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Robert Gutiérrez y Henry Cisneros comparten más que el aula donde reciben clases de flauta los jueves por la mañana: son vecinos de Bello Horizonte, amigos desde la infancia, amantes de la lectura y autistas con cualidades de genio y ternura dibujada en sus rostros.

Quienes piensen que el autismo no tiene cura, podrían preguntárselo a estos dos adolescentes que han luchado juntos, a la par de sus familiares y amigos más cercanos, por vencer este padecimiento... y casi lo han logrado.

Este mal afecta a cuatro niños cada mil nacimientos --según datos del Instituto Nacional de Salud Mental de Estados Unidos--. De esos cuatro afectados, una es mujer, pero en el caso de las niñas, el padecimiento es más severo, como el caso de Hillary Nicole Vásquez, de ocho años que además de autismo presenta retardo mental y epilepsia, incomprensión del lenguaje oral y nulo desarrollo del mismo.

En el caso de los hombres es menos severo, y ellos pueden desarrollar tanto el lenguaje oral como el gestual, e incluso presentar cualidades que destruyen la barrera de lo aceptable común para convertirse en sorprendentes, como los casos de los dos amigos.

Al igual que Hillary, estos dos adolescentes son atendidos por la psicopedagoga María Pastora Morales, quien además de compartir sus sorprendentes logros, también los acompaña en sus alegrías y esfuerzos por superar los obstáculos que a diario se les presentan. “Ambos han superado la etapa inicial de hiperactividad, y se les han descubierto muchas cualidades extraordinarias”, dijo la especialista con el orgullo de ser parte de esos descubrimientos. “Hay que verlos para sorprenderse con sus capacidades”, sugirió Morales emocionada, con esa sonrisa de quien guarda una sorpresa.

Henry…

En la sala de su casa en Bello Horizonte se encontraba Henry Cisneros, viendo la televisión. Es cómoda la estancia, de paredes blancas que sirven de fondo para los cuadros que el adolescente ha pintado con la calidad de un maestro del arte: frutas, naturalezas muertas y otras más.

“Soy Henry Sidar Cisneros”, dice tajante, con la voz grave de quien le ha costado asimilar un idioma nuevo, pero que lo domina por completo. Aprendió a hablar de corrido a los ocho años y acaba de terminar su primaria. El 26 de noviembre fue su graduación. En la foto aparece sonriente con su toga y su birrete azul. Sus ojos negros denotan una alegría profunda que hacen más agradable su rostro.

De las clases, qué se puede decir: 100 en computación, 100 en inglés, pero con ciertos “problemitas” en español y matemáticas, en las que logra un estupendo ¡85! de promedio; se sabe al dedillo todas las reglas de ortografía y tiene una caligrafía admirable, ah..., y si usted le pregunta qué día caerá cualquier fecha que se le ocurra de 2008, él se lo puede decir en cuestión de segundos sin la ayuda de nada más que de su cerebro.

Tiene 16 años. Nació en California, EU, el 29 de marzo de 1991, en un parto difícil y tardado. “El parto de Henry fue dilatado... estuve 12 horas en labor, pero fue natural, lo único es que él se puso un poco amarillo, por lo que estuvo en observación dos días”, relata su mamá, Darling Cisneros, de 42 años.

Su infancia transcurrió similar a la de su hermano mayor, con la salvedad de que no emitía sonido alguno, como se espera de los niños en los primeros años, “pero lo consideré común, pues algunos tardan en hablar”, recuerda su mamá. Henry ya tenía tres años y no hablaba aún, pero eso era lo de menos, una noticia entristeció a Darling. “Una psicóloga me dijo si deseaba que lo valoraran, y yo accedí... después de varios exámenes lo diagnosticaron con autismo, en ese momento pensé que eso era peor que el cáncer, pero después, con más conocimiento del tema, supe que no era así, y ahora me siento feliz con sus logros”, relata ufana y contenta, “hasta me deja asustada a veces con sus cualidades”.

Pasión por las fechas y las palabras

En la casa de Henry no hay calendarios colgados en las paredes, pero sí hay uno muy excepcional. “Si alguien le pregunta que día cae tal fecha, él atina”, comenta entusiasmada su mamá. Tras varios ejercicios, definitivamente Henry prueba que posee esta habilidad casi adivinatoria. Pero sus cualidades no paran con su inteligencia y su amor por las fechas, también es metódico con el orden de las cosas y tiene una ortografía verdaderamente espectacular. Con una revisión meticulosa de corrector, se comprueba que Henry puede dictar clases de ortografía española a cualquier nivel, no hay ningún error en sus palabras. “Le fascina leer diccionarios y corregir a los maestros”, confiesa Darling. “Además pinta a la perfección”, agrega, y muestra tres cuadros muy bien elaborados por el adolescente, “y baila folclore, participa en obras de teatro y toca flauta…”, y la lista de cualidades no parece terminar.

