Rafael Lara
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Que el gobierno renegocie los Certificados Negociables de Inversión, Cenis, y que se cree una ley para bajar los onerosos intereses de las tarjetas de crédito, fue la petición de Omar Cabezas, Procurador de Derechos Humanos, quien en conferencia de prensa culpabilizó de la crisis económica a la banca internacional.


“Si el gobierno va a apretar los cinturones que nos apriete a todos, no sólo a los más pobres. Se redujeron los presupuestos de Salud y Educación, pero sería inmoral que ellos --los banqueros-- no se tomen en cuenta y no aporten a solventar esta crisis”, expresó, refiriéndose al intocable pago de la deuda interna contraída con los banqueros, luego de las quiebras bancarias ocurridas principalmente en el período 2000-2001.


Cabezas dijo que si se quiere sacar adelante al país, todos debemos poner nuestra cuota, no sólo las instituciones del Estado y la población, que sufrirá una baja en la atención en salud y educación.


“Debería salir de los mismos banqueros esta iniciativa, ya sea que la condonen o que se negocie una moratoria que dé un respiro al gobierno, y ese dinero se destine a Salud y a Educación. El problema es que el mejor director del Consejo Superior de la Empresa Privada es el que los ayuda a obtener más dinero y no el que les crea conciencia social”, señaló el procurador de derechos humanos. Por eso ruego a la Administración del presidente Ortega que tome un paquete de medidas”.


Comentó que Nicaragua tiene un descontrol de precios y ganancias, por lo que las empresas están acostumbradas a obtener altos beneficios con el sacrificio de la población.


Así, comparó los intereses bancarios, que a nivel internacional son de alrededor del 4 por ciento, sin embargo, en nuestro país el mínimo es del 8 por ciento, en el caso de Caruna, pero los bancos pueden exigir entre el 15 y 20 por ciento.

Las tres divinas personas

Por otra parte, culpó de la crisis internacional a la banca de Estados Unidos y la hizo única responsable de la baja presupuestaria en Salud y Educación, sin mencionar los derroches de fondos públicos para la propaganda partidaria y del culto al mandatario Daniel Ortega, cuyo despliegue de megacarteles se observa por toda la capital, donde se destaca la trilogía: Daniel, pueblo y Dios, queriéndonos hacer creer que son la misma cosa.


También omitió referirse a los rezadores de las rotondas, a la decisión de mantener los árboles de Navidad encendidos durante un tiempo indefinido, ni a los derroches en las megatarimas de la pareja presidencial, donde encajan toneladas de flores, agua embotellada de marca exclusiva y hasta aires acondicionados.