•  |
  •  |
  • END

Somoto, Madriz

“Que suelten a ese h de p… que yo lo voy a hacer picadillo”, gritó indignada una mujer somoteña cuando sacaban del complejo judicial de Somoto a Álvaro Flores Sevilla, acusado de matar de dos martillazos en la cabeza a su hija, la adolescente Diana Silvia Guillén, de 16 años.

Tanto a la salida de Flores del Juzgado Penal de Audiencias, donde le fue impuesta la prisión preventiva, como a su regreso al comando policial, hubo mucha tensión.

Para evitar que el hombre acusado de parricidio fuera fácil presa de casi 300 personas que se aglomeraron en la calle de los juzgados, la Policía lo sacó acostado en el asiento trasero de una camioneta roja doble cabina, y le pusieron una gorra de la institución.

Ante el temor de que un enardecido familiar de la joven asesinada hiciera justicia por cuenta propia, la Policía registraba a quien entraba al complejo judicial, y prohibió el transitar de vehículos y el estacionamiento de éstos frente a los juzgados, antes, durante y después de la audiencia.

El crimen, que tiene conmovidos a los somoteños --y que según los lugareños es algo inédito en la historia de esta ciudad--, tiene dividida a la familia materna de Diana Silvia Guillén.

Mientras doña Reina Guillén, tía que cuidó de la joven asesinada desde que tenía seis meses pide castigo para el parricida, otras hijas del victimario y hermanas de la víctima salían en defensa de éste, intercambiando insultos con sus parientes.

Familia dividida

“Ayer era el pobre Álvaro (Flores) ahora le dicen el criminal”, reclamó airada Bielka Flores a su tía y primos, que exigen castigo para su padre acusado de parricidio.

En la acusación presentada por el Ministerio Público, se confirma que Flores dejó un manuscrito en la escena del crimen, afirmando que Diana Guillén es el segundo hijo que asesina.

El otro vástago a quien supuestamente mató en circunstancias aún desconocidas, lo procreó con una enfermera que ahora radica en Managua.

En el escrito acusatorio del Ministerio Público destaca el dictamen médico-legal, donde se confirma que la joven murió a consecuencia de los dos martillazos que le dio su padre en la cabeza, que le causaron trauma craneal severo. El galeno descartó la existencia de abuso sexual.

Según el parte médico, los martillazos que recibió la adolescente en los occipitales, probablemente se los asestaron mientras estaba de espaldas a su victimario.

El juez de audiencia, José Dolores Ubau, además de imponer la prisión preventiva al reo, que durante la audiencia parecía quedarse dormido, delegó en la Defensoría Pública la defensa de éste, porque ningún abogado particular aceptó asumir ese cargo.

El juez Ubau, quien programó la audiencia inicial para el próximo 10 de febrero, explicó en su resolución que sólo imponiendo la prisión preventiva se garantizaba la presencia del reo en el juicio.