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La polémica por el perdón del papa Ratzinger a los cuatro obispos lefebvrianos crece. El martes, Día de la Memoria del Holocausto, era casi un milagro encontrar reflexiones favorables a la decisión en los principales medios italianos. El diario vaticano, L’Osservatore Romano, trató de justificar lo que casi nadie se explica y contraatacó definiendo como ‘precipitados e injustos’ los ataques.

La Santa Sede hizo pública por la tarde una carta del superior lefebvriano, Bernard Fellay, enviada al Papa, en la que pide perdón, a él y ‘a todos los hombres de buena voluntad’, por las afirmaciones de Williamson. Fellay asegura sentir ‘profunda tristeza y dolor por las consecuencias dramáticas’ de esas palabras, y explica que ha prohibido ‘hasta nueva orden toda toma de posición pública sobre cuestiones políticas o históricas’.

A esa hora, el vídeo de la entrevista de Williamson en una televisión sueca circulaba por las webs y aumentaba el estupor: ‘No existieron las cámaras de gas’, afirma el prelado en clarísimo inglés. ‘No hay pruebas históricas de que murieran seis millones de judíos bajo el Gobierno de Hitler’.

La Iglesia italiana hizo malabares para defender al Papa y satisfacer a la vez a Renzo Gattegna, presidente de la Unión de Comunidades Judías italianas, quien pidió una posición ‘neta’ ante la ‘infamia’.

Levantó excomuniones

Benedicto XVI había revocado la excomunión a cuatro obispos consagrados en 1988 por el prelado cismático Marcel Lefebvre, ya fallecido. Entre ellos está el británico Richard Williamson, quien declaró en una entrevista retransmitida esta semana por una cadena de televisión sueca, que ‘creía’ que en la Alemania nazi ‘no existieron las cámaras de gas’, y que sólo unos 300,000 ‘y no seis millones’ murieron en los campos de concentración, aunque ‘ninguno gaseado’.

El Papa anuló esa sanción también al obispo español Alfonso de Gallareta, al suizo Bernard Fellay y al francés Tissier de Mallerais.

El levantamiento de la excomunión, calificado por el portavoz vaticano Federico Lombardi de ‘importante paso’ hacia la plena unidad de la Iglesia, ya ha desatado las duras reacciones de las comunidades judías. En opinión de varios representantes religiosos, ‘se trata de un paso que contamina la Iglesia en su totalidad’, como dejó claro el rabino estadounidense David Rosen, quien en las últimas semanas ha trabajado por allanar el camino a una visita oficial del Pontífice a Israel.

Difícil diálogo católico-judaico

‘Ha habido superficialidad, al menos es lo que quiero esperar, que muestra unas graves carencias en el funcionamiento interno del Vaticano’, afirmó Rosen en unas declaraciones recogidas por el diario italiano La Repubblica. El principal rabino de Roma, Riccardo di Segni, no ocultó que estaba ‘aturdido por tal espanto de negación [del Holocausto], que es aún más grave proviniendo de un obispo’. Según Di Segni, la readmisión de Williamson en la Iglesia abriría una ‘profunda herida en el diálogo con el judaísmo’.

Sin embargo, de momento, la postura del Vaticano se mantiene firme. ‘Los lefebvrianos viven en plena comunión con la Santa Sede’, destacó Lombardi, añadiendo, por otro lado, en referencia a Williamson, que el levantamiento de la excomunión no significa de forma automática ‘abrazar sus ideas y sus declaraciones, que se deben juzgar por separado’. Un aparte que otros no están dispuestos a pasar por alto.

“Conmoción y consternación”

Elan Steinberg, Vicepresidente de la Congregación Americana de Supervivientes del Holocausto y sus Descendientes, dijo que la posibilidad de que Ratzinger incluya a Williamson de nuevo en la corriente principal de la Iglesia ‘ha sido recibida con conmoción y consternación’. ‘Para los judíos y todas las personas que sintieron el dolor de los terribles años de la Shoah [palabra hebrea utilizada para referirse al Holocausto), este paso representa un peligroso golpe al diálogo interreligioso y alienta la transmisión del odio en todas partes’, declaró a la agencia Reuters.

Al final de la entrevista en la televisión sueca, Williamson, nacido en 1940 en Reino Unido, en el seno de una familia anglicana, admitió que era consciente de que podría acabar en la cárcel por sus declaraciones y por su negación del Holocausto.