Pero esto último es más singular todavía, pues Henry toca la flauta junto a uno de sus mejores amigos, Robert Gutiérrez, quien vive a pocas cuadras, en una sencilla casa con un pequeño jardín. Él también es autista.

Robert Leiva, alegría singular

Si Henry sorprende con sus habilidades, Robert asombra también: si usted le pregunta a qué país pertenece cualquier ciudad del mundo, él se lo dirá correctamente, y si le hace la pregunta a la inversa, también responderá de forma acertada, pues es un amante de la lectura de enciclopedias, libros de historia y geografía, pero a la par de su afición, posee una cualidad extraordinaria: una retentiva impresionante de todo lo que lee y observa a su alrededor.

Estaba viendo televisión y escuchando música en un cuarto de su casa cuando su mamá, Lorena Leiva, lo llamó. En ese preciso instante entraba su papá, Roberto Gutiérrez; venía del trabajo. Ellos le presentaron a esta desconocida, que con una sonrisa le tendió la mano. “Hola, soy Robert Gutiérrez”, dijo con la sencillez de las palabras de un niño, mientras la miraba con una tierna curiosidad que traspasaba sus lentes.

Es muy alegre y activo, vivaz, llena de agrado su entorno, tiene buena estatura para sus 13 años. Toca flauta con Henry en un grupo de Los Pipitos... y acaba de cursar el quinto grado de primaria en el colegio La Verde Sonrisa… fue el tercer mejor alumno de su sección en promedio escolar. Gutiérrez Leiva también es autista.... y además padece de una lesión motora producto de la falta de oxígeno al nacer. La lista de cualidades apenas comienza, pues cada vez le descubren más singularidades, que llenan de orgullo a sus seres queridos.

Según su mamá, el parto de Robert fue complicado. Nació a través de una cesárea, en el corazón de un 11 de julio de 1994, medio día, días después de su nacimiento Robert sufrió una ictericia a causa de la incompatibilidad en el RH de sus padres. Y, sin embargo, a pesar de que Robert era atendido desde el nacimiento por un pediatra, las señales de autismo fueron descubiertas por la familia hasta los tres años de edad, cuando ella y su esposo, empezaron a notar que el comportamiento de su hijo no era igual que el de sus hijos anteriores. “Al principio creíamos que Robert era un caso más de los niños perezosos o de desarrollo tardío, como suele sucederles a las personas que desconocen de este padecimiento o que simplemente no quieren ver la realidad que tienen ante sus ojos”, dijo su papá.

Luego estuvo bajo la observación de una psicóloga vecina de la familia, quien les confirmó, tras estudios realizados, que el pequeño Robert sí presentaba problemas físicos y psicomotores.

A raíz de eso, Lorena empezó a informarse completamente sobre el padecimiento de su retoño, buscó ayuda con el doctor Sergio Ayerdis, en el Hospital “La Mascota”, dejó su trabajo y se dedicó por completo a los cuidados que Robert demandaba. Ahora ella es una experta en autismo; gracias a su autodidactismo se conoce todas las características, síntomas, tratamientos y cuidados que se requiere en estos casos.

Robert ya lleva ocho años de estar siendo atendido en Los Pipitos y actualmente también esta asistiendo a La Verde Sonrisa, ha aprendido a disertar entre los niños con capacidades normales y los niños discapacitados. También ha desarrollado perfectamente, con la ayuda del equipo interdisciplinario de médicos de Los Pipitos y de su familia, el nivel de sociabilidad y el nivel cognoscitivo.

Para Lorena, el “auto-validismo” en la etapa adolescente es algo que está muy al alcance de Robert, por lo que ella no pierde el interés y la disponibilidad que hasta ahora a mantenido en gran progreso a Robert junto con toda su familia.

Terapia, perseverancia y fundamentalmente amor, son los principales valores que doña Lorena recomienda para que un niño autista pueda desarrollar las habilidades que guarda en su mundo interior. También recomienda que el tiempo que uno pasa junto a ellos debe ser un tiempo de suma calidad, ya que esto ayuda a romper los esquemas de la sociedad.

Le dio un abrazo con verdadero amor a su papá, quien le dijo que lo quería mucho. Robert lo miró y asintió con una sonrisa, que delató el bienestar que siente en su mundo interior.