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Ayer, Javier Guerra no habló, pero lloró. Tras año y medio de espera, el chavalo de 16 años por fin logró un trasplante de riñón, un procedimiento que aparte de requerir un donante implica, de entrada, una inversión que oscila entre los 15 mil y 20 mil dólares en el país.

Guerra, por suerte, tuvo compatibilidad con su mamá Rosa Yolanda Rojas, la mujer que de lunes a viernes lo acompañó, durante cuatro años de su vida, en su tratamiento de hemodiálisis a través del cual le “limpiaban” la sangre de toxinas.

“Mi mujer se iba a Chichigalpa (sitio ubicado en el Occidente del país) los fines de semana, y luego, a la siguiente semana, regresaba a Managua para el tratamiento de Xavier, mi hijo cumiche”, contó el papá de Javier, Manuel Guerra.

“Pasamos días duros… pero estoy agradecido con Dios y con todos: con la Asociación para Niños Nefropáticos y con los médicos de ‘La Mascota’ por el trasplante”, reiteraba don Manuel.

Doña Yolanda hoy podrá ir a su casa, mientras que Xavier pasará tres semanas más en “La Mascota”. La directora de la Unidad de Nefrología, Mabel Sandoval, destacó que el adolescente es parte los 19 “pacientitos” beneficiados en la jornada de trasplante de riñón, que inició el pasado 12 de enero en el centro asistencial descrito.

La médico explicó que los menores beneficiados provienen de todo el país. Aunque la mayoría procede de Occidente. Cada menor, tras la operación, recibirá un tratamiento de por vida que costará al Estado nicaragüense 600 dólares al mes.

Ocho sin donantes

Aunque lo novedoso para el equipo es que esas operaciones por primera vez las realizan médicos nicaragüenses, “lo que nos permitirá hacer más frecuente este tipo de cirugías”, señaló la doctora.

Años atrás, los trasplantes se realizaban en “La Mascota” con apoyo de expertos ticos, pues en el país no había entrenamiento en la técnica.

Sandoval detalló que el equipo que está al mando de las cirugías, está conformado por el especialista Denis Olivares y el cirujano Francisco Escobar. El primero se encarga de extraer el riñón del donante y el segundo tiene como tarea ubicarlo en el paciente.

De acuerdo con la funcionaria, ese procedimiento dura usualmente entre seis y ocho horas. El director de “La Mascota”, Dr. Gerardo Mejía, comentó que con el nuevo equipo la meta es realizar 10 trasplantes al año.

Anualmente, en el hospital se reportan tres mil consultas por problemas de riñón, de las que 800 requieren hospitalización. “A la fecha contabilizamos entre 19 y 20 niños que requieren de un riñón para vivir”, señaló César Delgadillo, de la Asociación para Niños Nefropáticos.

De ese total, ocho menores carecen de un donante, ya que no tienen parientes compatibles o bien no tienen papá, y la mamá no es candidata idónea para el proceso. “Y esa es nuestra lucha: conseguir donantes, equipos y fondos para salvar esas vidas”, apuntó Delgadillo. Aunque está optimista porque ya hay un buen comienzo.