Lizbeth García
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A diferencia de lo que está ocurriendo en Granada, donde varios violadores han quedado en libertad, en Managua los jueces están aplicando condenas ejemplares, tal como la que dictó el Juez Séptimo Penal de Juicio, Octavio Ernesto Rothschuh, quien condenó a 52 años de prisión a un pastor evangélico acusado de haber violado y abusado de cuatro de sus feligresas.

El juez explicó que aunque condenó a Roberto Gregorio Picado a 52 años de prisión, por norma constitucional sólo deberá cumplir treinta años, que es la pena máxima establecida por la legislación nicaragüense.

Destacó el judicial que ésta es la primera vez que impone una condena tan severa, porque todos los hechos acusados son distintos entre sí y no guardan relación entre cada uno, lo que en derecho se llama un “concurso real de delitos”, por lo que correspondía sentenciar al acusado por cada uno de los ilícitos en los que incurrió.

La sentencia

En su sentencia, el juez Rothschuh explica que la culpabilidad del imputado quedó demostrada con las declaraciones de las víctimas, de los forenses que las valoraron, y con la declaración de la investigadora policial.

Por abuso sexual en perjuicio de dos menores, el juez le impuso a Picado, quien tiene 52 años, 24 años de prisión a razón de doce por cada víctima, y por violación le impuso 28 años más a razón de 14 por cada una de las afectadas.

El judicial encontró que en cada uno de los delitos que el inculpado cometió, se aprovechó de la confianza que las víctimas habían depositado en él, en virtud que era “amigo” de los padres de las mismas, a quienes se les presentó como pastor y misionero en la comunidad de El Edén, en Ticuantepe.

Según la acusación, los abusos y violaciones que sufrieron las víctimas fueron reiterados: comenzaron desde marzo de 2007 y terminaron en agosto de 2008. Supuestamente el acusado decía a las perjudicadas --que son hermanas--, que les iba a sacar al Diablo y los gusanos que tenían en el cuerpo, pero “su receta” era que tenían que yacer con él.