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Todos los años, cada 31 de diciembre a las 12:00 de la medianoche, Cristina Arróliga, una mujer de 43 años, apaga todas las luces de su casa. Solo tres candelas reflejan el momento en el que se toma de la mano con sus hijos y esposo para iniciar una oración de limpieza.

A sus vecinos de la colonia Nicarao les aterra cuando ven que eso pasa. “La gente piensa que es una locura. Pero ese ritual se ha cumplido siempre en nuestra familia. Mi abuela lo hacía, mi mamá antes de morir igual, ahora lo continúo yo. Espero que también mi hija lo haga cuando me toque irme”, confiesa.

A su vez, comenta que esa tradición siempre “nos ha traído suerte, dinero, salud y armonía familiar. Nosotros no hacemos nada anormal”. Ella se levanta, camina, y a su regreso muestra tres candelas: una roja, otra amarilla y una más de color blanco. Al parecer ya está preparada para el ritual de mañana.Héctor Villarreina termina de ponerle el sombrero a uno de los muñecos viejos que vende.

Este tipo de acciones forma parte de los ritos que las personas, en la mayoría de países de Latinoamérica, realizan a la medianoche de cada 31 de diciembre. Lo hacen para olvidar lo ocurrido durante el año viejo y esperar un mejor Año Nuevo. Es un borrón y cuenta nueva.

Al otro extremo de Managua. En el barrio Memorial Sandino, Darwin Guillén comenzó tres días antes del 31 de diciembre a diseñar su muñeco viejo, el cual “representa el ciclo que está por concluir”, comenta. Es el primero que lo hace en su familia, pero su monigote tiene algo peculiar.

Pese que está sentado mirando para el suelo, se nota que el rostro es similar al de Donald Trump —presidente electo de Estados Unidos, pero quien durante su campaña se refirió despectivamente contra los latinos—. Tiene una botella de guaro en la mano. Ni siquiera es whisky. De su boca, entreabierta, sale un puro que parece estar a punto de caer.

“Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia”, expresa Darwin, mientras le ubica a su monigote un letrero de cartulina que dice: ¡Reloj detén tu camino porque mi vida se acabará pronto!. Parece un mal augurio.

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Según Darwin, la costumbre la va empezar hasta mañana, cree que “este año ha sido distinto, hay muchos políticos que merecen un pequeño castigo. Creo que es una forma para que la gente se desahogue, y yo que tengo familiares en los Estados Unidos, seguro que lo haré”.

La quema del monigote es una tradición que mañana se podrá ver a lo largo de Managua, una capital con más de 1.6 millones de habitantes. Algo cierto es que de este año los monigotes no pasarán.

¡Lleve, lleve!

Héctor Villareina tiene 44 años. Desde hace 18, cuando regresó de Guatemala, comenzó a fabricar muñecos viejos. “Al volver, llegué al lugar donde vivía mi novia en el barrio Sutiaba, en León, vi que un señor estaba quemando un muñeco viejo. Pero este era muy aguado y casi no se podía mover”. Fue un momento decisivo en su vida.

“Desde ese día improvisé uno. Luego perfeccioné la técnica con madera, esta es la que actualmente utilizo. Mi técnica le permite estar de pie, sentado, arrodillado, e incluso en cuatro patas se puede ir”, revela mientras le acomoda el sombrero a uno de sus diseños. Actualmente, entre el mes de mayo y diciembre, Villareina realiza más de 500 monigotes para comercializarlos entre 500 y 800 córdobas.

Reyna Duarte, una consejera espiritual, recomienda que las casas deben estar limpias a medianoche, en especial los rincones. “Hay que barrer y sacudir todo. Si es posible es bueno botar las cosas que estén rotas o viejas. Así se alejan los malos espíritus y se asegura un mejor 2017”, sugiere.

“Yo también recomiendo que cuando terminen de sonar las doce campanadas, se tire un vaso con agua a la calle. Esto ayuda a alejar las penas y tristezas. Hacer esto no representa nada maligno, son rituales de limpieza natural”, comenta.

¡A mí no me gusta!

Yadira Gómez, de 39 años, manifiesta que no está de acuerdo en quemar un muñeco viejo. “Creo que no tiene nada de especial hacer eso”, dice. El rito de fin de año de Yadira consiste en pasar por cada rincón de su casa el humo de un incienso que pone encima de una pala. “Esto debe hacerse una hora antes de la medianoche”, cuenta.

Los “viejos” están listos para ser quemados.Aunque también sus vecinos piensan que es brujería, Yadira Gómez asegura que aleja los espíritus que ocasionaron problemas económicos, emocionales y de salud durante el año que recién termina. Ella se levanta por un momento, abre una gaveta de un mueble de madera que permanece en la sala de su casa.

Saca una bolsa transparente y muestra el incienso que va a quemar en la medianoche de mañana. Pero se nota dudosa, dice que no será suficiente, que deberá ir a comprar más.

“El humo yo lo utilizo porque a como él se esfuma, también los problemas se esfumarán. A partir de mis 30 años aprendí a hacer esto, cuando una amiga que vino de Andalucía —una comunidad autónoma de España—me lo enseñó”, puntualiza.

Al contrario de ella, Sandra Durán, de 35 años, comenta que para atraer mejores cosas en el Año Nuevo cumple con tres rituales. En su casa su familia trata de cumplir con al menos dos. La única que no lo hace es su hermana de 20 años, quien es de una religión distinta.

“Yo soy bastante amigable con la naturaleza. Siento que ella es la que te da fortaleza y paz interior, por eso me baño en agua de rosas, me como las 12 uvas por cada campanada y…utilizo ropa íntima de color rojo”, expresa un tanto apenada.

Superstición o no. Cada quien sabrá cómo dará la bienvenida a este 2017. Mientras tanto, coma uvas, póngase el color de ropa que prefiera, apague las luces o queme su monigote.