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A pesar de que Nicaragua es el sexto país en América Latina en dedicar porcentualmente más del producto interno bruto (PIB) a la educación superior, es decir, el 1.14%, a juicio del vicepresidente de la Academia de Ciencias de Nicaragua (ACN), Jorge Huete, estos datos siguen sin permitir que el país dé un verdadero salto en la producción científica.

Nicaragua está solo por debajo de naciones como Cuba (4.47%) o Bolivia (1.61%) en cuanto a proporción de dinero público para las universidades, según el Fondo para la Educación de las Naciones Unidas (Unesco).

Entre 2005 y 2014, detalla el Reporte de Ciencia emitido por la Unesco este 2016, nuestro país también incrementó el número de publicaciones científicas de 39 a 54, marcando una tendencia latinoamericana que pasó del 4% a publicar el 5.2% del material científico global, en los últimos 9 años, aunque solo hay 9 de estos estudios por cada millón de habitantes. En cambio, Chile despunta esta estadística en el subcontinente, con 350 por millón. Sin embargo, el país está por encima de sus vecinos El Salvador (7), Guatemala (6) y Honduras (4), pero muy por debajo de Costa Rica (96) en materia de impresos de esta clase.

“Aunque a simple vista podría pensarse que hay una mejoría en las publicaciones científicas de Nicaragua para el periodo estudiado, es insuficiente para una valoración apropiada del asunto. En otros años Nicaragua ha tenido mejor desempeño. Por ejemplo, la Unesco ha reportado que en otros periodos que nuestro país ha llegado a tener cerca de 100 publicaciones anuales, casi el doble del actual. Pienso que sí hay una mejoría, pero que tampoco es algo dramático. Esto se deduce del reporte que muestra otro dato en donde Nicaragua es de los peores de la región en cuanto a la intensidad de publicación muy por debajo de la región, inclusive con datos diez veces inferiores a Costa Rica”, comentó Huete, quien también es vicerrector de la Universidad Centroamericana (UCA). END

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Poco desarrollo

La Unesco también echa una mirada a qué se investiga, y particularmente las llamadas “ciencias de la vida” relacionadas a la medicina y biología representan el mayor número de investigaciones entre 2008 y 2014, con un total de 203 contribuciones.

Desafortunadamente, estos aportes contribuyen muy poco a la economía, por ejemplo, las exportaciones de alta tecnología entre los productos manufacturados de Nicaragua no alcanzan el 1%, mientras Costa Rica concentra el 43.3% en este mismo sector, Guatemala y El Salvador está en el rango del 4 y 5%, revela el Reporte de Ciencia.

“Esto se explica debido al exiguo número de investigadores. Nicaragua, por ejemplo, es uno de los países con menos científicos en Latinoamérica, muy por debajo de nuestra vecina Costa Rica, que supera el promedio latinoamericano con 1,300 investigadores por millón de habitantes.

En el caso de la UCA, la mayo-ría de los científicos profesionales dedican mucho tiempo a la extensión y la docencia, lo que les reduce el número de horas para investigación, dijo Huete.

Otro factor que incide es la falta de financiamiento y poca infraestructura para hacer estudios especializados. No obstante, recuerda, la Unesco ha reconocido que las publicaciones del país son de gran calidad.

¿Qué hacer?

Ante este panorama, indica el vicepresidente de la ACN, Nicaragua, junto a Bolivia y Panamá, son considerados los países de la región con mayor éxodo de científicos hacia el extranjero. “Esto es una situación que tiene que revertirse. Como alternativa la Academia de Ciencias impulsa un programa de atención a la diáspora científica vía colaboraciones internacionales”, añadió.

Otra opción, expresó Huete, es que se debe resolver el problema de fondo, que es el pírrico desempeño educativo de Nicaragua. “La investigación científica necesita basarse primero que todo en un sólido sistema educativo. Inclusive, no puede esperarse que la investigación de alto nivel sea exitosa con los actuales niveles vergonzosos de la primaria en Nicaragua".

"Por otra parte, cualquier logro de la investigación no tendrá nunca ningún significado si no se coloca al servicio del sistema educativo y si no se enlaza con las aplicaciones sociales y el sector productivo. Se trata de cerrar un ciclo de colaboración entre estos sectores, sin lo cual el país no puede avanzar en su desarrollo sostenible”, concluyó el académico.

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