara a Nicaragua, pero nunca imaginó que sus sueños se frustrarían con la sorpresa de un terremoto, que le privó la vida de forma trágica.

Según sus familiares, en Costa Rica se dedicaba a la venta de artesanías en el centro turístico La Catarata, en Vara Blanca, uno de los lugares mas azotados por el terremoto. Al momento de su muerte, tenía ocho años de estar en el país del sur, junto a su esposa, Juana Emilia Rocha López.

La esposa de la víctima expresó que al momento del temblor, el marido había salido al parqueo a ver el carro y ella quedó dentro de la casa, donde tenían el negocio.

En ese instante ocurrió el temblor, todo se fue al suelo, la tierra se abrió por todos lados y ella quedó prensada entre la tierra que se abrió y la casa que se cayó.

A pesar de quedar atrapada, ella quedó con vida, y gritaba a su marido que la fuera a rescatar, pero éste nunca apareció.

Fue hasta las dos de la tarde del día siguiente que aparecieron varios rescatistas y la sacaron de donde estaba, pero no sabía nada de su marido ni de sus hijos.

Más tarde le informan que su marido no aparecía, pero que había varios cuerpos rescatados sin vida. Posteriormente se dio cuenta de que una de las víctimas era Miguel Ángel.

El hoy occiso fue uno de los mejores jugadores del equipo de béisbol de Nueva Guinea, fue líder de bateo, logró escalar en la liga mayor “A” y en la primera división jugó con el equipo Los Toros de Chontales.

Entre lágrimas y rostros tristes por la muerte de Arteta, unas 5 mil personas, entre familiares y amistades, acompañaron el féretro hasta su última morada en el cementerio La Gongolona de esta localidad.