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Berlín

Lejos de remitir, la polémica por la rehabilitación de Richard Williamson, el obispo que negó el Holocausto y la existencia misma de las cámaras de gas, arrecia en Alemania. Benedicto XVI ha logrado contentar a la canciller Angela Merkel y a diversos representantes de las comunidades judía y católica del país tras exigir públicamente al ultraconservador que se retracte de manera inequívoca -el jueves celebraron la decisión papal-.

Pero no a sus compatriotas. El desbordante entusiasmo que generó su designación para la jefatura de la Iglesia se ha esfumado. Reinan el descontento y la estupefacción.

Los argumentos negacionistas que defendió Williamson en noviembre ante las cámaras de la televisión pública sueca son la misma cantinela que repiten los neonazis desde la derrota de Alemania en la II Guerra Mundial. Cualquier bachiller alemán está preparado para rebatirlos. El artículo 130 del Código Penal castiga su difusión con un máximo de cinco años de cárcel.

El hecho de que el contenido de la entrevista ya se conociera antes de que el Papa firmara la rehabilitación de los lefebvristas el pasado 21 de enero agrava las acusaciones contra la curia de Roma.

Con una suerte de regodeo espeluznado, los medios han comentado las pintorescas y reaccionarias tesis de los lefebvristas respecto a la emancipación de las mujeres, la homosexualidad o el judaísmo.

Desde el conservador y populista Bild, que proclamó un patriótico y pontifical ¡Somos Papa! en su histórica portada del 20 de abril de 2005, hasta el diario liberal de referencia Süddeutsche Zeitung, cuyo editorial del jueves hablaba de la ‘estupidez política’ de la decisión papal, han dedicado una semana de titulares al caso Williamson.

El obnubilado

La última edición del semanario Der Spiegel, que había informado sobre la entrevista a Williamson el 19 de enero, puso esta semana a Benedicto XVI bajo el titular El obnubilado. La inusitada reconvención de la canciller Merkel, que preside la Unión Demócrata Cristina (CDU), culminó la polémica el pasado martes.

En medio de este enorme eco mediático y de informaciones que apuntan a un aumento de las apostasías y de las quejas recogidas por las diócesis alemanas, algunos políticos democristianos y miembros de la Iglesia católica han salido en defensa del Papa. Así, el presidente de la Cámara Baja, Norbert Lammert, critica lo que considera ‘un campeonato de críticas al Papa’.

El democristiano Norbert Blüm, que fue ministro de Trabajo y uno de los damnificados del ascenso de Merkel a la presidencia de su partido, se muestra comprensivo con el Papa y muy crítico con la canciller en una entrevista publicada el jueves.

Otro significado democristiano, Georg Brunnhuber, había hablado de la ‘impresión en el Vaticano de que en Alemania resurgen los sentimientos anticatólicos’ del pasado.

La Iglesia católica alemana contaba en 2007 con más de 25 millones de afiliados e ingresó en ese año 4.657 millones de euros de los impuestos directos que recauda Hacienda.

El gesto conciliatorio de Merkel apunta a que regresará pronto la calma, tanto al seno de su partido como a las relaciones entre el Vaticano y Alemania. Los daños perdurables a la imagen de la Iglesia están aún por evaluar.


Como mucho, una multa
Por otra parte, el obispo Richard Williamson no debe temer la condena a prisión a la que ufanamente dice arriesgarse al final de la entrevista que originó la polémica.

El artículo 130 del Código Penal alemán establece castigos de hasta cinco años de cárcel por negar o banalizar los crímenes nazis. Pero como el ultraconservador carece de antecedentes, si la investigación de la Fiscalía de Ratisbona contra él sigue adelante podrían condenarle a una multa.

En 1994, una decisión del Tribunal Constitucional alemán negó que el artículo 130 vulnere la libertad de expresión, puesto que ‘se trata de afirmaciones cuya falsedad ha quedado demostrada por testigos y pruebas documentales, por numerosas sentencias de tribunales penales y por los resultados de las investigaciones historiográficas’.

Uno de los condenados más célebres fue el ex terrorista de Baader-Meinhof y actual neonazi Horst Mahler.